


| Escritor: | Ben |
| Públicado: | 12/08/2008 |
Novela de Ficción, con personajes de escribeya; encuéntrate
EN EL CAMPAMENTO
El ejercito estaba exhausto; llevaban cuatro días caminando entre senderos empinados; descansaban esperando el regreso de su Rey, sus caballos estaban sedientos y ellos hambrientos; los mas jóvenes parecían no sentir el cansancio, se divertían midiéndose en combate entre ellos; estaban decididos a pelear por su pueblo además de querer demostrar su valentía ante los de mas experiencia.
Balam; un joven de tez blanca y cejas pobladas se había despojado de su cota de malla y había desenfundado su espada.
Daba golpes al aire demostrando su habilidad con el metal; elegante con la espada y ágil con sus pies. Mostraba gran técnica al dar los zarpazos al aire.
__Cuidado,
que te vota el aire__
Le gritó un soldado con sarcasmo.
__Lo
mejor será que te quedes cuidando las provisiones y luego regresamos por ti__
Gritó otro.
Pero el joven seguía practicando sin voltear el rostro; el brillo de su espada resplandecía entre los que allí acampaban.
El
Sol se ubicaba justo sobre ellos deslumbrando con todo su resplandor; se
encontraban ya en tierras enemigas, muchos descansaban para el anochecer y
otros murmullaban con el ceño fruncido. La táctica era simple; descansar de día
y cabalgar de noche bajo la luz de la luna hasta llegar al próximo Ejido y
sorprender, asesinar a sus ocupantes y saquear; pero su objetivo era hacerse del poder de las
tierras. Y para ello debían llegar a la
ciudadela y derrotar a sus habitantes. Las provisiones que saqueaban eran
insuficientes y la desesperación se hacia sentir.
¡¡
La avanzada ha regresado ¡¡
Gritó Andrés Miranda; un soldado robusto y de cabello largo, era conocido como el Don Juan entre los soldados. Soltero por culpa de las batallas, padre de la bella Ximena, una bella Ugartina que lo acompañaba a las batallas en muchas ocasiones; aunque parecía tener unos 60 años aun lograba sacar suspiros entre las jóvenes Ugartinas.
Muchos lo envidiaban por su romanticismo.
Al escuchar los gritos de Andrés, los soldados se levantaron.
A lo lejos, se acercaban cabalgando hacia ellos los cuatro jinetes que se habían adelantado para luego decidir el camino a tomar con todo el ejercito; al frente de ellos el Rey Oscar Hugo cabalgaba sobre su caballo firme y con trote seguro.
__Os dejo unas horas y duermen sin temor como quien ha ganado una batalla__ Exclamo enojado Oscar Hugo al llegar junto a su ejercito.
Junto al rey estaba Norberto, un arquero de las tierras del Oeste con sed de victoria para su tierra; se había unido a los Ugatinos con la promesa de más tierras fértiles para su gente. Además estaba Isabella Marquin, la hija y heredera del reino; La más bella de las Ugartinas. Y el cuarto jinete era sin duda el de más confianza del Rey. Osito, un guerrero, y amante de la vida familiar; alegre y de entrega total cuando se trataba de bellas mujeres, de unos cuarenta años de edad, su estatura se acercaba mas al metro y medio que de los dos metros, su espectacular armadura cubría unos 160 kilos de brazos y piernas llenas de músculos, su armadura lo distinguía entre el resto de los soldados.
__¿Mi general; que hay mas allá de las montañas?__ preguntó valientemente Balam.
__¿Acaso piensas luchar sin tu cota de malla cubriéndote?__ Respondió el general
El joven soldado sin pensarlo levanta su cota de malla y la coloca sobre su cuerpo descubierto.
__Os traigo malas noticias__
Comenzó diciendo el Rey
__La guerra se aproxima, los Escribeyanos no se han rendido con vuestra amenaza; El Rey Regin nos ha respondido más rápido que lo esperado.
__Imaginamos que el enemigo se esta preparando en este momento para enfrentarse a vosotros sin miedo.
__¿Y que ha pasado con vuestro enviado?__ pregunto Andrés Miranda. __¿Os lo han encontrado de vuelta?, Debió regresar al amanecer y hemos esperado sin saber nada de el hasta ahora. __¿Tenéis noticias de él?__
__Siento informarles a todos vosotros de una mala noticia sobre vuestro enviado.__ Contestó el Rey.
El general que había desmontado su caballo se situó al lado del Rey y su semblante no pudo ocultar lo que los soldados se temían.
__Tras
las montañas hemos encontrado una visita inesperada. __continuo el gran Oscar
Hugo
__Los Escribeyanos nos han obligado a ir y derramar sangre con vuestras espadas, como ha sido nuestro propósito desde el principio.
__Un
jinete de aquellas tierras nos ha encontrado en las montañas y ha dejado un
pequeño objeto de madera que traía en su montura. Nos ha dicho que es la
respuesta del Rey Regin ante la amenaza de que se rindieran ante vosotros si derramar sangre.
__Gran sorpresa nos hemos llevado al descubrir el contenido de este pequeño objeto. ¡¡Contenía la cabeza de Joseph¡¡; el caballero que enviamos.
Todos
los soldados se miraron entre si. Muchos golpearon su espada contra el suelo.
__¡¡ No me sorprende ¡¡ Exclamo Nesfran, que se encontraba entre los arqueros que habían llegado con Norberto.
__Esa respuesta de asesinar a vuestro compañero los condena ante vuestras espadas__ continuo
El
joven Balam se hizo espacio entre los que estaban al frente y con la gran valentía
que lo caracteriza se dirigió al Rey, diciendo.
__Somos
más fuerte y en mayor cantidad, es preciso que zarpemos lo más pronto y
ataquemos mañana al anochecer; no hemos de darles tiempo a que preparen su ejército.
__Calma
mi soldado__ contesto Osito
__Debemos ser cautos ante esta situación, noto tu gran valentia pero no caigas en la desesperación. Debemos ser cuidadosos con vuestras tácticas.
__Vuestro General esta en la razón__ continuo el Rey
__Veo que la juventud de muchos de vosotros los hace caer en la sed de venganza; ¡¡pero acaso no sabéis que la Ciudadela de los Escribeyanos esta rodeada de un muro que supera en más de tres veces vuestro tamaño¡¡.
__Para derrotarlos debemos de usar vuestras cabezas mas que vuestras espadas, prepárense porque mañana al amanecer partiremos. No lleven mas de lo necesario, iremos ligeros y lo daremos todo por vuestro objetivo. ¡Quedarnos con las tierras de los Escribeyanos¡
__Vuestro
General y yo estudiaremos como penetrar las murallas. Os advierto que muchos de
vosotros no sobrevivirán a esto. Si quieren ser parte de la historia de los
Ugartes, ¡deben escribirla en esta guerra¡.__ Finalizó el gran Oscar Hugo.
El ejército de los Ugarte comenzaba a escribir su destino. Sabían de las historias que se contaban de los Escribeyanos. Guerreros fuertes, un Rey sin misericordia, un General que conocía todas las tácticas de guerra contra sus enemigos. Pero el ejército de Ugarte confiaba en su General Osito y en Romang el mejor en el combate a espada, el más conocido de sus guerreros. Debían prepararse para salir victoriosos; querían guerra, guerra iban a encontrar.
Copyright © Benjamin Brito
|
Imprimir |
Enviar historia |


