Georgina atrapó las grietas del trezut entre las de sus manos, que al ejercer tal fuerza comenzaron a debilitarse; cada trezut poseía una forma diferente, una ordenación de su textura tan única como voces hay en el mundo; lo curioso era que, al asir por largo tiempo uno de aquellos objetos, el pulso se aceleraba y por fracciones de minuto se producía una turbulencia mental que después se olvidaba.
Skylar no reconocía esas expresiones, por primera vez, aquel plasma se quedó sin movimiento alguno, sin sonido; Georgina se sorprendió demasiado, sintiéndose en la vorágine de algo que muchos mas debían saber ahora; salió corriendo a buscar el lugar donde vivían los trezuistas y se encontró con escenarios difusos, en la amalgama tétrica de supervivencia y ciencia, no pudo entender la complejidad de aquellas explicaciones, pero si encaró álgidamente el descubrimiento de que lo que ella pensaba si era una parte de la verdad, tenía razón, el hombre no podía irse en esa forma, despojando a los siglos de sí mismos, de esa cuantificación del tiempo y de las leyes mas sencillas y mas humanas…era imposible.
El lugar era un edificio de líneas sutiles, de una verticalidad que hacía recordar el estilo internacional que carcomía ciudades en los tiempos de las famosas “cajas de cristal”, su aspecto era como el ropaje grueso de los espacios donde ahora los hombres que alguna vez fueron diminutos puntos uniformados trabajando día y noche, ahora indagaban en la nueva ciencia que hacía permanente la vida.Las columnas de la entrada visiblemente desgastadas cubrían parcialmente aquellos lugares donde las personas se movían incesantemente, parlando y deformando una teoría nueva, una suposición reciente, llenando por completo los segundos con un trabajo intelectual incansable, jamás antes visto:
Georgina pensó que esa escena pronto desaparecería para convertirse en silencio, anunciando tristemente que el número de personas que habían desaparecido aumentaban. Dentro de una sala había un módulo de skylar que llevaba frias y certeras estadísticas, en el resto del edificio, nada se parecía a lo que había visto antes; un gran claro se abría ante sus ojos rodeado de réplicas de obras de arte, de figuras geométricas, de piezas que reconoció enseguida; un centenar de personas giraban en torno a ellos acompañados de un guía…parecía el museo del fin del mundo, no estaban separados los colores, sino que formaban un solo rayo de luz durmiendo sus últimas horas. - Georgina… ¿quiere acompañarme? – le dijo el trezuista observándola fijamente para sacarla de su sorpresa. Ella aún absorta afirmó con la cabeza y lo siguió hasta un recinto de paredes blancas y donde solo había dos sillas.- Quiero relatarle la forma en que su aportación será muy valiosa; sin preámbulos, sin buscar que comience a tener miedo; se por que está aquí, se que sus ojos poseen la verdad justo ahora que se sienta frente a mi… se también que la persona con quien vive se encuentra en un estado avanzado de esto… que ni siquiera nosotros atinamos en llamarlo de un modo específico…pero que conocemos a la perfección por que todos nosotros hemos perdido a alguien, al igual que usted…
Mientras hablaba manipulaba con rapidez un trezut opaco y Georgina al fin comprendía el sentido de estar ahí, de filtrarse hasta ese lugar para dejar que lo último que poseía fuera capturado para que otros vivieran, de cualquier forma ella estaba enferma también. - Los trezuts, como usted imagina, Georgina, no parten de cualquier ser humano, sería imposible concebir esa idea a sabiendas de que cada ser humano posee una genética única y un cerebro notable o un simple receptáculo de recuerdos e información desordenada, hemos comprobado que la misma vida, transformada quizá en su forma, preserva la vida que viene…de una manera indescriptible, esos ejemplares de nuestra civilización estarán logrando desafiar un final ya relatado y casi consumado… nuestra labor como científicos se ha volcado en este objetivo Una tibia sensación que a cuentagotas se apoderó de Georgina era lo que ella tanto había temido… el filo de las horas ahora se expresaba en algo que se sabía capaz de hacer… pensó en Miguel; en su despedida y en sus ojos, así lo hizo mientras era conducida a través de pasillos y salas que no quiso grabar en su memoria… a partir de la superficie delgada de su existencia, podría preservar a aquellas que darían continuidad a lo que se reinventaba ahora…poco a poco su piel iba cambiando de coloración, se iba despidiendo de lo que la había resguardado durante tanto tiempo…
Escuchó la sinfonía aplastante de muchas remembranzas, evocó las dimensiones de sus pasos, de sus palabras, quizá en ello radicaba el ser escogida para estar ahí… ese indómito revolotear de alas quebradas que provenía de su infancia atravesó su cuerpo mientras se quedaba dormida, y un estruendo que quizá nadie mas escucharía la convirtió, como a muchos mas, en el néctar de la vida humana.
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