EL PRINCIPE DE CHOCOLATE (Este cuento es para JuanCruzBordoy)

Categoría(s): Cuento infantil

 

E

n un lejano país había un príncipe llamado Nicanor que quería casarse con una princesa, pero con una princesa de verdad. Esto era lo más difícil, porque todo lo que él conocía era de mentira. Su mundo no era real y él parecía ser el único que lo sabía.

 

Tan fuerte era su deseo de vivir en un país real y conocer a una bella princesa de verdad, que no dejaba de pensar en cómo podría abandonar su mundo de chocolate porque era consciente de las dificultades que habría de pasar si lo hacía. Sabía que al otro lado de la frontera brillaba un sol implacable y que en el momento en que pusiera un pié fuera del abrigo de su mundo se derretiría y quedaría convertido en un charco oscuro,  sin movimiento y sin pensamiento alguno.

 

Pero también era consciente de lo atractivo que era, del color marrón y brillante de su cuerpo y de su olor dulce y apetecible. Sabía que esto sería suficiente, dada su peculiaridad, para atraer y seducir a cualquier mujer. De manera que sólo tendría que pensar en el modo de protegerse de las agresiones del sol para poder llegar hasta un palacio y una vez dentro, al abrigo de los rayos, conquistar a su princesa.

 

Su padre, antes de morir, le había contado el porqué todo su pueblo había sido convertido en tabletas de chocolate con forma humana, pero también le había dicho que fuera de allí había gente de carne y hueso que no se derretía. En tiempos muy remotos fueron castigados por ser un pueblo que al principio era valiente, después fué violento y finalmente de una dureza y una crueldad tan implacables que su dios los convirtió en algo tan blando y vulnerable como escarmiento.

 

Siguió pensando en su idea, pero como no daba con una solución fué a ver a su amigo el mago. Al contarle sus deseos, éste se echó las manos a la cabeza e intentó convencerle de la imposibilidad de sus pretensiones. Pero él, tanto, tanto le suplicó, que el mago, después de pasar toda la noche sin dormir, fué a buscarle al día siguiente a su palacio para decirle que creía tener la solución. Se le había ocurrido lo siguiente: harían una especie de cajoncito con ruedas, donde él se metería. Dentro del cajón habría un ventilador con una cuerda que iría enganchada a las ruedas delanteras. Al rodar el cajón, el ventilador se accionaría y él, al ir con la tapa cerrada y el ventilador cumpliendo su misión, que era ventilar, no se derretiría. La única condición era que no podría pararse, para lo cual el cajón no llevaría frenos y sí un palo a modo de timón para que él pudiera manejarlo moviéndolo de derecha a izquierda. Siempre tendría que ir hacia adelante. También pondría en la parte delantera del cajón una pequeña rendija para que pudiera ver por dónde iba.

 

A Nicanor le pareció una idea estupenda y como tenía tanta prisa por ver cumplidos sus deseos, instó al mago a poner manos a la obra inmediatamente. Al día siguiente, muy temprano, subieron al pico más alto de una montaña cercana para coger carrerilla. Nicanor se metió en el cajón, no sin antes abrazar al mago y agradecerle lo que había hecho por él.

 

Muy pronto salió de su pequeño país  y empezó a sentir un poco de calor, pero la idea del ventilador funcionaba y pudo comprobar con mucha satisfacción que su cuerpo seguía intacto. Notó enseguida con gran alegría que al traspasar las fronteras no hacía calor, sino todo lo contrario. Su carrito, manejado por él con destreza, avanzaba rápido sorteando las piedras del camino. De pronto, vió cómo el paisaje cambiaba y poco a poco se iba convirtiendo en un paisaje blanco. Entonces recordó que su padre le había hablado de ello. ¡Era nieve!. ¡Su salvación!. Toda la preocupación que había tenido era en vano. Fuera de su país era invierno y eso suponía algo muy bueno para él. Lleno de felicidad abrió la capota del carro que, por cierto, ya no podía continuar adelante debido a la nieve y se dispuso a seguir su camino a pié disfrutando de aquel paisaje maravilloso.

 

Anduvo y anduvo sin problemas ya que, con el frío que hacía, no se veía ser viviente alguno. De pronto vislumbró a lo lejos un gran castillo y su corazón se llenó de alborozo. Allí estaría su princesa esperándole. Cada vez estaba más cerca …

 

La princesa, en realidad, no estaba esperándolo, pero sí estaba mirando por los cristales de su ventana y de pronto vió aparecer a un gallardo joven de un extraño color, tan extraño que la maravillaba. Su cuerpo brillaba por el agua que la nieve iba dejando sobre él. Le encantó su paso decidido y según estaba más cerca, la expresión de su rostro. Cuando él ya estaba casi a las puertas del castillo, ella salió de sus aposentos y corrió a decirle a los lacayos que estaban en la puerta que la abrieran de par en par y le dejaran pasar.

