Estación Paraíso

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Al bajar, el universo se deshizo, solo estaban su boca y la mía
Es un lugar al que regresaría para olfatearlo de nuevo. Un primer escalón y la fricción de los poros sujetaron los bordes de una ráfaga de viento. Pasé mis dedos por el pasamano en señal de buscar soporte, y se deshizo a mi contacto. Era eso, descender, con la única pretensión de pasarle la mano a la vida en un corto instante. Con una pinza imaginaria logré suspender una nota de papel azul donde dejé mi vida colgada en la puerta.
Un segundo eslabón me señaló el contorno del cielo, y mi dedo allí, bien cerca de tocarlo.  Nunca pensé que al desertar de un tren, la gloria estuviera tan próxima.
No advertí desenfreno alguno. Los pasos, felinos, si se quiere, venían precedidos de un solo secreteo a la vez. Algunas veces desbordamos silencio y esa mágica forma de mirar que tanto dijo sin decir.
Me lo bebí de tragos cortos, lentos, para prolongar el tiempo de la absorción. En una copa de largo talle y delgado cristal, tal como imaginé que lo haría.  Sensatamente tragué un  antídoto, quizás un veneno sin que me turbara la idea de engullirme la brisa fresca y hacerla mía cuando tenga sed y azote el calor. Abrí una alcancía entre mis rodillas y le ofrecí mis ahorros apacibles, el galope de los dedos de mis pies y un canto de grillos humildes, a lo lejos, logramos escuchar. Ocasionalmente sonreímos, recordando palabras dichas, recuerdos de lienzos de encuentros pasados, y entonces un aguacero de roces lentos y suaves nos arrasaba.  
El apreció el sigilo que llenaba el espacio porque así, solo su voz pudo inundarme sin estorbos.
Por momentos tuve miedo de parpadear y que, al abrir mis ojos, ya no estuviera y solo fuera un sueño de esos que me dejan confundida. Pero estaba, visible como visible fue su voz tras ese cable que me llevó su presencia tantas veces.
Di  la bienvenida a ese vuelo tras de mis párpados, abanicando mis cabellos, como naipes que se dejan caer y al tocar la mesa, acarician la madera. Lo miré todas las veces que quise, derrochando pupilas y expresiones de invitación descarada, diciéndole que aquí he de quedarme, que le ofrezco mis manos limpias de futuro, un sepulcro azul a los prejuicios, una bendición de los momentos y le pido que se quede…aunque ahora, más allá de los cometas, nos hayamos bajado de un viaje en el que coincidimos por alguna razón que desconocemos.

 

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Comentarios:

Escrito por: LitoSanBarreix       22/04/08 13:22
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Perdon no había visto el final - de todas maneras te traslado el `pedido ¿cúal era
el final que tu querías - Un beso litosanbarreix
Escrito por: Saylorman       21/04/08 04:43
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"...Lo miré todas las veces que quise, derrochando pupilas y expresiones de invitación descarada, diciéndole que aquí he de quedarme..."

¡Ahhh...! y con una mirada asi, ¿quién no quiere quedarse?
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