
El reposo
Llegas a tu casa cansada después de nueve horas de trabajo tedioso entre papeles blancos y amarillos, después de aguantar a tu jefe, el cuello de jabalí de tu jefe, la cara de culo de tu jefe, y te dejas caer con todo el peso del cuerpo en el sillón de cuero como una bolsa de agua. Te sacas los zapatos con un movimiento mecánico (como muchos de los actos que realizabas últimamente: cruzar la calle, tomar el 23, llegar a casa, sacarte los zapatos, acostarte en la cama esperando el sueño, esperando quedar prisionera de ese mundo onírico, y decirle a Bruno que hoy no, que estás cansada) y sientes el pantalón de lino pegado a las caderas. Te gusta. Tus párpados te recuerdan que hace dos días que no duermes, cuando Bruno te dijo esas palabras tan duras, y desde entonces que no pegas un ojo, desde ese día parece que caminaras como un ciego perdido entre los suburbios de un mundo de sombras ¿Por qué Ana?
Sientes el cansancio en el cuerpo pero sabes que es otra cosa. El cansancio de vivir como en un recuerdo viejo y dudoso, como si tu vida fuera el eco de un pasado demasiado lejano o un manuscrito borroneado e inconcluso. Cierras los ojos como quien baja un telón y ahora ya no sientes el sillón bajo tu cuerpo ni el pantalón de lino bajo la carne. Te sientes liviana, ingrávida. Te dejas llevar por los pensamientos que se agitan en tu interior como un río subterráneo y te hundes en sus aguas barrosas. Nadie sabía que adentro tuyo había empezado a crecer una nube negra y hedionda que ya no cabía en tu pequeño cuerpo, que te tironeaba hacia abajo suave pero decididamente, hacia las profundidades de un pozo lleno de reptiles y telarañas. Nadie sabía el martirio que vivías, Ana. La dulce Ana, la comprensiva Ana, la boluda Ana. Nadie sabía del maltrato de Bruno y de las humillaciones que padecías. Los golpes eran lo de menos. Habías aprendido a absorber las trompadas como un buen boxeador y a disimular los hematomas con toneladas de rimel. No, no era eso. Era algo menos pedestre y que, sin embargo, no llegabas a comprender del todo. Como tampoco lo comprendería Bruno, que ahora te parece verlo parado a tu lado exigiendo una respuesta que no le puedes dar, y que igualmente tampoco comprendería. ¿Por qué, Ana? ¿Por qué lo hiciste? y la cara de Bruno parece un daguerrotipo antiguo que hablara desde otro mundo: ¿Por qué lo hiciste, Ana?
¿Y qué? ¿No estabas en tu derecho a hacerlo? ¿Acaso era justo vivir como si fueras un embudo profundo que se traga el presente sin hacer preguntas? No merecías esa vida, no, por eso tomaste el cuchillo de la cocina, Ana ¿lo recuerdas? Con el mismo movimiento mecánico con que hacías el amor o llenabas los papeles blancos y amarillos de la oficina. Y te dejaste caer en el sillón como una bolsa de agua ¿lo recuerdas Ana?
Y ahora ya no te sorprende ver a mamá y a Lila llorando desconsoladamente, y mamá que llora y te acaricia al mismo tiempo, mirándote sin comprender, y a Bruno, a Bruno que repite ¿Por qué lo hiciste Ana?, como un disco rayado. Y entonces sí, te vas. Te vas caminando sin tocar el suelo. Fresca, descalza, ingrávida.
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victorhugo
Comentarios:
Escrito por:
Momo
03/03/08 20:09
Estupendísimo relato. A través de los porqués y de esa voz que escucha tu personaje vas tejiendo una historia realmente impactante. Siempre me llevas un poco más allá… y prefiero pensar que su suicidio no fué tal y como lo he imaginado. Un abrazo victorhugo. Chares
Una historia realmente cautivadora. Lejos de hacerte una crítica a la forma, unos puntos aparte y una división de párrafos no caerían nada mal, al contrario acentuarían el drama, te diré que fluye con naturalidad y recorre la escala del sentimiento humano hasta llegar a ese desenlace, bien pensado, hasta elegante y digno, diría yo.
Felicitaciones amigo. De ahora en adelante estaré atento a tu trabajo.
Lino
Me quede sin palabras, y no intentare decir nada mas que MAGISTRAL forma de plasmar diferentes matices de un alma cansada, para no sonar tan empalagosa, pero no tienes idea de cuanto me ha gustado tu historia.
Un beso.
Un drama que finalmente te hace descansar junto alnarrador y protagonista. me gustó mucho. Saludos.
Escrito por:
nemesis
13/11/07 21:51
Tienes una fluidez en tu narrativa muy buena, que incluso siento algo de envidia de la peor.
En cuanto a las imagenes narradas, me parecen geniales, la forma en que uno se deja llevar por una incercia, que acaba por despojarnos la poca identidad que llegamos a poseer en este mundo se sombras, lo bueno es que siempre hay una salida, y olvidemos decoros, una salida es una salida...
Muchas, muchas gracias, animalson. Me da gusto saber que te llega lo que escribo.
Nos estamos leyendo, un abrazo.
Victorhugo
Maravilloso, Victor. Hasta ahora te había leído en relatos muy originales en temática. Temas etraños y fuera de lo común. Un realisimo mágico. Me preguntaba cómo sería leerte en un relato cotidiano, en un drama corriente. En verdad fue estupendo. Cuando hay talento, hay talento. Sin importar sobre qué se escriba. Muy buena historia, compañero, cargada de tención y narrada exquisitamente.
Nos vemos pronto. Abrazo
Gracias por leerme andrea, besos.
Victorhugo
Pobre Ana, buena la historia, bien relatada.
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