Tras la ventana, la carretera, la noche más oscura y silenciosa, árboles perdiéndose sobre los cerros, curvas muy pronunciadas, reflectores indicando el camino, barandas oxidadas, y más y más asfalto.
Se dejó llevar por el aroma del frío que entraba por la ventana a medio cerrar, solo por unos segundos, hasta que al fin le molestó sobre la piel; quiso cerrarlo pero descubrió que estaba averiado, solía suceder que los automóviles viejos tuvieran ese tipo de desperfectos, alguna manilla rota, el tapiz desteñido, las gomas gastadas, así que desvió la vista desde el exterior al interior, tratando de descubrir cuántos desperfectos más tenían el vehículo; no había ninguno más, solo en ese instante calló en cuenta que el automóvil era nuevo, comprado solo hace un par de meses, y aunque era su quinto viaje en él, por alguna razón, nunca había chocado con el desperfecto en el vidrio.
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No se lo comentó a Morris, prefería seguir manteniendo las distancias, claro estaba que sólo había accedido a que esta vez lo llevara, porque no podía darse el lujo de gastar dinero, que por cierto no le sobraba. Sería solo por esta vez, luego, no quería seguir teniendo nada que ver con su presencia, y seguro, teniendo lo suficiente, le devolvería hasta el último centavo gastado en combustible.
Llevaban 10 horas de viaje, quizás el cansancio, el mutismo, el cuerpo acalambrado, y ahora el frío que le pegaba en la cara, lo desviaron a un recuerdo un tanto repulsivo, un hecho desde hacía dos semanas atrás, cuando había ido a cazar al bosque, afición que por cierto había adquirido desde niño, época en que acompañaba a su padre en busca de liebres, mismas que luego destripaban y comían alrededor de una fogata, en medio de la noche.
Ese día, llevaba cargada su escopeta al hombro, como siempre, iba solo, el camino lo conocía a la perfección, sabía de cada árbol que veía, de cada sendero que se entrecruzaba zigzagueante, pero precisamente ese día, decidió tomar el camino anexo al habitual, había caminado tan solo 100 pasos, cuando el olor putrefacto le golpeó la nariz. Al seguir el aroma, llegó a una zanja de disminuidas proporciones, y fue entonces que chocó con la imagen de un pequeño venado famélico, ensangrentado, rodeado de moscas y gusanos, atravesado por una rama de grandes proporciones; no tardó en realizar la hipótesis de la situación, seguramente el pobre animalito, se había perdido de su madre, o en el peor de los cazos, algún cazador inconciente, lo había dejado sin madre, a la deriva, debió entonces pasar así un par de días, sin poder encontrar comida, ni agua, y débil como debió estar, callo a la zanja donde fue que encontró la muerte.
Miró otra vez por la ventana, esta vez atento al reflejo de Morris, que se desplegaba en el vidrio; su rostro estaba evidenciando cansancio y una leve palidez sobre sus labios, lo hicieron desear hablarle, para ofrecerse a manejar, pero volvió a contraerse, a sentir recelos, a dejar que el silencio le atacara cualquier pensamiento compasivo.
Fue Morris quien finalmente se desvió por un costado de la carretera, y si estaba en lo correcto, un par de metros más a delante estaría la hostal que Lucía les había recomendado para pasar la noche, descansar y retomar el viaje al siguiente día.
Estacionó el automóvil, ambos se bajaron asumiendo que estaba claro lo que estaba sucediendo, se dirigieron a la recepción del lugar, Morris pidió dos habitaciones, canceló en efectivo, le paso la llave de su cuarto, y solo habló para decirle la hora a la que deberían estar listos junto al estacionamiento, para retomar el viaje.
Esa noche ambos siguieron el mismo ritual antes de acostarse, primero fueron al baño, se remojaron la cara un par de veces mirándose directamente a través del espejo que tenían en frente, se quitaron solo los pantalones y los zapatos, acomodaron la almohada, y se dejaron caer sobre sus camas, mismas que parecieron más duras de lo que realmente eran. Esa noche también, ambos soñaron sueños muy similares, que más temprano que tarde, y sin que ellos lo sospecharan ni un poco, acabarían cumpliéndose, cual designio divino.
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