


| Escritor: | Norberto |
| Públicado: | 21/08/2007 |
¿De qué se trata? pregunta Carlos desde el otro lado de la mesa, mientras sirve el azúcar.
Fijate vos responde mirándolo- Años de casado y un día cualquiera, el peor de muchos, sin darme cuenta me hice sabio para tratar a mi mujer.
Ahora discuto con ella sólo de tanto en tanto, y livianito, lo suficiente como para que no piense que perdí mi interés en ella. Un par de veces al mes. Luego viene la reconciliación... ¡Vos me entendés!
Claro dice Carlos, con voz y gesto de no muy seguro.
Me estaba divorciando de mi mujer expresa su amigo con voz sufrida.
Por la mañana continúa Hugo, dando muestra de no haber escuchado el comentario recibí la desagradable visita del abogado Meléndez, el que hace laboral, notificándome del juicio de una empleada que despedí por inútil.
¡Qué injusticia!... Pero no entiendo lo del milagro.
Por la tarde continúa sin responder a la duda de su amigo mi principal competidor ganó la licitación de la provincia. Contaba yo con ese contrato para poner al día mis finanzas
¡Para colmo! lo interrumpe Carlos.
Al mediodía no almorcé sigue Hugo dando la sensación de hablar consigo mismo. Los nervios me lo impidieron...
¡Habrás fumado que ni me cuentas! lo interrumpe nuevamente Carlos con expresión insidiosa.
Hasta intoxicarme... Se produce una pausa.
¿Qué más? insiste Carlos con cierto morbo. No vas a decirme que ahí termina la historia.
Recién empieza Se para Hugo luego de sacar de su billetera un billete que coloca bajo la azucarera y de beber de un trago la soda de su vaso. Yo invité, pero ahora tengo un compromiso palmea su espalda.
Disculpá Carlitos, continuamos mañana, después de mediodía.~~~
Ese día fue de terror dice Hugo, luego del primer sorbo de café. A primera hora me visitó el doctor Meléndez, como te dije ayer; luego viajé a San Luis en colectivo, porque no tenía asegurado el coche...
Te escucho dice Carlos llevando el pocillo a sus labios.
¡Hoy sí que tomé mi café caliente! Termina Hugo su café con un largo sorbo y se queda pensativo mirando el pocillo.
¡Te estoy escuchando!...
Continúo: Perdí la licitación de la provincia; quise cobrar un cheque que no tuvo fondos y sin ese dinero la concesionaria no me entregó la patente del auto; no pude almorzar por la tensión...
Hablá tranquilo, Hugo, o vas a sentirte mal.
Tienes razón. Como te decía, además de mi mala suerte en San Luis y de haber hecho todas mis diligencias a pie, regresé parado en un colectivo abarrotado de gente...
No verías la hora de llegar a tu casa.
Así es, y para sacarme el mal humor, tomé un par de copas cuando llegué a la Terminal, antes de subir a un taxi.
¡Caray!
Era de noche cuando llegué a casa Habla Hugo lentamente, como iniciando un cuento de suspenso. Mi esposa estaba de mal talante. En un estacionamiento le habían hecho una abolladura al coche nuevo termina levantando la voz, rápido y muy fastidiado. ¡A mí coche nuevo!... y como no pude retirar la patente en San Luis, no lo cubrió el seguro.
No sé si te hiciste sabio con todo eso, pero curtido....
Continúo: Había estado mi suegra de visita y recién se iba. Mi mujer no me esperó y cenaron temprano. Casi sin saludarme me recriminó que haya estado todo el día ausente.
¿Vos no le explicaste?...
No. Tampoco me preguntó ni se interesó por mi viaje ni se disculpó por lo del coche. Para una mujer la culpa siempre la tiene el otro. Hizo una pausa para encender un cigarrillo. Para desquitarme, porque exploté, la acusé de ser una pésima cocinera.
¿Ella que dijo?
Me contestó que mal podía yo juzgar sus habilidades culinarias con el aliento a alcohol que traía.
