


| Escritor: | karlov |
| Públicado: | 07/03/2008 |
Se bañó rápidamente con agua fría y se vistió, y mientras el resto de su familia se bañaba y arreglaba, terminó de ordenar su bolso, con la ropa que usaría este nuevo verano. Así que estaba tempranamente listo, pero aun no era la hora de irse, nunca era la hora de irse, los segundos parecían minutos y los minutos horas, como siempre ocurre cuando se desea que el tiempo vuele, así que se sentó en su cama, a esperar que el resto estuviera listo para partir y comenzó a divagar, a pensar en cualquier cosa que le entretuviera un rato. Nada, miro la hora, puso la radio. Nada, la hora seguía donde mismo. Desde la pieza contigua le llegó el grito de su madre, ordenándole que limpiara su cuarto antes de partir, y por primera vez le hizo caso con tantas ganas, pensando que así mataría un poco de tiempo.
Ordenó primero todo lo que estaba fuera de lugar, luego barrió hasta el último rincón de su dormitorio para finalmente hacer su cama, tiró las frazadas hacia atrás y dio un pequeño sobresalto al ver lo que había en las sabanas. Era él, o por lo menos la figura de él, que se encontraba demarcada en las sabanas como una mancha oscura y sucia, echa por su propio sudor.
[-¿Tanto calor ha hecho durante las últimas noches?-], pensó.
Sintió una mezcla de extrañeza y miedo al mismo tiempo, la verdad es que no había hecho tanto calor durante la última semana, solo sudaba así cuando tenia pesadillas, ¿Acaso había tenido pesadillas?, intentó recordar, cerró los ojos, pero nada venia a su cabeza, solo veía negro.
[-Solo oscuridad-] pensó.
Algo apareció en su mente, era solo una imagen y por un instante, parecía ser una roca que se encontraba en el medio de la imagen, y alrededor de ella, nada, al parecer, ya que solo se veía oscuridad, aunque no estaba totalmente seguro de que no había nada, a lo mejor, si se concentraba, si miraba con más cuidado, tal vez, en el centro...
-Carlos, listo, vamos- volvió a gritar su madre
Carlos volvió a la realidad dando un salto, como despertando de un sueño que no quería que terminara hasta saber que sucedería, ¿Cuanto tiempo había pasado?, no lo sabia, pero la cama ya estaba hecha, ¿La había hecho él? Se paso la mano por su frente y de ella se limpio un sudor frió, que lo extrañó. Sintió el motor del auto de su padre, tomando conciencia de lo que estaba pasando, había llegado la hora de irse, por fin, así que tomó su bolso y corrió feliz al auto a tomar una buena ubicación, le gustaba mirar hacia afuera mientras viajaba, por lo que se sentó junto a una ventana discutiendo con sus otros hermanos por quien tomaba ese lugar privilegiado. A todos les gustaba mirar por la ventana.
Partió el auto, se sentía genial por ganar el puesto junto a la ventana, por que podía ver el hermoso paisaje y por que alcanzaba a ver las nubes en el cielo, y gracias a su gran imaginación podía ver diversas y divertidas formas que se formaban con el movimiento de las nubes.
Las nubes formaron una roca.
Se estremeció.
Un pájaro paso volando... de derecha a izquierda.
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El balneario del tabo siempre ha sido reconocido por sus singulares pozos que se forman por entre sus cerros, ya que no en todas las playas se producen estos pozos, por lo que cada verano es muy visitado. El más popular de ellos, ya que habían de diferentes tamaños y profundidades, era llamado "pozo roquerio", ya que se encontraba rodeado de rocas, pero sobre todo por que tenia una gran roca en el medio, que era ideal para lanzarse desde ella hacia el costado derecho, por que, si bien el lado izquierdo era relativamente bajo, donde una persona adulta perfectamente puede estar de pie sin ahogarse, el lado derecho era mucho mas profundo, tanto así que no se alcanzaba a tocar el fondo, y en realidad nadie se atrevía a tocar el fondo porque se suponía que estaba lleno de musgo y ramas y que uno podía quedar enredado en ellas y nunca más salir.
Una de las tantas familias que visitó el "pozo roquerio" fue la familia Díaz, que lo hacían por primera vez, luego de que un vecino les haya comentado sobre el lugar. La pareja, que había logrado ser feliz luego del duro golpe que fue saber que Mery, su pequeña recién nacida Mery, era sordomuda, bajó junto a sus dos hijos, el otro era un adolescente llamado Javier, una tarde de verano.
