El Viaje Parte III
-¿A quien amas más tía Lucía, a Morris o a Dorian?- , la pequeña Elizabeth sorprendió a su tía con la mirada perdida en el vacío, llevaba al menos 20 minutos así, y cada vez que la mujer estaba sumergida en sus pensamientos, era porque algo importante le estaba pasando; Elizabeth podía tener apenas 10 años, pero el mundo de los adultos le era más familiar que ajeno.
Lucía reaccionó y miró a la niña parada junto a la puerta, no pudo evitar pensar que era una bella niña y demasiado precoz también, para estar haciendo ese tipo de preguntas, aunque, ¿sería posible que Elizabeth se diera cuenta de que no estaba segura de si quería casarse o no?.
- ¡Cómo se te ocurre preguntarme eso Elizabeth!, ¡tú que sabes de amar!, en lugar de hacerme esa pregunta deberías estar ansiosa por saber, por qué el cielo es azul, si duermen o no los peces, ¡o por qué en otoño los árboles se deshojan!-; le estiro los brazos y la pequeña corrió a acurrucarse en su pecho. Eres una hermosa, dulce y muy inteligente niña ¿sabias?, soy inmensamente feliz de tener una sobrina como tú-
La niña le beso ambas mejillas y corrió a jugar en otro lado de la casa; sabía después de todo, que la pregunta de la pequeña, era la más asertiva que nadie hubiese podido hacerle, el problema en sí, no era la pregunta, sino más bien, la respuesta que no tenía para ella. Era verdad que Morris y Dorian eran igual de atractivos, eran gemelos, compartían el mismo fenotipo y genotipo, en fin, pero ella los conocía a ambos, y a nivel sensible, afectivo, eran muy distintos.
Morris históricamente había sido el fuerte, el más seguro, decidido y contenedor, en cambio Dorian, era el más sensible, el más profundo, el más rebelde y arrebatado de ambos, su mezcla era muy llamativa, pero su inseguridad hacían que cualquier mujer lo pensara dos veces antes de decidir tener alguna cosa con él. Si hubiese podido mezclar a Morris y Dorian en uno solo, seguro hubiese salido el más perfecto de los hombres, pero eso era imposible, además quedaba apenas un mes para su boda, no entendía como ambos hermanos habían planificado dicho viaje a estas alturas, ¡cuando había tanto que hacer aún!, ¡tanto que coordinar, tanto que decidir en conjunto!.
Bueno el viaje duraría apenas cinco días, ya había pasado uno, uno que sin duda ¡parecía infinito!; los extrañaba a ambos, pero ¡era imposible que amara a ambos!...
Manuel despertó entumido y sobresaltado, puesto que recordó a la perfección su sueño de la noche anterior; de pronto, se vio en el lecho de muerte de su madre, sentado a los pies de su cama, prometiéndole que no dejaría que Elizabeth lo pasar mal y que aunque ella no lograría conocer a su nieta, el iría con la bebé a mostrársela al cementerio, a modo de pactar su trato. La imagen que venía a continuación de dicha secuencia, era la de Elizabeth a los 2 años, en las piernas de Lucía, su hermana, la que había tenido que hacerse cargo de la niña, puesto que la madre de la pequeña, había renunciado a ella, cual si hubiese sido una cosa que podía regalar, sin importarle que era a su hija, a quien regalaba. Las dos ¡se veían tan felices!, pero de pronto, la imagen de su madre muerta, cual zombi sacado de una película de espanto, se presentaba en la sala, asustando a ambas, él trataba de pasar la puerta para ir a protegerlas, ¡pero no podía!, sentía como le corría el sudor por la frente, como todo su cuerpo estaba paralizado, su boca enmudecida, sus pies enterrados al suelo, sin lograr hacer nada para evitar que su madre se las llevara lejos, muy lejos de él.
Había sido la pesadilla más horrible que hubiera soñado nunca, absurda, ¡espantosa!; tratando de escapar de esa sensación tan incómoda, bajó de su camión, a revisar las amarras de la carga que transportaba, era necesario que lo hiciera constantemente, muchos de sus colegas y amigos, habían fallecido, por volcamientos que podrían haberse evitado, si se hubiesen tomado la molestia, como ahora él lo hacía, de revisar que tan sujetas llevaban sus cargas. Todo andaba bien, aunque por alguna razón, le pareció al mirar los maderos, que llevaba menos carga de la que pensó que transportaba. Quizás era nada más que una apreciación errónea, él mismo había estado en la carga del camión, supervisando y ayudando a montar los maderos. Todo estaba muy raro en este viaje, todo parecía no tener un orden lógico, estaba comenzando a alterarse más de la cuenta. Buscaría más adelante un teléfono para comunicarse con sus jefes, pero por sobre todo, para hablar con su hija.

Comenzo el misterio te sigo