Las sombras se alargan sobre los brillosos adoquines como un fantasmagórico dibujo burlón del barrio.
Oiga mozo, acérquese compadre y déjeme que le cuente mis historia, estoy tan olvidado en estos tiempos que no quiero morir con los secretos que guardo en mi interior.
Me acerco, acostumbro la vista a la penumbra, no veo a nadie, no hay nadie, es el zaguán que me habla.
Me sorprende la luz de la mañana el zaguán ya no habla durante la noche me contó sus cosas.
Me despido y me alejo con mi alma llena de nostalgia.
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