Javier, desde la mañana de aquel día había estado nervioso y muy excitado, ya que, y al igual que cualquier otro niño, como Carlos treinta años más tarde, era su primer día de vacaciones y era el día en que conocería los pozos del Tabo, por lo que no fue de extrañarse que fuese el primero en llegar al "pozo roquerio" aquella tarde. llegó corriendo, y al ver el pozo no pudo contener abrir la boca, ya que era más de lo que se había imaginado, por lo que se quedo un rato de pie en el inicio del camino que llevaba al pozo, admirándolo, detrás de él llegaron sus padres y aferrada a la mano de la madre venia Mery, que al ver el pozo solo pudo emitir un sonido de asombro y jalar la muñeca de su madre, que la tomo en sus brazos y la miro con una amplia sonrisa y una mirada llena de jubilo al ver que sus hijos eran felices.
Mery había despertado aquella mañana nerviosa al igual que su hermano por conocer los pozos, pero por sobre todo por que su madre le advirtió que eran peligrosos y profundos, por lo que al llegar a ellos no se soltaba de la mano de su madre. llevaba puesto un vestido de una sola pieza que terminaba ancho a la altura de sus rodillas y bajo él traía el traje de baño, pero aun no sabia nadar, por lo que entraría al agua sólo con sus padres, en cambio Javier tenia su traje de baño puesto, una polera y sandalias, corrió apresuradamente por el camino quitándose al mismo tiempo su ropa, sin siquiera escuchar la advertencia de sus padres de esperarlos, ya que Javier si sabia nadar, por lo que se Sintió seguro y valiente, casi desesperado por lanzarse al agua.
Eduardo Díaz gritó a su hijo para que los esperase, luego miro a su Mery que llevaba de la mano y volvió a mirar a Javier, esto solo le tomo unos segundos, pero fueron los suficientes para no alcanzar a gritar nuevamente a su hijo, pero si para verlo contorsionarse en el aire alistándose para la zambullida en el agua. Una increíble angustia apretó sus pulmones y una espina se clavo en sus corazones. Se escucho un sonido hueco y ahogado... como una nuez al romperse.
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Carlos despertó de un sobresalto, aunque no le dio importancia, lo que sí importaba era el haberse quedado dormido durante el viaje y perderse el paisaje, por lo que se molestó mucho, sobre todo luego de luchar tanto con sus hermanos por aquel puesto, ya que al abrir los ojos ya se encontraban en el Tabo, territorio conocido por él durante varios veranos. Nada nuevo, los mismos locales, los mismos juegos, las mismas casas y esa masa de gente que no sabe hablar castellano y que le toma una fotografía a todo lo que se mueve.
El auto se detuvo junto al mercado y sus padres y hermanos bajaron a comprar provisiones, la casa se encontraba a bastante distancia del centro de la ciudad, en la cima de un cerro, por lo que era mejor comprar ahora que bajar luego. Carlos se quedó dentro del auto observando la ciudad, a lo mejor buscando algo nuevo, algo que no haya visto en veranos anteriores y que podía resultar divertido encontrar, era como un juego para él, por que siempre encontraba algo, y esta vez no fue diferente, aunque no tuvo nada de divertido. mientras miraba hacia el frente no vio a un turista que pasaba junto al auto apretando el gatillo de su cámara y emitiendo un potente flash, que explotó como un relámpago casi en la cara de Carlos. Carlos quedo ciego y sin poder evitar emitir insultos y palabrotas al aire, ya que no podía ver al culpable por que tenía sus ojos cerrados, lanzó un escupitajo intentando alcanzarlo, pero el turista ya se había alejado sin siquiera saber el problema que había causado al niño del auto. Abrió los ojos pero vio solo siluetas en un fondo blanco, así que los volvió a cerrar y comenzó a refregárselos con ambas manos, viendo un sin fin de colores y formas sobre un fondo negro y rojo, volvió a abrirlos, peor, seguía viendo siluetas en un fondo blanco pero esta vez con más colores, se dio cuenta que lo había estropeado más y cerró los ojos, pero ahora no los tocó, esperando que pasara por sí solo el efecto encegecedor. Otra vez las siluetas de colores, esta vez en un fondo oscuro, pero poco a poco comenzaron a desaparecer los colores, quedando solo siluetas. La silueta del mercado, la del kiosco en la