Todas las tardes entre las 7 y las 8 de la noche y desde hace 6 años una muchacha llega a su apartamento cansada y agobiada luego de un largo día en la oficina, pero pese a lo que todos podrían suponer ella tiene en su cara una sonrisa suave, picara, y con cierto aire de ingenuidad, la cual permite ver que algo esta por ocurrir.
Como un ritual deja su bolso, se prepara un te de menta sin azúcar, y saca de su escondite aquellos bombones de chocolate con licor, que tanto le gustan.
Luego se quita el elegante traje blanco. Cuidadosamente desabrocha uno a uno los botones del saco entallado, que permite acentuar más aun su delicada silueta, de a poco se va dejando ver un sujetador con finas flores bordadas en color morado.
Antes de bajarse de aquellos tacones refinados y caros, que hacen que sus piernas parezcan un camino sin fin, le gusta mirarse al espejo, se mueve delicadamente como si estuviera bailando. Le atrae verse vestida solamente con su ropa interior, se siente tan alta, tan esbelta.
Una vez que la fantasía ha terminado, vuelve a la realidad se pone esos viejos calcetines rallados que compro la primera vez que fueron a Paris, más exactamente cuando festejaron su tercer aniversario.
Así, solo con sus calcetines y su ropa interior, apaga las luces y se sienta frente a la ventana, en su sillón de líneas contemporáneas, de suave tela de fibras naturales color granate. Todo esta listo, ya puede comenzar a saborear sus chocolates, a la espera de su mayor deleite.
Solo unos minutos después, su vecino del edificio de enfrente llega a su piso, y como siempre deja el maletín en el escritorio, saluda a su perro y juguetea con el por unos minutos.
Con un rostro que denota cansancio, aunque con ciertas ansias en sus ojos, se dirige a la cocina, donde se preparar un te de frutas, con tres cucharadas de azúcar, y saca de la cajita verde de madera, que tiene al lado de una gran variedad de tes, cuatro caramelos de menta que coloca en un plato junto a la infusión que reposa para lograr el sabor y la temperatura justa para su paladar.
Ahora si, preparado su manjar camina hasta su habitación, para quitarse el saco azul de diseño exclusivo, se desabrocha uno a uno los botones de la camisa blanca que todas las chicas de la oficina le dicen que le queda perfecta, para dar paso a un torso desnudo y trabajado en largas horas de gimnasio, con un pequeño pero intrigante tatuaje en su hombro derecho. Los zapatos vuelan ligeramente hacia una esquina de la habitación.
Por ultimo, se quita el pantalón azul a rayas que uso el mismo día miércoles de la semana anterior.
Cansado de un largo día de trabajo se dispone a relajarse .apaga las luces y se tumba en el gran sofá de piel frente a la ventana. Toma el mando del equipo de música, le da al play y la habitación se inunda con la voz de Bono del grupo U2.
Bebe un sorbo de te y es en ese preciso instante cuando el teléfono comienza a sonar. Es el momento que estaba esperando, que tanto había ansiado durante todo el día.
Del otro lado de la calle, en el séptimo piso justo frente a su ventana, Ana espera ansiosa que le contesten el teléfono como todos los días desde hace 6 años a las 8 de la noche.
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