El tren se marcha


Maria Elena sorbía con delicadeza su tercer café de la noche. En la estación quedaba tan solo una treintena de personas deambulando bajo la pálida luz de los faroles cubiertos de hollín y lágrimas. La mayoría eran empleados dando un ansiado cierre a sus tareas aunque los demás, como ella, erraban por los andenes o naufragaban en pocillos de café mal lavados.
El tren se había retrasado, lo que sumaba unos minutos más a su tensa indecisión. Se había repetido hasta el hartazgo que cuando anunciaran la partida del convoy a Tucumán sabría con certeza qué hacer. Y, con aquella dudosa promesa y un café desabrido, soportaba el molesto tic-tac del reloj de pared que la miraba desafiante.
No podía dejarlo así, sólo, después de tantos años. Carlos la esperaba en Tafí Viejo, ella llegaría sonriente con su abrigo verde y su vieja valija de cuero, tal y como lo habían planeado. Y juntos irían a su pequeño pero seguro refugio de amor a esperar que todo pasase.
El plan fue repasado infinitas veces pero, ahora que estaba tan cerca, la culpa se había empeñado en compartir su mesa, como si estuviera sentada en la silla vacía frente de sí. Lo imaginaba aún con lágrimas en los ojos, aguardando su regreso, en la misma posición en la que escuchó su adiós. “Pobre Antonio”, pensó, “lo dejé allá, con este frío, sin su bufanda, con apenas una foto mía entre sus manos para que me recuerde…”
De pronto el estruendo de la máquina y la voz potente del guarda la volvieron a la realidad. El tren se iba y ella sabía al fin lo que debía hacer.
Mientras pedía la cuenta y recogía su equipaje, las campanitas de la puerta anunciaron que alguien acababa de entrar al bar. Un hombre alto de sobretodo beige y sombrero marrón se acercó hasta la mujer. Tembló, las monedas se le cayeron y pensó en Carlos esperando a alguien que nunca llegaría.
- ¿Sra. Mendizábal? – preguntó el hombre.
Ella asintió tímidamente con la cabeza.
- Queda detenida por el asesinato de su esposo. –
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Comentarios:

Escrito por: cuca       08/01/08 01:45
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Como siempre me sorprendes,nunca me imagine de un asesinato, me estuviste intrigada mientras te leía,me imaginaba que lo estaba dejando por un gran amor ya que tenián sus planes. muy pero muuuuuy BUENO TU AMIGA CUCA
Escrito por: Piegrande2       07/01/08 20:38
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Tomo tu comentario, Edwin...creo que la mejoraría mucho. Trataré de acomodarlo, creo que se puede. Muchas gracias por tu aporte.
Escrito por: perrosabueso       07/01/08 19:35
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Excelente. Yo (y nada mas que yo) tengo problemas cuando se da un cambio del punto de vista. Quiero decir, todo el trayecto del cuento esta visto desde el punto de vista de la protagonista, hasta que de pronto "un hombre alto... se acerco hasta la MUJER (ella)." Y luego la notificacion de su arresto, algo muy externo, en contraposicion a la intimidad y reflexion profunda de la protagonista. Yo hubiera mantenido el punto de vista de nuestra heroina hasta el final, pero no hay un motivo que justifique que no se pueda cambiar el punto de vista las veces que se quiera. Otra vez, excelente.
Escrito por: Geraldine       05/01/08 05:53
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Cristian, eres todo un experto en cuentos cortos, este ha estado bien llevado, con una excelente redacción pero la verdad es que el final fue un tanto precipitado e incluso de esperarse...en mi opinion.

Un beso!
Escrito por: ricardo48       05/01/08 03:34
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Una historia bien llevada con una narración prolija y amena. El final es inesperado y sorpresivo. Me gusto , Un abrazo
Escrito por: Poesiacarnivora       05/01/08 00:26
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Un buen relato, una narración bien llevada que nos coloca en una silla junto al personaje sintiendo la misma desasón que ella.
Mientras leía iba pensando un sin fin de cosas que haria la mujer, hasta pense que se tiraría debajo del tren, y he aqui la la astucia del autor sorprendiendonos con un final, que al menos yo no había sospechado.
Me gusto, me fue fácil y amena su lectura, y sobre todo me asombro.
Creo que es un relato, que a mi gusto personal, cumple con la función primordial de la literatura:Intimar con el lector y hacerlo disfrutar.
Te sigo leyendo, compañero.
Que las hadas te acompañen.
Páginas: 1

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