calle del frente y de un auto que pasaba comenzaban a desaparecer de su visión interna, sin embargo en el centro aun quedaba una silueta, aunque no muy bien definida, que no desaparecía junto al resto, Carlos comenzó lentamente a asustarse, quiso abrir los ojos, pero algo en su mente le dijo que no lo hiciera, sintió que era realmente importante el seguir viendo eso, debiendo aguantar el miedo que crecía cada vez más y la sensación de flotar, de no estar en el auto, sino en otro lugar, ¿qué lugar era ese?, solo percibió un aroma extraño, como a humedad. La imagen que se formaba poco a poco en su cabeza le era por alguna razón familiar, el resto de las siluetas ya habían desaparecido y solo quedaba la del centro, ¿donde la había visto?, ¿acaso no fue al intentar recordar su sueño? ¿su pesadilla?, si, eso era, su madre lo había interrumpido, pero la imagen volvía a aparecer inesperadamente en su cabeza, la silueta en el centro, la oscuridad alrededor, ahora era un poco más claro, aunque nada ocurría, nada se movía, ¿porque debía recordar algo así? ; sin embargo, comenzó a percatarse que un miedo jamás antes sentido comenzaba a brotar desde lo más profundo de su ser, la angustia crecía y las ganas de salir de ahí, de volver al auto eran gigantescas, se sentía solo, nadie podía rescatarlo de ahí, ya que no había nadie alrededor, (¿seguro?) solo podía correr, ¿por cual lado?, ¿acaso importaba?, solo quería salir de ahí, la respuesta comenzaba a nacer lentamente, intento apresurarla pero fue en vano, mientras, la oscuridad parecía moverse, ondular.
-¿que esta pasando?, ¿porque no puedo abrir los ojos?- pensó
La respuesta venia, venia... ¿¡volando!?
-¿¡Carlos, que te pasa!?- grito su madre mientras lo sacudía con fuerza, lo había encontrado tirado en el asiento trasero, pálido y con los ojos blancos, por un momento pensó incluso que estaba muerto.
Carlos reaccionó a los pocos segundos, abrió los ojos y encontró a su madre llorando, ella al verlo lo abrazo, él le devolvió el abrazo sin entender aun lo que sucedía, detrás de ella estaba su padre y sus hermanos con bolsas en las manos, sus caras demostraban la misma intriga que él, ya que tampoco sabían que ocurría, solo su madre lo sabia, pero no podía dejar de llorar, por lo que todos guardaron silencio. Carlos solo tenía un pensamiento en su cabeza, pero no era claro, quería recordarlo bien.
Debía recordarlo bien.
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Javier se lanzo sin siquiera saber cual era la profundidad del agua, al mirarla se veía tan oscura que pensó que era lo suficientemente profunda para que no hubiera problemas, estiro sus brazos hacia abajo y enderezo su cuerpo formando un perfecto ángulo recto con el agua, seria un clavado perfecto.
-un diez perfecto- pensó.
El "pozo roquerio" era conocido, obviamente, por su enorme cantidad de rocas, tanto fuera como dentro de él, pero Javier solo se pudo dar cuenta de esto cuando ya era muy tarde, ya que se lanzo al sector profundo, pero demasiado cerca de la orilla, donde el agua era de poca profundidad por la existencia de rocas en el fondo. No pudo evitar estrellarse de frente contra las rocas, trato de amortiguar el golpe con ambas manos, pero la fuerza era demasiada, su muñeca izquierda crujió y se doblo de una forma poco ortodoxa, por lo que su cuerpo se inclino hacia el costado izquierdo, su cabeza golpeo fuertemente una roca y rápidamente comenzó a surgir sangre desde una herida que se abrió en su frente, quiso nadar, pero su cuerpo no le respondía, ningún músculo de su cuerpo le respondía, probablemente por el golpe, y comenzó a hundirse, a tragar agua, a desesperarse y a sentir... que la vida se le escapaba.
Karen Neira, la madre de Javier y Mery, sintió que toda la vida corría en cámara lenta, vio caer a su hijo lentamente al agua, pero cuando aun tenia las rodillas fuera, su cuerpo se inclino hacia la izquierda, su cara se transformo en una mueca espantosa, se veía cuarenta años más vieja, su corazón le decía que estaba a punto de perder a uno de sus adorados hijos, lo sentía hundirse y perderse en la inconciencia, así que soltó la mano de Mery y comenzó a correr frenéticamente, gritando como una demente por la vida de su hijo, suplicando que alguien lo salvara, que Dios lo salvara.