Errada no estaba. ¿Qué pasó después?
Le repliqué que se estaba poniendo vieja y de mal genio como la pelotuda de su madre.
Primer error tuyo.
Es posible, porque me contestó que al menos su madre no había cometido la tontería de casarse con un idiota.
¿Y vos?... la voz de Carlos denota impaciencia.
Para entonces bramaba como un toro enfurecido.
Segundo error tuyo... ¿Y ella?
Ella chillaba y hacía volar los platos.
No me cuentes más dice Carlos con las palmas abiertas en señal de que calle. Sé cuanto sigue, por algo vivo sólo: los perros ladran, los vecinos golpean las paredes, los nenes lloran, y si te descuidás la policía está en camino.
Dejame terminar. En medio de todo veo por la ventana que de una rural Chevrolet Blazer 4X4 roja se baja el Coco Salvatierra, el primo de mi mujer ¿Te acordás? Mira su reloj y parándose, exclama: ¡Caray! ¡Cómo se pasa el tiempo!
Está bien, está bien. Vos siempre me dejas en lo mejor se levanta también Carlos y con expresión resignada y dejando un billete bajo la azucarera, agrega: Hoy pago yo. Mientras salen juntos se le escucha decir en el camino: ¡El Coco Salvatierra! ¡Claro que lo recuerdo! Era un flaquito algo extravagante...
~~~
Había quedado ayer en que vi por la ventana estacionar y bajarse de una Blazer 4 X 4 roja al Coco Salvatierra, el primo de mi señora Dice Hugo luego de probar su café y ya no se parece al que vos recordaste, un flaquito algo extravagante...
Que pintaba para tiro al aire lo interrumpe Carlos completando la descripción: y que se fue a España hace... como veinte años.
Cuando se salvó del servicio militar. Escribía cada muerte de un obispo.
¡Con razón! Exclama Carlos y apura su café En estos años no supe de él; ni siquiera lo recordé, no era de nuestra barra.
Es unos años menor que nosotros. Cuarentón sin problemas, con pinta y soltero, pero...
¿Pero qué?
Mirá, es fachero explica Hugo sonriente y terminando su café pero volvió medio rarito de España. Vos me entendés, ¿no? Ahora te da una tarjeta que dice: Doctor Federico Salvatierra Psicólogo de mujeres.
¡¿Doctor?! Exclama Carlos con expresión de asombro. Lo recuerdo como la versión pretérita del macho posmo, algo amanerado ¿Cómo te llevás con él?
¡Bárbaro! Me ha caído de perillas Contesta Hugo luego de tomar su soda.
¿Tu mujer no te hace más dramas cuando viajas?
Para nada. Hicimos un acuerdo. El primito nos ha cambiado la vida. La calma con su sola presencia y yo aprovecho.
Voy entendiendo. Ahí te hiciste sabio, piola, ¿cómo era?
Algo así contesta Hugo sonriente. Filosofía pura. Porque la filosofía está en todo... Eso dice el Coco.
¡También filósofo!
Dice que todo el mundo, hombre o mujer, lleva cierto grado de enojo en sí, pero que tiene vergüenza de confesarlo y se aguanta hasta que algo enciende la mecha y explota.
Estoy de acuerdo con él.
Ahora anda todo el día con mi mujer organizando la Liga de esposas solidarias. El sábado pasado dio la charla inaugural. El tema fue: El delicado arte de la riña conyugal.
¿Entrada gratis? Pregunta Carlos sonriente.
¿Gratis? Cobraron como si fuera el Teatro Colón y la mitad fue para el Coco. ¿Podés creerlo? Estaba lleno de matrimonios.
Estoy asombrado.
Podríamos intentar verlo esta noche, aunque es sólo para mujeres.
Pagaría con gusto las entradas. ¡El Coco! ¡Quien lo hubiera dicho!
Como te dije, esta conferencia es exclusiva para mujeres. La organizó para después psicoanalizarlas. Es un piola y las mujeres son su negocio.
