Mientras la luna se escondía tímidamente entre los coposos árboles mecidos por una fuerte ventisca, ella gemía el parto era inminente. Le ayudó a incorporarse y aunque era de madrugada, no dudó en pedir auxilio a una vecina.
Somos tres: le dijo a su mujer somos tres gracias a Dios y a ti.
- Ella sonrió-.
Poco después mientras su mujer le amamantaba, sintió la necesidad de decir algo a su hijo
respiró profundo y como si se tratara de una confesión, le miró a sus ojos y dijo:
Velaré tu sueño en las noches de invierno
cuando la tempestad aceche
y los cristales húmedos vibren con el fugaz paso del tiempo.
cuando el alba despierte tus sonrisas
y un nuevo día se abra paso en la quietud del calendario.
Caminaré algún día junto a ti como la mar y el viento
para dejar grabadas nuestras huellas
sobre la faz de esta tierra que nos vio nacer.
Consolaré tu llanto.
Celebraré tus alegrías
y en tus silencios seré la luz que ilumine tu sendero.
Contemplaré taciturno tu partida
cuando decidas encender tu hoguera
Y sobre los campos donde siembres
la prolongación de mi existencia,
me inclinaré antes Dios.
Sintió una paz enorme al decir esto. Era como si hubiese guardado esas palabras en lo más recóndito de su ser por mucho tiempo
Era como si alguna vez hubiere deseado escucharlas.
quizás por ello las dijo con vehemencia.
JALIR/jap
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