Los celos habian entrado en su mente, contaminando su corazón y sus pensamientos, estaba seguro que ella le era infiel, nada habia visto, pero lo sentia, no podia dudar de su intuición.
El cambio en ella era notable y esa dulzura que reflejaban sus ojos enamorados, que habia visto en ella durante buena parte de su relación, que por algun motivo ahora se habian apagado.
El no podia compartirla, era su vida, su mayor ilusión, era su todo, no podia aceptar que ella tuviese o quisiese amar a otro.
En su mente maquiavelica, comenzo a tejer miles de planes para sorprendela, ella miles de veces le habia dicho en su tono coloquial que no fuera tontito y que no viera fantasmas.
El seguia aumentando sus celos, atormentandolo, quitandole el sueño, el descanso y cambiando su alma, de la mas potente luz, pasaba lentamente a la mas negra de las obscuridades.
Comenzo a seguirla, a espiarla, en todas sus salidas concurria siempre al mismo centro asistencial, una clinica de lujo en la comuna de Providencia, ella nada le habia mencionado acerca de alguna enfermedad, tampoco le pregunto, ni hizo mención acerca de sus seguimientos.
Comenzo poco a poco a verla salir acompañada de un varón,
averiguo que era un doctor que trabajaba en esa clinica, en su mente, planifico lo inevitable, debia matarlo.
Nada ni nadie debia ni podia separarlo de su amor, de aquella maravillosa mujer, que con su voz, lo arrullaba, con sus ojos lo valoraba, con su boca lo alentaba, con su vientre lo alentaba a anhelar de Dios un hijo, una hija, que nunca habia engendrado.
Sin ella su vida nada valia, no era obsesión, era amor ella le habia enseñado a amar y tambien a confiar.
Su universo se veia amenazado por un gigantesco hoyo negro, que rotaba a su alrededor, tragandose todo atisbo de cordura, de confianza y de tranquilidad.
Comenzo a hecer puntos fijos en su residencia hasta altas horas de la madrugada, durante semanas nada paso, sus encuentros se habian distanciado, tres meses sin verla era para el una tortura, hablaban si por telefono y ella con una voz cansada, respondia.
Un viernes por la noche vio detenerse un vehiculo y descender al doctor, este entro con llaves propias, la prueba era irrefutable, era su amante, sigilosamente, avanzo esperando la salida de este doctor, pronuncio su sentencia, sin dudarlo.
Moriras.
Al cabo de 45 minutos, salio el doctor, en su rostro la tristeza, pero confiaba en si mismo, que el podria hacerlo todo por ella, no escucho las detonaciones, sintio si en su carne el veloz ingreso de tres proyectiles disparados a corta distancia, murio preguntandose el porque.
Todo fue muy rapido.
Su amada salio presurosa, en su rostro, las huellas imborrables de su enfermedad, creyo enloquecer al verla en ese estado, de sus labios broto la pregunta, pocho porque.
Ella menciono, entre la bruma de su locura decir, que padecia de leucemia y que el era el unico doctor especialista en el tema que podia sanarla.
El colt 45 de la guerra de Secesión, cobro en ese instante otra victima.
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