Sí, pero... ¿Qué desperdicio de hombre, no? Pregunta Carlos con expresión insidiosa. Digo, por lo de rarito.
Aunque tiene presencia y conversación como para levantarse cualquier mina, así es asiente Hugo Mientras se levanta y deja un billete bajo la azucarera. Lo importante es que a mi mujer y a mí nos cambió la vida; mi casa es otra. ¡Hogar, dulce hogar!
Quedemos de acuerdo para ir juntos a la conferencia del Coco apura Carlos, levantándose también. ¿Paso a buscarte?
Mejor lo hago yo después que salga mi mujer. Así no sospecha. A partir de las 22 me esperás en tu casa.
~~~
Hugo y Carlos entraron al salón de la conferencia cuando ya había comenzado. La esposa de Hugo, que era la presidente de la Liga de esposas solidarias seguramente había presentado al orador y compartía el estrado. El tema era exclusivo para mujeres casadas de cuarenta a cincuenta años, que ocupaban todas las sillas. El título, como se podía leer, era El misterioso encanto de la menopausia. Una propuesta de vida.
El ingreso de Hugo y Carlos había pasado desapercibido, y así debía ser, ya que estaba prohibida la presencia masculina. Lo primero que vieron al ingresar al salón fueron las dos mesas juntas haciendo una, con un mantel grande y elegante que llegaba al piso, un florero con flores, una botella de agua mineral y dos vasos a medio llenar.
Es la mesa académica Dice en voz baja Hugo, orgulloso de ver en ella a su mujer. Y el primo le habla a esa cantidad de mujeres elegantes del auditorio.
Tratemos de pasar desapercibidos le dice Carlos al oído, mientras lee a lo alto un cartel grande de fondo que dice: «LIGA DE ESPOSAS SOLIDARIAS Conferencia del Dr. Federico Salvatierra, psicólogo de mujeres. Tema: El misterioso encanto de la menopausia. Una propuesta de vida».
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Se lo veía al Dr. Salvatierra elegante, simpático y seguro de sí mismo. En ese momento leía su disertación. Mientras Hugo ya ponía cara de aburrido, Carlos se dispuso a escuchar atento:
...porque pareciera, queridas amigas, que confesar cierto grado de enojo como una sensación latente, es para el hombre moderno tan descortés como lo era antes que Sigmund Freud se refiriese al ímpetu sexual... Breve pausa en que el disertante recorre con su mirada a la concurrencia femenina. Es que la agresividad, chicas, es una presión, pero también es un estímulo, tan básico y humano como el sexo. Deben quitarse toda vergüenza y hablar con sus parejas cuando sientan estos impulsos. No deben reprimirlos. Deben dirigirlos... Bebe lentamente de su vaso y hace una pausa prolongada mientras mira a la expectante audiencia.
¡Miralo vos al Coco! dice Carlos en voz que simula baja, casi al oído de Hugo. ¡Quién lo ha visto y quién lo ve! Empiezo a justificar tus elogios.
Te lo dije. El doctor Federico Salvatierra levanta su vaso y bebe, para continuar:
...y nada mejor para dirigirlos en el sentido correcto que la práctica del sexo. Cuando nuestros ancestros primitivos vivían en la selva, rodeados de enemigos verdaderos y mortales, este impulso los mantuvo vivos. Hoy el problema se complica, porque habitualmente nos encontramos con aquello que los psicólogos llamamos enemigos íntimos: ciertos parientes, suegros, esposos, algunos hijos, y otra gente que algunas veces querríamos matar, pero hacia los cuales sentimos un afecto real y permanente... Interrumpe la audiencia femenina, que se levanta de sus asientos para aplaudir.
Se la ve a la esposa de Hugo pidiendo con ambas manos que las señoras ocupen sus asientos
¡Por favor, amigas, siéntense! ¡Por favor, amigas, siéntense! y al público femenino que exclama entre aplausos insistentes ¡Bueno! ¡Muy bueno!
