


| Escritor: | mlacedonia |
| Públicado: | 12/11/2007 |
Subí al coche y le entregué a mi hijo un bocadito Cabsha. Se quedó mirándome absorto, no sabía que era. Con orgullo le conté que yo lo comía cuando era pequeño, que es una golosina típica de Argentina. La acababa de comprar en una tienda de alimentos latinos que hay en el centro de Valencia, y en la que no falta nada. Pareciera que han hecho un estudio del mercado nostálgico argentino.
Cuando lo mordió le sucedió lo que a todos: Se le derramó sobre el labio inferior y la barbilla un poco del dulce de leche que tiene el relleno. Lo disfruté. Sentí que revivía un momento de mi infancia. Me paso muchas veces lo mismo. Mi hijo seguía ajeno a mi emoción.
Camino a casa pensé en los huevos (no hay sinónimo en este caso) que tuvo mi viejo (como tantos otros), cuando emigró de Italia a Argentina hace cincuenta años.
A veces me quejo.
A veces agradezco al destino.
De algo estoy seguro.
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