El Rayo Azul de la Noche III PARTE
Sin embargo desapareciste un día de la casa de tu abuela, cuando supiste que mataron a tu abuelo, cuando de la chacra robaron tus vacas y tus caballos. Cómo pudiste estar pérdida por esos montes, por esa inmensa selva desconocida, con esos hombres que hacen su revolución matando gente en todos los pueblos. Cómo has vuelto, me alegra, lo esperaba, ya apunto de perder el orizonte de la esperanza. Un día dijeron las mujeres, las muy juiciosas del pueblo que te habían visto huir con un hombre. Yo me había puesto triste. Pero yo no los creí, seguro estabas en algún lugar del mundo.
Nunca dije que te quería. Que me gustabas, que te quería con tus ojos lindos de café. Y te diré, mañana que tu abuela lloró tanto al saberlo, lloró más todavía casi hasta morir cuando le dijeron que te habían visto muerta como un perro en un camino. Y ella sabe que has muerto, que ya no existes. Como lo sabe todo el pueblo, menos yo, por que has de saber que un día lo supe por boca de un amigo tuyo que ha desertado de los suyos, que no habías muerto, si no que estabas por ahí con el arma, caminando por caminos difíciles, por ríos, por quebradas y montañas.
Y fue un día cuando me dije: te veré por que quiero verte como amigo, por que te quiero por que me querías más que a los otros de la escuela. Y te diré, que fue una noche cuando te volví a reclamar cuando estaba echado sobre la grama mirando el cielo, bajo la sombra del mago, cuando pensaba en ti. Y has de saber que no creí que estuvieras de verdad andando con armas, si no hasta ahora que veo tus botas negras y tu polo negro, como todas las que he visto llegar a este pueblo, y que decían pertenecer al ejercito popular y pintaban las paredes de las casas.
Mientras te veo dormir, mientras yo parpadeo por el sueño, me voy durmiendo escuchando caer la lluvia con viento, con relámpagos, con truenos. Debe ser la madrugada, y el sueño cae pesadamente sobre mis parpados, Myriam.
Solo entonces, cuando ya es de día, cuando siento el frío de la mañana después de la lluvia, es cuando abro los ojos, y me duelen al mirar, como si me hubieran dado un golpe en los parpados. Veo la llama del mechero que arde todavía sobre la mesa. Doy un leve soplo y se apaga la llama. Y en la cama veo que tú estás, dormida, con un brazo a punto de descargase para el suelo. Me levanto de un salto de la silla, con el cuello adolorido, y toco tu cuello que ya no calienta como en la noche. Veo tu mochila azul a tu lado. Veo que duermes tranquila. Tiene la cara pálida, los labios gruesos como siempre los tuviste, solo que ahora los tiene resecos por la fiebre. Se nota un poco tu delgadez, y haz crecido como lo presumí en mis días tristes cuando muere la tarde. Cuando mataron a Pericles.
Ahora te dejo ahí mientras duermes. Salgo afuera del cuarto tratando de no abrir mucho la puerta para que nadie vea que esta ahí conmigo. Y veo la calle discurriendo las aguas de la lluvia, y veo pasar a don Nemesio Sangama como una sombra en medio de la neblina que caído en el pueblo, con los pies llenos de barro colorado, dirigiéndose hacia la quebrada para ver la crecida. Veo a los demás vecinos que miran desde sus puertas, de brazos cruzados, conversando sobre la lluvia, mirando el tiempo ceniciento. En las huertas veo elevarse un vapor humeante que sale de las hojas de los árboles, de la tierra y su grama mojada. Yo me froto la cara para despertarme otra vez, y a esa hora, la brisa es fría y recorre las calles del pueblo. Echo candado a la puerta y me dirijo a la cocina. Veo a la tía mirando arder la candela, mientras que el tío Diómedes me ve llegar y me dice: que tal sobrino, pareces que nos has dormido bien, tienes los ojos rojos como de brujo. Yo les doy los buenos días y luego le digo: Con el ruido de los truenos de la noche, ¿quien puede dormir bien? Anoche parecía el diluvio tío. Mi tío sonríe, habla despacio de la lluvia que ha sido buena. Luego doy la vuelta y salgo a lavarme la cara con el agua recogida de la lluvia. Siento la frialdad con que moja mi cara, mis ojos.
Tomamos desayuno, sentados en la mesa familiar, veo al tío tomar sorbos de café humeante y morder plátanos fritos. Sigue hablando sobre la lluvia. Mientras que la tía le sigue la conversación, yo estoy pensando en Myriam, en la pobre que de no haberse cruzado en el camino en la noche, de repente hoy al amanecer la hubiéramos encontrado muerta en el lodazal. Cuando veo al tío mirar por la puerta de la cocina hacia el bosque que se levanta frente a nosotros, yo quiero decirle que en mi cuarto está Myriam, que la he encontrado en la noche, que no está muerta, pero yo le oigo decir: lastima que ahora se está jodiendo todo por la guerra entre nosotros los peruanos. Agradece por el desayuno. Lo veo levantarse y poner las manos en el bolsillo. Cuando yo tomo el último sorbo de café, y cuando mi tía está apunto de preguntarme algo, escuchamos unos golpes precipitados en la puerta. Mi tía se queda con la palabra en la punta de la lengua, para decir que alguien llama, el tío Diómedes se adelanta y sale a ver el llamado. Yo de repente le sigo con la mirada hasta ver abrir la puerta. Y entonces veo a un par de soldados con el cuerpo mojado, con las botas embarradas, bien armados que le hablan a mi tío. Solo se escucha voces sobre una orden. Yo abro los ojos de sorpresa, y pienso que eso iba a suceder en algún momento. Yo le digo a mi tía que mira mi nerviosismo: soldados tía, el ejército está otra vez aquí. Ella pone una cara grave. La abrazo. Veo a mi tío que levanta su mano en señal de que ahora regresa, y camina calle abajo acompañado por los soldados. Mi tía se pone aun más nerviosa. Salimos de la cocina hacia la calle para verlo, y vemos que se dirige a la casa de la Tenencia de Gobernación, donde un grupo de soldados la custodia. La gente desde sus veredas miran desconcertados, algunos mejor se guardan en sus casas, entran, otros salen a curiosear. Mi tío llega y entra a la gobernación. Yo le dije a tu tío que no aceptara ningún cargo por que solo le trae problemas, y el no me hizo caso. Le oigo decir despacio a mi tía. Vendrá el Sendero y hará lo mismo. Esta arriesgando su pellejo tu tío. Dice, mientras vemos llegar a un hombre amarrado como ganado, con el cuerpo mojado y embarrado, delante de los soldados con pasa montañas.
...CONTINUARÁ......
Que bueno que te animaste a seguirla...a ver que pasara ahora...
Te sigo leyendo con mucho entusiasmo, esta super interesante
Besos