Ser espectador puede ser muy cómodo porque no implica lucha, voluntad, imaginación ni locuras, sino simplemente sumición. Asimismo plantea un hondo miedo, también inseguridad porque no practica lo que él desea, sino que sigue los pasos que le indican otros, si falla se consuela diciendo que no es culpa suya. Pero también están los hombres que eligen acompañar sus sueños fielmente, éstos se elevan, cabalgan por la libertad. Son caminantes de la vida, ingenieros de utopías, libres como su imaginación, inteligentes como sus pensamientos, locos como sus esperanzas.