Enséñale lo que aprendiste en los buenos tiempos. Coméntale del cerro majestuoso en verano, con unas velas que despidan aromas de manzanas y nueces de por medio. Edúcala para escuchar esa música para acariciarse, que construí para momentos de ensueño, prepárale el picnic que causó sorpresas en tus ojos cuando tuve a bien hacerlo con sentimiento.
No olvides tampoco llevarla lo más cerca del cielo que puedas y recuerda entonces que no se habla de dinero cuando se comparte el mundo bajo los pies.
Recuerda incluir tus papas predilectas en las parrillas que prepares y compra aquellas copas que nunca pudiste por temor a ser descubierto. Practica de nuevo las excusas como nuevos pretextos, ya que esta vez habrá quien los crea.
Ejecuta tus dotes didácticas, usa las experiencias como ideas inéditas. Esta vez te irá bien, has aprendido suficiente de la buena mentira frente a la buena mesa. Conviértete en indispensable, como es costumbre, usa tus dotes protectoras y suple las necesidades que se asomen, no olvides el auto, solo yo pude exigir dignidad después de eso, nadie más te reprochará las faltas de esa forma. En buena lid, ha sido tu mejor escudo. Enséñale a tu nueva alumna, cómo se hace un picnic con elegancia y di que fue idea tuya.
Yo en cambio, no he podido abusar de lo aprendido. Nadie quiere instruirse en actos de mala fe, vidas compartidas, secretos y disimulos. No podría ser ácida con quien dice la verdad y no actúa con eufemismos. Nadie quiere aprender de la desconfianza, de la humillación, de lo confuso de pretender enredar el término responsabilidad con vida nueva, compromiso con traición, promiscuidad con culpa. Lamento no poder usar lo conocido, ni enseñar lo que aprendí. Creo que sería objeto de burla si cuento lo soportado y en esa materia, me gradué sobresaliente.
Enséñale, que en factor didáctico, te quedó mucho por enseñar.
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