¡Te lo dije! ¡Te lo dije! dice Hugo cuando se calman los aplausos, muy expresivo y en voz alta, pero su comentario pasa desapercibido por la euforia del público femenino.
¡Silencio! indica Carlos con el índice en los labios.
El doctor Federico Salvatierra agradece con inclinaciones de cabeza y se toma su tiempo para seguir, aún cuando el silencio es absoluto.
Cuando montamos en cólera con alguno de nuestros enemigos íntimos, nos hacemos trizas por dentro. No comprendemos que no reñir es bueno sólo entre extraños. Cuando dos personas comienzan a interesarse de verdad se vuelven emocionalmente vulnerables... y empieza la batalla. Se producen nuevos aplausos y comentarios del público.
¡Cierto! ¡Muy cierto! ¡Hicimos bien en venir!... Algunas señoras se levantan al aplaudir y la señora de Hugo pide nuevamente con sus manos que ocupen sus asientos.
¡Por favor, señoras, siéntense! ¡Por favor, señoras, siéntense!
Hugo, en voz alta, pero al oído de Carlos, le dice:
Ya me estoy cansando. ¡El Coco está creici, Carlos!
¡Callate Hugo que nos sacan!
Me voy, Carlitos, disculpame, pero mañana tengo que laburar. Vos quedate si querés le habla Hugo al oído de su amigo, que le responde con un gesto afirmativo, prometiéndole en voz baja:
Nos vemos mañana en el bar.
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El doctor Federico Salvatierra agradece con inclinaciones de cabeza y se toma su tiempo para continuar):
Entonces llega, siendo como es de traviesa la naturaleza humana, el momento de la reconciliación. Pero en toda pelea marital de buena ley, que es vuestro caso, hay ciertos elementos básicos que deben destacarse con vigorosa claridad, como en el alegato de dos hábiles abogados ante un tribunal Hace una pausa.
Por favor, chicas, escuchen con la mente abierta pide la señora de Hugo con expresión de saber de qué se trata. Los consejos del doctor son para felicidad de nuestros matrimonios.
Ahora el doctor Federico Salvatierra comienza hablando lentamente, con expresión seria:
Una vez que han empleado vuestra elocuencia para demostrar que sus esposos debieran pasar más tiempo en casa en vez de gastarlo en el club o en sus negocios, por ejemplo, la labor de sus maridos consistirá, y es un clásico, en repetir la acusación con sus palabras, a fin de dejar sentado que las han entendido. ¿Me siguen hasta ahí?
¡Sí! dice al unísono el público femenino.
A continuación, y escuchen bien continúa el disertante: ellos presentarán su defensa: Les dirán, por ejemplo, que el club es importante por razones de negocios, y los negocios por razones de peso; y les preguntarán, también por ejemplo, cómo mandarían sus hijos a la universidad si ellos no hacen buenas relaciones comerciales. Les harán un razonamiento amable pidiéndoles que los dejen asistir al club y viajar por negocios; y hasta les prometerán que, por lo menos una vez al mes, saldrán con ustedes a cenar y al espectáculo que elijan... y ustedes aceptarán contentas. Hace una breve pausa y las señoras del público, pensando que la conferencia había terminado, se dan por satisfechas y aplauden de pie.
¡Bravo! ¡Bravo! y la esposa de Hugo pide con ambas manos que las señoras ocupen sus asientos y las señoras se sientan. Les dice:
El doctor no ha terminado. Escuchen bien y con la mente abierta el resto de la conferencia... ¡Para bien de vuestros matrimonios!
El doctor Federico Salvatierra comienza hablando lentamente:
Como les dije, aceptarán contentas la propuesta de sus maridos. Pero cuidado, si no quieren volver a las discusiones donde ustedes salían perdiendo, deben orientar esa decisión con la mente abierta, como les pidió (mira a la esposa de Hugo) vuestra presidente de la Liga de esposas solidarias y aplicar una estrategia inteligente.
¿Vamos bien?
¡Sí! gritan al unísono.