 

Nicanor pasó, se miraron e, inmediatamente, se enamoraron. La princesa, después de unas cuantas palabras, le dijo que quería llevarlo ante su padre para que éste le conociera y les concediera el permiso para casarse. También le dijo que no se preocupara, porque su padre la quería tanto que no opondría resistencia alguna.

 

Lo que la princesa no sabía era que, escondido detrás de una cortina, estaba observándolo todo Sigfredo el Cruel, quien, enamorado de ella desde la niñez, haría todo lo posible por evitar aquella catástrofe que se le avecinaba. Sigfredo miró con detenimiento a Nicanor, y aunque al principio le parecía un poco extraño, no acertaba a descubrir qué era lo que le producía tal extrañeza. Entonces se dió cuenta: no era de carne y hueso, era de chocolate. Triunfante por su descubrimiento, salió de detrás de la cortina y se presentó. Convenció a la princesa de que fuera ella sola a contárselo a su padre, mientras él hablaba con Nicanor para darle la bienvenida y así poder conocerse. Ella, atribulada como estaba, no lo dudó y salió corriendo escaleras arriba en busca del Rey.

 

Sigfredo, deshaciéndose en cumplidos con Nicanor, le llevó al salón de la chimenea, abrió la puerta, le indicó que pasara e inmediatamente la cerró. Nicanor se dió cuenta enseguida de la trampa. Por su cuerpo empezaron a correr gotitas marrones. Rápidamente reaccionó y se puso a luchar con Sigfredo, quien sorprendido por la rapidez de Nicanor, fué abatido al momento.

 

De cualquier manera y a pesar de la rapidez de Nicanor, fué inevitable que quedaran algunas huellas en su cuerpo. En su brazo estaban marcados los cinco dedos de Sigfredo y esa huella ya estaría allí para siempre.

 

La princesa abrió la puerta. Iba acompañada del Rey. Ambos se dieron cuenta enseguida de lo que allí había pasado, pues sabían de las malas artes de Sigfredo. La princesa vió las huellas en el brazo de Nicanor, pero cuando iba a hablar, éste se lo impidió. El,  sintiéndose aterrorizado porque empezaba a derretirse, la rogó que salieran de allí y una vez a salvo del calor del fuego, le contó de donde venía y quién era. Ella  no podía dar marcha atrás porque ya estaba enamorada. Apreció mucho el esfuerzo de él para llegar hasta allí y quiso casarse. Su padre, que no podía negarle nada, lo consintió.

 

Se casaron y vivieron muy felices en aquel País de las Nieves. Nunca jamás se volvió a encender una chimenea en palacio, pero no hacía frío…  el calor del amor lo inundaba todo.

 

F

IN

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Comentarios:

Escrito por: Momo       31/07/08 15:12
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Claro que puedes Loreto. Los cuentos son para los niños. Saludos
Escrito por: Loreto_Silva       31/07/08 06:07
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Que hermoso, hago un Taller de Cuentacuentos, para un hogar infantil, me autorizas a usar este cuento, daré tus referencias.

Loreto.
Escrito por: Momo       30/07/08 00:59
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Me alegra jhondy. Besos
Escrito por: JHONDY       30/07/08 00:39
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que lindo este si me gusta
te sigo Bay.
Escrito por: Momo       01/04/08 18:39
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Por mi parte, te doy las gracias a tí guadalupe40 y me gusta que te haya gustado.
Escrito por: guadalupe40       01/04/08 18:30
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Delicioso tu cuento, no sólo por el chocolate que realmente es muy rico, sino por ternura y dulzura en lo que has escrito, felicitaciones a los dos, al autor y al niño para quien va dirigido. Guadalupe
Escrito por: Momo       27/03/08 16:20
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Gabriela... se lo he regalado porque antes él me emocionó. Otro abrazo para tí.
Escrito por: GabrielaAgilda       27/03/08 13:30
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Amiga mía...Felicitación por partida doble:por tu talento y por tu marvillosa idea de regalarle este precioso relato a mi dulzurita de amigo.
Un fuerte abrazo:GABRIELA
Escrito por: Momo       26/03/08 23:04
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Buenlector, te agradezco tu visita y te envío un saludo.
Escrito por: Momo       26/03/08 23:04
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Juan, otro beso para tí.
Escrito por: Buenlector       26/03/08 18:58
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Un pais de las nieves, pero no hacia frío...que mejor, para el gran amor de seres de chocolate..muy entretenida tu historia.
Escrito por: JuanCruzBordoy       26/03/08 16:58
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Si el príncipe se derritiera, algo malo ocurriría.Si tú no me lo dieras,nunca lo sabría .Un río de gracias .
Un abrazo y un beso.
Juan Cruz.
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