Ya conoce cómo es esto. Se trata de fases. Primero sólo empuja desde adentro, pero no molesta, es casi una sensación feliz al saber que en breve será satisfecha. Luego comienza a hacer conciente a uno de algunos órganos que en general están ahí pasando desapercibidos. Pasado un rato sin que se satisfaga la cuestión, llega lo que llama la primera fase que dura uno o dos minutos. Minutos de sufrimiento en los que se tiene la sensación (certera) de que un instante de relajación implicaría el desastre. Esta fase es soportable, aunque también un aviso, una advertencia que nos arroja desde adentro, pero cerca de la salida. Pasada la primera fase hay tres o cuatro minutos de relativa tranquilidad, que se asemeja a los instantes en que ese par de órganos hacen sentir su presencia. Es entonces que llega la segunda fase, esta es una repetición magnificada de la primera, y algo mas larga. Suele estar precedida por dos o tres pequeñas segundas fases de diez o quince segundos. Si el dilema, por el motivo que sea, persiste, y sobrevivida la segunda fase, en caso que se logre, hay un espacio nueva mente de unos tres minutos, al cabo de los cuales pueden llegar otra vez las pequeñas fases que dan aviso de la llegada de esta etapa tan temida. Según sus análisis del proceso, esta fase ya está cerca del punto cúlmine: o se resuelve el problema, o se rinde uno ante este, que tal vez sea lo mismo. Es, esta fase, al igual que la primera y segunda, la sensación de no poder relajarse por un instante. Se sufre mucho, y oleadas de frío la acompañan, es una sensación enferma, como de fiebre, y la resistencia que uno opone se origina solamente en esas reglas sociales tan bien impuestas desde el día en que salimos más o menos del mismo lugar del dilema que nos ocupa
Hablar de la cuarta fase ya no tiene sentido, es preferible en todo caso, recomendar a quien requiera información sobre esta etapa, un par de calzoncillos marrones, y que no se siente por favor.
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