Fiumicino, unos de los mayores aeropuertos de Europa, recibió en un soleado día a nuestra profesora, Roma le decía: ¡Bongiorno, señorina!. Cierta demora para recibir el equipaje, pero en menos de una hora, ya estaba buscando, con la vista, entre las decenas de personas con los conocidos cartelitos en alto. Una señora vestida con un vestido primaveral, mantenía su nombre entre la multitud.
@betob
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