


| Escritor: | amalgama |
| Públicado: | 01/05/2008 |
EL VENDEDOR DE ILUSIONES
Que mundo utópico, cuentas posibilidades da, cuentas ilusiones crea y que pocas se realizan. Es un luchar constante por alcanzar metas inconseguibles; es en definitiva el vivir una incesante cadena de momentos que nos definen a un futuro incierto, que un solo hecho puede cambiar totalmente.
Siempre me consideré un hombre de suerte, cada vez que me propuse algo u alguien, de una manera u otra lo logré, sin medir esfuerzos ni consecuencias. Fui un triunfador que usaba su carisma y personalidad en beneficio propio y satisfacción personal, sin detenerme a pensar si con ello dañaba a otras personas. Mi afán de lograr bienestar económico y conquistas amorosas me llevaron a usar todo tipo de artilugios y mentiras con tal de satisfacerme. Y lo hice, una y otra vez, con hermosas mujeres, con horribles adineradas, con jóvenes inexpertas o ancianas desquiciadas, incluso llegué a la perversión de mezclarme en juegos sexuales con hombres invertidos si me redituaba algún beneficio. Todo, todo lo imaginable fue posible en el círculo en que me movía, colmado de placeres comprados, de sentimientos inconfesables, solo medidos con la vara de la ambición y el egoísmo.
A esta altura de mi vida no temía relacionarme con nadie, todo era bueno si me servía y era conocido en el medio como un ser dispuesto a satisfacer apetitos sexuales de personas con necesidad de ello (todo por un precio, por cierto). Pero, siempre hay un pero, en una fiesta conocí a Carmen y ella con su andar cautivante, su figura espectacular, su rostro angelical, afloró en mi sentimientos que creía enterrados en mi pasado. Mi corazón comenzó a latir de otra manera y por primera vez dudé de mis convicciones y no me sentí seguro de abordarla. Mi personalidad otrora avasallante se desdibujó y tuve miedo al rechazo de esa diosa real, de carne y hueso, que frente a mí sonreía mostrando sus tentadores y carnosos labios que me excitaban y a la vez me cohibían.
Sabía que ejercía alguna atracción sobre ella, pero no entendía como evitaba que nuestra relación avanzara, se afianzara, siempre logrando escapar a mis propuestas cada vez más inseguras, siempre diluyendo hacia el futuro mis insinuaciones. No soportaba verla tan cerca y tan lejos al mismo tiempo. Empecé a creer que era yo quien no podía motivarla, descreyendo de mi mismo y de mi férrea voluntad de ayer, que hoy no llega ni por asomo a una débil esperanza. Fue entonces que el milagro se produjo: Una tarde fui invitado a conocer una quinta a orillas del lago; propiedad de otro libertino amigo mío. Acepté, esperando con ello olvidar en algo a la que con sus encantos me atormentaba. Pero mi sorpresa fue enorme al llegar y ver que entre sus invitados estaba ella, Carmen, luciendo su bronceado cuerpo al sol, provocando mi envidia al dios febo que la abrazaba en cada centímetro de su piel tersa y suave.
Ella era hermosa, muy hermosa, casi un ideal. Sus formas torneadas no podían ser reales, su piel cobriza lucía tan tersa y suave que una caricia podía rasgarla. La amaba, la deseaba, la anhelaba y tenía que conseguirla, tenía que ser mía cueste lo que cueste y eso me propuse.
Me acerqué como sobrando la circunstancia y cuando estuve frente a ella dirigí mi mirada a su celestial rostro, bajando lentamente la misma por su cuerpo, deseando cada molécula de su inquietante carne. Sentí arder dentro la sensación de la lujuria y me contuve de no abalanzarme sobre ella y hacerle sentir como ama un hombre entero como yo.
