Encuentro inesperado (tercer capítulo)

Categoría(s): CONTINUACIÓN
 
La conversación entre las ya amigas, se convirtió en un ir y venir de confesiones, relatos íntimos y, por que no, sentimientos guardados que encontraron un ansiado, a la vez que desconocido, escape.
 
El vuelo placentero continuó devorando horas. Fue un pasatiempo disfrutado por ambas.
 
Tiempo antes de llegar a destino, aeropuerto Orly, en París, intercambiaron direcciones y números de celulares. Beatriz, por su parte la hizo partícipe del itinerario planeado, día por día, país por país. La estudiante lamentó la imposibilidad de encontrarse, pues las primeras vacaciones las tendría recién al finalizar el segundo mes, mientras que para aquel entonces nuestra profesora se encontraría bastante lejos, en otro continente.
Comprometieron a mantener un comunicación por intermedio de cartas o postales. Las dos sabían que aquello no resultaría, pero en el momento fue todo un desafío.
Al descender en el aeropuerto se despidieron, un abrazote muy de mujercitas, unos besitos en ambas mejillas y cada una emprendió su camino.
 
Como estaba previsto, al salir con el changuito del equipaje, un joven sostenía un cartelito en el que figuraba su nombre.
Se acercó a ella y en un castellano estudiado se expresó:
-Bienvenida señorita Beatriz -  La recién llegada con una sonrisa que llenó toda su cara exclamó:-¡Que suerte! Mi francés es escaso y no sabe qué tranquilidad me ha dado. Perdón...buenas tardes Sr...
-Mi nombre es Germen, si es tan amable sígame... el coche nos está esperando.
 
Durante el viaje hacia el hotel, el anfitrión-guía le comunicó que durante la estadía, tres días, estaría a su cuidado, mas se encargaría de todo lo necesario. Le entregó una hoja con los detalles de los lugares que visitarían, horarios y demás.
Al llegar al hotel se percató del nombre tan singular del mismo: Londres-New York, lo cual le resultó un poco ridículo. El joven le solicitó estar lista para las 20hs., la pasaría a buscar para cenar.
 
La pieza sencilla, con todas las comodidades. Al observar por el ventanal  aquél París tan renombrado, le dio un vuelco el corazón.
¡lástima que no se encontraba su padre con ella!
 
La cena fue en un restaurante francés típico. Nuestra profesora estaba en la gloria. El vino...ah el vino...suave, halagador...
Luego corretearon, sentados con comodidad en el remise, por las calles céntricas de la despampanante capital; por supuesto también por la archifamosa Chanzes Elysee. Todo iluminado, preparado como recibimiento a ella, esa fue su sensación. A ambos costados las conferías, bares, con sus cientos de mesitas y sillas en las extensas veredas, abarrotadas de público. Cada uno de los establecimientos decorados en distintos estilos, a cual más original y comprador. El paseo se le asemejó a una película documental que se exhibía a través de las ventanillas del vehículo. En un determinado momento, Germen hizo detener el coche, descendió del mismo, y a los pocos minutos regresó con un inmenso helado de almendras y nueces.
Al regresar al hotel, aun con el cucurucho en mano, se despidió agradeciendo la hermosa velada.
 
El viaje del siguiente día al Palacio de Versalles fue rápido, escasos veinte kilómetros.
Las interminables colas de personas frente a las entradas la impresionaron sobre manera. Miles de turistas en su mayoría, deseosos de visitar tal magnificencia. El solo apreciar desde cierta distancia esa obra arquitectónica llenaba el espíritu, los ojos no alcanzaban para abarcar semejante pomposidad.
 
Los salones, los cuadros, más salones, antesalas, dormitorios, pasadizos. Todo brillaba, a cual más fastuoso, ¡qué lujo! en fin un deleite visual.
Las explicaciones del guía particular que se le asignó, fueron en castellano puro: le adjuntaron un español de Zaragoza. Los mil y un detalles le dieron una amplio conocimiento sobre el recinto construido en el año 1.631,  albergó a casi toda la dinastía de los Luises en sus aposentos. Un dato notable, el último morador de semejante expresión de la nobleza fue Napoleón.
 
