Arrastrado por la fuerza de las olas, un cuerpo aparece sobre la arena de una solitaria playa. El hombre está recubierto de algas y salitre, hecho que hace constar su larga permanencia en el mar. Pero no está muerto, aún respira, al menos eso pude constatar el joven marino que lo encuentra.
Llevado por un sentimiento de solidaridad con aquel naufrago, aquel joven marino le intentó ayudar. Los hijos de la mar debían de unirse y apoyarse en los momentos difíciles. Lo colocó de lado para de ese modo hacerle vomitar toda el agua que había tragado, logrando en poco tiempo su propósito; un gran charco de vómito fue expulsado por aquel hombre. A pesar de ello su respiración se mantuvo lenta y
pesada, sumamente ahogada.Con el mayor de los cuidados le colocó la cabeza en su regazo para que pudiera confiar sus últimas palabras, aunque fuese a un desconocido, pues su final estaba cerca. La muerte era ya algo irremediable.
Con voz pesarosa y quebrada el hombre luchó por articular palabra:
- Exis Existe.-le costó un mundo pronunciar esa sola palabra, además tuvo que tomar una gran bocanada de aire para proseguir.- Existe tierra más allá de Finisterre.-logró con dificultad acabar la frase.
Con pulso tembloroso se sacó de la casaca, mientras que el joven marino le pedía que no hiciese mayor esfuerzo, un trozo de metal, que en apariencia parecía una daga pero de mayor tamaño, metal que entregó a su salvador. Este la tomó entre sus manos sin darle la menor importancia, no comprendía bien que aquel era el testamento de aquel moribundo, al que tan solo deseaba ayudar a darle una
muerte digna.
-At Atlae -intentó volver articular palabra, pero está vez su voz se quebró definitivamente.
Una lágrima recorrió la mejilla del joven marino, pues sin saber muy bien cómo, un desconocido había muerto en sus brazos. Un compañero marino que había sido destruido por lo que más amaba, el mar. Un camarada de profesión que le había hecho un importante regalo que le daría renombre en su vida. Ese joven marino de veintitrés años, no era otro que un joven Cristóbal Colón.
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