La miré con apostura y le hablé de cosas simples, hechos cotidianos y ante mi asombro ella respondió cada una de mis palabras, cada vez con más interés y ahínco, hasta lograr una conjunción entre nosotros- diría que ideal, mágica, etérea- y lo impensado llegó y sin saberlo, de pronto nuestros labios estuvieron tan apretados en besos ardientes que nos lastimamos con terrible dulzura y nuestros cuerpos aferrados en abrazos y caricias inenarrables, con pasión propia de quienes ansían momentos sublimes con una devoción total, como nosotros sentíamos en nuestro interior durante esa tarde y la posterior noche- que una cabaña dio abrigo- fue una sucesión de actos pródigos de amor y de sentimientos de infinita evocación de culto al mismo. Todo fue incesante, continuo, como si la llama interior que nos abrasaba fuera in crescendo hasta lograr un clímax casi angelical, mezcla de paz espiritual y relajo físico, que conseguimos recién a la madrugada del día posterior, cuando los tenues rayos brillantes, comenzaron a descomponerse en colores básicos a través de los cristales.
La continuidad de nuestra relación fue y es una sucesión de vivir ardientemente, adorando cada segundo que apaguemos juntos. Nunca, nunca olvidaré los hechos a tu lado vividos, porque aprendí el verdadero amor y sentí como desear a alguien puede llegar a elevarme fuera del mundo terrenal, como se puede transformar mi metabolismo con una palabra, una caricia, un beso tuyo. Tuyo, de la única, la ideal, la irremplazable.
Pero cuando la vida nos ofrece tanto, seguramente no es gratuito .
Mis malestares comenzaron con simples resfríos o pequeñas gripes que nunca acababan. Se prolongaron con molestias articulares y dolores corporales, seguidos de decaimiento general y diarreas profusas que llegaron a colmar mi capacidad de soportar e irremediablemente me condujeron a un especialista, algo que en condiciones normales nunca haría, pero era tal el malestar que no tuve alternativa y sucumbí a mis principios y consulté al médico esperando algún medicamento que pusiera fin a mis pesares.
Lo que voy a contar es difícil describirlo con palabras, no existe en el mundo algo que represente la impresión que causo en mí la conclusión del análisis al cual me sometí y cuya respuesta con seriedad circunspecta el facultativo me enuncio: * Estimado Luis. Tengo que decirle algo que no es de mi agrado, pues en este corto tiempo que profesionalmente nos unió, he aprendido a estimarte y a valorar tus condiciones personales, pero soy una persona franca y no puedo disimular el motivo que ocasiona tus afecciones y provoca tus malestares. Has contraído y no se todavía por qué causas, un virus que consume tus defensas y se expande en forma alarmante en tus células. Debo decirte que lamentablemente no conozco o no existe remedio o tratamiento que detenga la proliferación de este virus y con pesar te informo que esta en tu sangre. Te recomiendo que suspendas toda actividad sexual pues el mismo es altamente contagioso y esta es una vía de transmisión. Lo lamento, no hay nada que yo pueda hacer, tal vez en EE.UU. o Cuba donde se han realizado nuevos descubrimientos puedan ayudarte, lo siento*
Carmen, cuanto te amé, cuanto te deseé, cuanto mi corazón latió por tu culpa y como es posible que me condenes en esta forma, como tu, con tus formas impecables, tu rostro angelical, tu dicción perfecta seas mi verdugo, la persona que con su sexo inquietante me conduzcas a una muerte irremediable y desesperante.
Tomo mi cabeza entre mis manos endurecidas y mis cabellos se desprenden y entonces, recién entonces, cuando mis parpados se cierran apagando el espantoso dolor de mi cuerpo, comprendo el significado. Viví sin respetar. Moriré deseando el veneno que me mata.
(NO EXISTE LIBRO QUE REPRODUZCA Y ENSEÑE LO QUE NUESTRA EXISTENCIA NOS ENTREGA. AUNQUE EL APRENDIZAJE A VECES NOS LLEGA TARDE)
|
Imprimir |
Enviar historia |
Enviar a Facebook |


