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Escribía ya los últimos capítulos de su próximo libro mientras que
esperaba aSu mujer preparaba la cena. Ella pensaba... Con Ivan estaba todo muy tranquilo, demasiado tranquilo. Siempre sucedía lo mismo: Cuando él tenía trabajo no se lo escuchaba hablar y su mujer debía acostumbrarse a esa manera de convivir. De todas maneras a ella no le afectaba demasiado, Ucrecia era una mujer un tanto fría al igual que Ivan.
La hora marcaba las once, ella ya planeaba descansar mientras que él se encontraba escribiendo en la sala de estar junto a su prestigioso piano de cola Broadwood blanco, del año 1993. También lo acompañaba su gato negro.
- Querido... debo decirte algo.
- Si, dime no quitaba su mirada de la pantalla y sus manos ya no conocían otra cosa sino el teclado de la máquina.
- Sé que estás muy ocupado con el proyecto, pero ahora tienes que escucharme...
Ya estaba todo dicho. Ivan había oído a su mujer hablar, luego continuó escribiendo. Ella se dio media vuelta y marchó hacia el dormitorio.
Ya casi llegaba el final del libro y tan solo faltaban dos días para que el ejemplar sea revisado en la editorial Zvezda, reconocida a nivel mundial. La mañana en la ciudad de Lviv se encontraba muy fría y nublada, hacía bastantes días que el clima se presentaba así de triste.
Ucrecia revolvía su café en la cocina mientras que Ivan no se detenía en su trabajo. No hablaron sobre el tema que Ucrecia había planteado aquella noche, ni una sola palabra. Estaban muy distanciados, pero ninguno de los dos se veía afectado.
Ella debía irse a trabajar, él debía quedarse en la mansión junto a su gato. Tan solo le faltaban tres páginas a su novela dramática.
Ahora, sonaban los teléfonos en la residencia de Ivan...
- ¿Aló?
- Hola... soy yo contesta su mujer desde el otro lado del tubo.
- ¿Qué sucede? pregunta Ivan desconcertado. Muy pocas veces recibía llamadas de su mujer cuando él escribía. Ucrecia respetaba demasiado los tiempos de su pareja.
- ¿Has pensado lo que te dije el otro día?
- Claro que si... Pero sabes que no puedo hablar ahora, estoy en mis últimas carillas.
- ¡Dime algo al menos! Ucrecia esperaba una respuesta...
- Está bien. Te diré que estoy de acuerdo. Iniciaremos los trámites legales cuando lleguemos a Kiev luego de que termine con el libro, ¿te parece?.
- Si, será lo mejor para los dos de esa manera ella daba por finalizada la conversación, él debía seguir en lo suyo.
Ivan cuelga el teléfono y se detiene unos pocos minutos en la charla que había tenido con Ucrecia. Estaba todo más que claro, entonces se decide por escribir el final.
Los días habían pasado. Cólera ya estaba siendo revisado en la editorial. Esta
novela recorrería Europa en su totalidad y el autor sería noticia en todos los medios de comunicación. El ucraniano de treinta y dos años de edad sería leído una vez más por millones de personas dentro de pocos meses.
El trabajo de Ivan Urcev había finalizado y ya no escribiría por un buen tiempo. Ahora solo tenía ganas de estar abrazado a su mujer contemplando la mirada de una pequeña bebe a la cual adoptarían en poco tiempo.
La noticia estaba en todos lados: Ivan Urcev apartaría toda aquella frivolidad que lo mantenía distanciado y adoptaría una niña con Ucrecia Vat en la ciudad de Kiev, Ucrania.
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