Ayer puso las cosas sobre la mesa: el cuchillo de la mutilación. Pensaba, su compañero sentimental, que sólo se trataba de un simple utensilio de cocina, que se usaría para el fin por el cual fue creado, pero estaba muy equivocado.
La noche llegó, y con ella el orgasmo de la mujer: el momento del juicio, o de la pérdida de éste. Se dio el momento en el cual ella daría a luz a todas las consecuencias de sus demonios y sus tormentos.
Hoy él amaneció sin genitales.
¿Por qué algo tan placentero puede ser a la vez tan doloroso?
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