Bien. Con vuestra decisión ya tienen prácticamente en sus manos el gratificante final y la felicidad de sus hogares... El doctor hace una pausa observando su audiencia, que ve en silencio y expectante.
La señora de Hugo habla:
Federico les dará su receta profesional. Pero, ¡por favor!... insisto en que escuchen con la mente abierta.
Entonces el doctor continúa, seguro de sí:
Aceptarán la propuesta machista. Permitirán que sus maridos vayan sin ustedes al club o en viaje de negocios. Se mostrarán satisfechas si al menos un día al mes sus esposos las invitan a salir. ¿Están de acuerdo?
Sí responden, ahora con tono ambivalente, pues piensan qué eso es toda la receta.
Ya no las veo tan seguras el doctor les habla lentamente. Por eso les daré una estrategia para salvar la felicidad de vuestros matrimonios. Escuchen bien ahora recupera la normalidad de su voz:
Acepten todo, pero negociando. Esto es importante, de lo contrario sus maridos sospecharán. Pongan como condición (los machistas en el fondo son ingenuos) que ustedes, un día a la semana (un día no importante, no festivo), saldrán con alguna amiga de compras, o a la peluquería, o al cine, o a tomar un café y a charlar de cuanto se les ocurra, sin darles ninguna explicación (que esto les quede a ellos claro). Unas tres horas, nada más. Les aseguro que aceptarán vuestra propuesta... ¿Están de acuerdo?
¡Sí! ¡Sí! grita el público femenino, ahora con seguridad.
Sin embargo continúa el doctor Federico Salvatierra a la segunda salida semanal de los miércoles, por fijar un día, mientras comentan la novela de la tarde y se cambian recetas de cocina se preguntarán: «¿Qué estarán haciendo nuestros maridos?»; y ahí se les acabó la felicidad para siempre hace una pausa, para continuar: Es algo psicológico; pero ustedes que son mujeres modernas y ante todo desean tranquilidad y seguridad para sus matrimonios, querrán seguir mis instrucciones. ¿Aún les interesa mi receta eficaz?
¡Sí, Coco, sí! exclama la esposa de Hugo rompiendo el protocolo y parándose a su lado.
¡Sí! ¡Sí! exclama también el público femenino, al unísono. Y el doctor Federico Salvatierra, levantándose, les dice:
De acuerdo, pero antes mira a la señora de Hugo la presidente de la Liga de señoras solidarias les comunicará la inauguración de mi consultorio y mis horarios de atención.
Perdón Federico, ¡estoy tan emocionada!... Chicas, desde el próximo lunes el doctor atenderá terapias individuales y de grupo, psicoanálisis y consultas de prevención, en el consultorio contiguo a esta sala. Ustedes ya tienen su tarjeta con el teléfono. El horario es a convenir.
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Amigas, no se dejen engañar Comienza a hablar el doctor Federico Salvatierra después de la pausa y de fumarse un cigarrillo mentolado. Están en la mejor edad de la mujer. Tienen experiencia y son bellas Sí, todas lo son, potencialmente. Muchas de ustedes ocultan esa belleza porque no son felices y se engañan. La mujer cuando es feliz es bella. Hace una nueva pausa, esta vez breve, en que mira detenidamente a su audiencia.
Chicas, por favor ¡Silencio! pide la esposa de Hugo y les pregunta:
¿Escuchan bien?
¡Sí! contesta el público femenino al unísono.
El doctor Federico Salvatierra bebe de su vaso y hace una breve pausa.
