Es una de tantas casas de fachada anodina, de esas que en cualquier pueblo andaluz se puede encontrar. Una puerta de madera por la que se accede al zaguán, franqueada por un par de ventanas con rejas de hierro sin adornos, y coronada por dos balcones, blanqueada con cal naturalmente, en el alero, un canalón de cinc para recoger las aguas de lluvia y un tejado de tejas antiguas.
Claro que ya al entrar al zaguán se nota algo diferente, los azulejos de Mensaque, brillan en la penumbra, y las dos columnas de mármol jaspeado que hacen de guardianas junto a la cancela de hierro forjado, esta si muy barroca, con detalles dorados y cristales de colores, coronada por un rosetón en forma de estrella, que llevan la mirada hacia un artesonado de arabescos, digno de cualquier palacio; nos hace pensar en que quizás la primera impresión nos engaño.
Al traspasar la cancela, la mirada se pierde a través de la puerta que enfrente nos muestra un trozo del patio central, cual claustro de convento de clausura, los arcos decorados con mocárabes, son sostenidos por columnas de mármol doricas, y el verdor producido por los grandes macetones de geranios, aspidistras y lirios, acompañan la cantarina voz del agua que una Driade escancia en la pila de alabastro traslucido en el centro del patio.
Pero cuando nuestros ojos se acostumbran a la luz de la sala donde nos encontramos, no nos pueden dejar impasible el magnifico friso de azulejos sevillanos que en azul y amarillo, nos muestra figuras humanas y de animales míticos entremezcladas entre una hojarasca barroca, y las dos magnificas escaleras de acceso, que a cada lado de la puerta del patio, nos da acceso a las salas nobles del edificio que en realidad y a pesar de su humilde fachada es toda una casa palacio casi laberíntica, en la que se pueden uno sorprender por los magníficos salones de lujo asiático, sus magníficos muebles antiguos, o sus artesonados de estilo árabe que nos hacen rememorar los antiguos palacios de granada, y hace que la imaginación vuele hacia tiempos pasados en los que solo, muy pocos sabían, lo que en el interior de este tipo de casas se guardaba.
Puedes imaginar a la mujeres tras las celosías, con sus avios de bordado, espiar a los mozos que en la puerta de enfrente, esperan una señal que les indique la próxima cita, quizás en el jardín trasero que la casa guarda como si de un trozo del paraíso se tratara, y que el mozo tendrá que abordar por la tapia trasera, o en el camino a la iglesia donde solo con miradas y señales podrá comunicar sus sentimientos a la mujer amada.
En fin la imaginación vuela y solo es una casa mas de las que en esta ciudad, tras una fachada corriente guardan verdaderos tesoros.
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