El rey Pen D. Jo

Categoría(s): microcuento
Por: Edwin Cuperes Vélez

    

     Los caminos se hicieron cada vez más intransitables, hasta que ya no fue posible mantener el intercambio mercantil ni allegarse a los festejos de la realeza. Desesperado, el rey pidió cuenta a sus ministros.

     —Se trara de Severiano, el jardinero. Ya no quiere trabajar.

     El rey decretó que al tal Severiano fuera puesto en calabozo y que otro súbdito del reino ocupara su puesto. Los ministros le recordaron al rey que esa orden no podía ejecutarse.

     —¿Por qué? —bramó el rey.

     —Por la magnanimidad de su alteza, los castigos hace mucho que fueron suprimidos y eliminadas las cárceles, de manera que el reino es tierra de inocentes.

     El rey escuchó al oído a sus consejeros.

     —Pues manden a cualquiera a que pode los árboles de los caminos. Se le pagará bien.

     Los ministros le recordaron al rey que no había nadie en el reino que pudiera ocuparse de la jardinería.

     —¿Por qué? —bramó el rey.

     —Por la magnanimidad de su alteza, a todos los habitantes del reino se les ha conferido títulos de nobleza: emperatrices, condes, condesas, pares, princesas y príncipes, infantes e infantas. La tradición prohíbe que la nobleza ejecute tareas tan innobles como la poda de árboles.

     En ese instante el capitán del ejército confirmó que un batallón de ingleses se acercaba al reino. No había manera de detenerlos a causa de la congestión de maleza que prohibía la movilización de la caballería. Horrorizado, el rey le preguntó a sus ministros si había alguna posibilidad de salvar al reino. La respuesta fue tajante:

     —Alguien debe comenzar cuanto antes la poda. Debe ser, según lo estipula la tradición, un plebeyo.

     Entonces, por la magnanimidad de su alteza, el rey abandonó sus titulos nobles y fue a podar los árboles. La caballería logró detener el avance de los ingleses y el reino fue salvado.

     Cuando el rey regresó a palacio encontró en el trono al jardinero aquel que un día cualquiera no quiso trabajar. Así comenzó el largo reinado, déspota y sanguinario, de Severiano I.

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Comentarios:

Escrito por: perrosabueso       02/05/08 18:45
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El cuento tiene sus problemas. Estoy contigo en esto, Isaias.
Escrito por: Ysa_himura       16/12/07 04:42
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Lo malo o lo bueno de un microrelato es que para leerlo debes tener base, sino te quedas en el aire como me ha pasado a mí. Tendré que leer sobre este hombre y luego releer este relato. Me parece que está demás, en: -...Debe ser, según lo estipula la tradición, un plebeyo. Estipula, no sé, es una opinión.

Hasta luego.
Escrito por: Aurelio       29/11/07 17:47
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Un relato divertido e irónico, aunque debo reconocer que esperaba un final algo más original.
Escrito por: EITILEDA       24/11/07 22:29
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sin baches el relato se lee por si solo, te deja pensando, interesante, besos y se feliz.
Escrito por: jmrousell       24/11/07 02:03
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Yo si lo considero Pendejo: Quiso romper la estructura social, sin crear conciencia en la población de que todos necesitamos de todos y que ningún trabajo es denigrante. Al parecer le hizo falta conocer la fábula de Esopo “El Buen Rey León”.

Felicidades.
Escrito por: rodia       24/11/07 00:16
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No creo que sea un rey pendejo mas bien fue consecuente con su intencion de gobernar. Quizas peco, espero como todos, con en deseo de hacer las cosas y de la única manera de hacerlos: uno mismo.

Es una historia que nos hace razonar, creer que aunque vayas a hacer algo para que funcionen no esperes recompensa, lo mejor es seguir haciendo las cosas bien porque sino no habria, auque no nos guste, el reinado de un Severino I y todos ya no esten aqui para sufrirlo.

Una buena historia. Que tengas un buen día.
Páginas: 1

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