Esta es mi receta eficaz habla lentamente: En vez de ir en busca del cuerpo perdido todos los días al gimnasio, opten por dar más vida a sus relaciones sexuales. No observa reacciones en la concurrencia y continúa:
Se los digo como psicólogo y como sexólogo. Esa sí que es una actividad corporal que les mejorará el físico y activará la mente. El sexo es muy bueno para la salud. Es un ejercicio que equivale a una larga caminata. Activa la circulación sanguínea, hace trabajar los músculos, acelera los movimientos respiratorios y flexibiliza las articulaciones. En cuanto a la psiquis, vale más quemar la propia desesperación en una buena relación íntima que en la depresión, cuando no en el abuso del cigarrillo, el alcohol o las drogas. Además, este tipo de actividad prolonga la juventud, o, mejor dicho... lo juvenil. Mírense al espejo. Sean sinceras. Una de ustedes (la esposa de Hugo lo mira de soslayo con cierta inteligencia) ya siguió mi consejo y su vida comenzó a transitar de otra manera. Mejoró su cutis, su figura, su vínculo con el resto de la familia y hasta su vida conyugal. Hace una breve pausa y pregunta: ¿Continúo?
¡Sí! ¡Sí! Grita al unísono la audiencia femenina con entusiasmo.
Como el marido de vuestra compañera no reaccionaba, se buscó una relación compensadora lo dijo al pasar, como la cosa más natural. No de esas que destruyen un hogar, ¡no!, pues sigue profundamente ligada a su esposo y mantiene con él, de tanto en tanto, una relación templada y ligera, además del afecto profundo y el recuerdo de mejores tiempos... Produce una breve pausa en que no observa reacciones adversas, y la esposa de Hugo simulando cierto rubor, dice:
¡Hay, Federico, las chicas están atentas e impacientes!
Mejor así dice el aludido porque este es un consejo profesional serio y eficaz, que ya me ha dado excelentes resultados en España, salvando a muchos matrimonios Nueva pausa, en que interviene la esposa de Hugo, impaciente y muy expresiva, como diciendo ¡no des más vueltas!:
¡Federico! ¡La mayoría de las señoras presentes tenemos el mismo problema!
Disculpen, ya concluyo: Vuestra compañera salió a buscar en otra parte el frenesí, el preludio vivificante, todas las semanas (la esposa de Hugo acusa semblante de satisfacción y suspira) y de esa forma mantener la autoestima de su físico, que ya no es el de antes y que su marido, esclavo de sus negocios y adicto al club, por no pensar en otras distracciones, utiliza muy poco ¿Continúo?
¡Sí! Contestan todas expectantes.
Apareció para ella el amante de los miércoles, recorriendo con sus manos los pliegues de su piel, inundándola de sensualidad, descubriendo sus puntos claves secretos que la hacen temblar de pasión y deseo (ahora se siente una sucesión de suspiros en la audiencia femenina); las sensaciones táctiles, vibrátiles, sutiles; los gestos, las miradas, el olor de los cuerpos excitados, el sentir que habita en su cuerpo el cuerpo de su amante; y el saber que ese amor es un secreto, un cúmulo de imponderables, de emociones repetidas, de audacias reprimidas y de renunciamientos generosos. Si esto no pasara, se refugiaría en su tristeza, en la nostalgia y en el abandono, cuando no en el alcohol... Hace una pausa, que aprovecha Carlos para retirarse sigiloso, pasando inadvertido.
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Che, machista dice Carlos con semblante serio al sentarse a la mesa del bar), no me habías dicho que el Coco era también sexólogo.
Debo haberme olvidado replica Hugo con semblante despreocupado y feliz.
¡Tenías toda la razón! insiste Carlos con expresión pesarosa. ¡Sos un piola bárbaro!
¡Mujeres! ¡Mujeres! dice Hugo como si no lo hubiere escuchado. ¡¿Quién las entiende?!
Tu primo responde Carlos con voz fuerte y terminante, agregando muy lentamente, entre apenado y fastidiado: ¡Evidentemente!
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Nota de autor: Es común que un autor, generalmente por el resultado coloquial de un cuento, lo lleve a teatro. En este caso fue a la inversa, a El primo lo escribí primeramente como teatro breve (como hice con "Horacio"), llamándolo El primo sexólogo, y ahora lo llevé a cuento, saliéndome seguramente un poco de mi estilo En fin, si lo leen hagan la crítica, quizá pueda mejorarlo o no insistir en él como cuento.
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