ERNESTO II

No pude evitar preguntarme por qué Ernesto había dejado su país de origen para ir a parar en un lugar completamente diferente al suyo, con otros usos, valores y costumbres; y es que la sociedad peruana tampoco es la mejor del mundo, y peor aún la imagen que se vende del país es totalmente errónea, ya que se cree que todos los peruanos en masa, son una sarta de pendejos que ocasionan caos cuando son migrantes; de lo contrario, nos miran como la chusma de América del Sur, o como los “cholitos” que cualquiera puede engañar.

-         Sí, Ernesto así de subjetiva es la gente extranjera cuando habla del Perú, es como si hablar de él, les fastidiará y a la vez les encantará; esa contradicción muestran.

-         En el colegio, nunca me enseñaron que existía el Perú y cuando escuché su nombre pensé que era un país de la región sub-sahariana tú sabes, la región más pobre del planeta; donde las personas más adultas llegan a los 40 años pues su sociedad tiene altos índices de mortandad y casi nadie llega a la vejez por la calidad de vida que llevan.

-   Me imagino, eso es clásico, en cualquier país la enseñanza está inclinada al estudio de países de centro y no periféricos; no es prioridad mostrar ejemplos de países que se han mantenido igual durante tantos años, ellos suponen que es mejor  aprender de las experiencias de países  que han logrado grandes desarrollos tecnológicos-científicos o de otra índole. Entonces para qué hablar del Perú. En términos prácticos resulta innecesario; sólo serviría para obtener conocimientos, eso es todo.

Ernesto no pudo evitar la risa por la afirmación sincera.  Su forma de ser en cada “cita” fue ejerciendo más influencia en mí. Y añadió.

-   Claro que es innecesario, en “términos prácticos” como tú lo dices, pero igual es usado para ampliar nuestros conocimientos y para la cultura general.
-   “Cultura general”, ¿A qué te refieres con eso?
-   Me refiero a que siempre uno desea saber más y eso ayuda a volvernos menos incultos.
-   “Incultos”, no Ernesto te estás confundiendo de palabra, querrás decir, “persona con menor conocimiento”, pero no inculto. Te recuerdo Ernesto que todos somos portadores de cultura, cada que acto que realices, la forma de comportarte, te hace merecedor de ser llamado “culto”, pues como te dije creas y transformas cultura con tus solas acciones. Así que hasta el loco de la calle puede ser llamado “culto”, pues es poseedor de cultura.

Ernesto me miró aturdido con una sonrisa entre dientes, casi siempre él, era quien instruía, pero me di cuenta que ambos estábamos aprendiendo juntos. Después de continuar por un momento más conversando de cultura, migración y subjetivismos tontos, me acompaño a la puerta de la universidad para dejarme puntualmente y entrar a clase, pues le había comentado que siempre llegaba tarde y en un sermón de dos horas me ayudó a comprender lo importante de ser puntual; aunque todo fue parte de un proceso largo y tendido que lo motivo a recogerme de casa interdiario, luego pasar por la juguería en frente de la universidad y finalmente dejarme en la puerta de mi casa de estudios.
Tantas atenciones le valieron para ser considerado por mis amigas como “el antimorfeo” o el “monstruo de la puntualidad”, ya que recoger a una amiga para que se vaya acostumbrado a ser puntual, era una cosa extraña que se podía prestar a mal interpretaciones.


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Comentarios:

Escrito por: Lisume       07/03/08 02:22
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Arranca una terrible verdad este relato...y es que en mi ciudad se ve en muchas ocaciones!
...todos somos portadores de cultura...creas y transformas cultura con tus solas acciones.....
mejor no se pudo haber escrito!

un beso
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