No menos importantes y majestuosos son los jardines que rodean el palacio. Extensiones sin fin de verde, árboles de todos los tipos y tamaños, flores de un arco iris de colores que embellecen el ambiente. Fuentes de agua con grifos que llegan a varios metros de altura. Todo ordenado, limpio, la pulcritud en demasía.
Un espectacular experiencia, algo para no olvidar.
 
La visita a la Torre Eiffel, detalle imposible de evitar. Mucho más alta e imponente que lo que Beatriz recordaba de fotos o películas. Multitud de personas frente a los ascensores de acceso.
Con mucha paciencia, llegaron, con bastante ayuda de Germen, después de casi hora y media, conseguir la posibilidad de subir hacia lo alto del monstruo de acero. Desde allí el espectáculo saca el aliento. A los pies del observador se expande en todo su grandiosidad y esplendor la ciudad luz. ¡oh, París, mon a mour!
 
No podría ser de otra manera, y el hecho de ser una mujer la que visita tal ciudad, casi obligó al joven Germen, francés de pura cepa, llevarla a pasear por la renombrada calle Rívoli. Encuentro sin igual con los ateliers de exposición y venta(para los pudientes, por supuesto) de los más famosos modistos franceses. Además allí se encuentra el no menos conocido Hotel Rich, lo más más de París.
 
El último día, como broche de oro, fueron a la archiconocida Catedral de Notre Dame.
En la plaza, frente a las entradas, la aglomeración de miles de personas llamó considerablemente la atención de Beatriz. Dicho aparente obstáculo, fue solucionado por el acompañante al conocer a uno de los mozos de cuerda encargado en uno de los accesos.
 
Un suceso digno de recordar fue el encontrarse en uno de los costados de las entradas con un inmenso anillo humano, que todo paseante sentía curiosidad para averiguar el motivo. Ella y su guía hicieron lo propio.
Se trataba de un momo, o mejor llamado pantomimista, que lograba con sus habilidades extraer risas y exclamaciones de asombro a los cientos de personas allí agolpadas a su alrededor.
Un muchachito de máximo veinte años, con ropas de calle y solo con sus manos, contorsiones, muecas y ademanes convirtió a ese grupo de personas en un conjunto de gente alegre y llena de alegría, que aunque pasajera, la recordarían todo el resto del día y quizás más.
 
Ya dentro de la nave, la casa de oración impresiona a tal punto que se siente un tanto de humildad ante la magnificencia del recinto.
Las paredes con sus adornos y frisos, todo tan grandioso, de un estilo tal vez pasado, antiguo, pero que conserva una continuidad, los sentimientos renacen y obligan al pensamiento de los creyentes ha reproducir en mente épocas estudiadas y que dejaron en el recuerdo eventos sublimes y para muchos sagrados.
Mas de uno, arrodillado frente al omnipotente altar, con seguridad efectúa un inventario interno. Las facciones de ellos es lo que expresan tales situaciones.
Recuerdo para llevar bien profundo en el corazón.
 
Y...como todas las cosas, también las buenas llegan a su fin.
En el viaje de regreso al aeropuerto, una cierta tristeza se notaba en Beatriz; agradeció sobremanera al joven por la atención recibida.
 
Italia, ya llego, estoy en camino...
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CONTINUARÁ
 
 
 
@betob
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Comentarios:

Online
Escrito por: Oscarhugo       09/05/08 00:36
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¡Vaya, cómo quisiera ganar un premio así! Excelente descripción, Betob, viajé junto a Beatriz.
Escrito por: fer_rojas       08/05/08 23:58
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Muy bonito modo de mostrar Paris. Coincido en que me hiciste viajar y ver el paisaje desde la Torre Eifell. Ahora espero con ansias ver como nos muestras Italia, la tierra de msi amores!
Muy bueno
Felicidades
Online
Escrito por: ricardo48       08/05/08 19:13
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Después de un magnifico viaje por la bella París espero por Italia.
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Te sigo. Un abrazo
Escrito por: omenia       08/05/08 17:41
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Precioso recorrido, me has hecho viajar a París (mi sueño irrealizable)
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