Según cuentan las historias familiares perteneció a mi bisabuelo, no funcionaba casi nunca, cuando lo hacía significaba que algo malo se avecinaba o había sucedido.
La familia lo concluyó después de tres experiencias. Orestes, hermano de mi abuelo quiso escalar el Aconcagua, una mala pisada y rodó casi tres mil metros. Esa medianoche el reloj dio las doce, todos se miraron asombrados y a los diez días llegó la carta con la infausta noticia. Mi tía Catalina quedó plantada por su novio ante el altar, el reloj lo anunció la noche anterior, mi primo Enrique que estaba a punto de recibirse dio mal la última materia y la fiesta preparada de antemano en la casa se suspendió abruptamente.
El reloj mudo testigo de nuestras vidas, impávido sobre la chimenea.
- Este desgraciado vive mudo, cada que vez que abre la boca algo grave nos pasa
- He decidido llevarlo al sótano
- No servirá de nada, sonará igual
- -Al menos no lo vamos a escuchar, lo tapamos con mantas, lo guardamos en una caja y nos olvidamos de él -
La abuela decidida lo cargó al hombro y mi tío lo desarmó.
Pero nosotros éramos chicos y nos moríamos de curiosidad. Una noche nos fuimos al sótano cuando todos dormían. Lo desenvolvimos con sumo cuidado y nos quedamos pasmados cuando a medianoche el reloj sonó.
Muertos de susto lo volvimos a poner en su lugar.
A la mañana nos dieron la noticia que la abuela había fallecido.
Lili Frezza
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