Eduardo Díaz comenzó a correr antes de que su hijo cayera al agua, algo en su mente le dijo que lo hiciera, así que se encontraba a pocos metros de él cuando su cuerpo comenzó inclinarse y hundirse, solo se quito sus zapatos mientras observaba a su hijo inmóvil desaparecer en el agua y se arrojo, intentando alcanzarlo a la primera zambullida sin chocar contra las rocas como lo acababa de hacer su hijo. Lo logro, aunque solo por unos centímetros, y comenzó a nadar desesperadamente hacia el fondo intentando alcanzar a Javier, pero el cuerpo se hundía rápidamente, más rápido que el nado de Eduardo, por lo que no se podía alcanzar, y Eduardo comenzaba a quedar sin aire, solo le quedaba respirar el amor por su hijo, que seguía descendiendo, observo a Javier y supo que no podría salir por sus propios medios, estaba inconsciente y tenia una grave herida en su frente, pero Eduardo comenzaba a ahogarse, y en ese estado no podría salvar a su hijo, estiro todo lo que pudo su brazo pero aun así no pudo alcanzarlo. Y comenzó a ascender.
Mery corría detrás de su madre sin entender completamente lo que ocurría, solo sabia que no era nada bueno, su padre se arrojaba al agua desesperado aun con ropa, mientras su madre corría frenéticamente a la orilla del agua, ¿seria por su hermano?, era el que faltaba, lo vio arrojarse pero aun no salía, por lo que un fuego comenzó a nacer en su interior, el amor por su hermano se hacia presente casi por primera vez, la idea de que algo le hubiese ocurrido la espantó, por lo que se acercó a la orilla y se inclino mirando hacia el fondo, intentando encontrar a su hermano, aun con la pequeña esperanza de que nada ocurría y que Javier saldría en cualquier momento junto con su padre, sonriendo. Por un momento pensó que estaba en lo cierto al ver que su padre surgía del agua, pero su padre grito rápidamente que no pudo alcanzarlo y que se hundía, tomo unas rápidas bocanadas de aire y volvió a sumergirse, miro a su madre, que se arrojo al pasto tapándose con ambas manos la cara para ocultar sus lagrimas, auque no podía ahogar sus gritos de dolor, que viajaban y retornaban a través de todos los cerros. Mery comprendió que algo andaba mal, y que su hermano estaba en grave peligro, se aproximo mas a la orilla intentando ver el fondo, y creyó ver a su hermano, pero no estaba segura, se acercó más, estaba casi segura que era su hermano que le tendía la mano, buscando la salvación, así que Mery le tendió la mano, pero Javier no la alcanzaba, Mery tuvo que meter la mano en el agua, pero aun así Javier no la alcanzaba, así que Mery se inclino aun más, y más...
Karen levanto su cabeza, Mery no estaba.
Javier no estaba.
Eduardo no estaba.
Y Mery, no estaba, no... No estaba... no.
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Carlos era un niño y como todo niño olvida rápidamente, por lo que al llegar a la casa en la cima del cerro el episodio del auto casi había quedado en el pasado para él, así que bajo su bolso y se preparo para salir a ver a sus amigos de verano, pero su madre estaba aun preocupada por lo que no quiso dejarlo salir solo, así que le ordeno salir sólo con sus hermanos. Carlos hizo un berrinche, por que sus hermanos eran mayores y salían con otras intenciones, como el alcohol y las mujeres, cosas que aun no le interesaban a él. sus hermanos tampoco lo querían junto a ellos, no tenían intenciones de ser niñeras, eran sus vacaciones y querían divertirse.
Al llegar a la plaza, Carlos preguntó a sus hermanos si podía separarse de ellos, a lo que accedieron gustosamente, ya que no entendían el miedo de su madre por que no vieron la cara de Carlos en el auto, este se fue rápidamente a buscar a uno de sus amigos más entrañables de verano, Miguel. Llego a la casa y preguntó por Miguel, pero su madre le dijo que había bajado al "pozo grande" junto con otros amigos, Carlos miro la hora, seis de la tarde, aun debían encontrarse ahí, así que se decidió a bajar.
El "pozo grande" era otro de los tantos pozos que había en el Tabo, se le llamaba así por que era el más grande de todos y el mas profundo, además de un gran sector con arena para sentarse, sin embargo no era el más popular, este titulo se lo llevaba el "pozo roquerio", que se encontraba junto al "pozo grande", a unos cuantos metros a la derecha de él, pero que no tenia un amplio lugar para sentarse, por lo que a Carlos no le extraño saber que sus amigos se encontraban en el "pozo grande". Bajo rápidamente con todas las ganas de encontrarse con sus amigos, casi corriendo, paso junto al "pozo roquerio" casi sin notarlo, rodeo el árbol que se encontraba en la entrada del pozo grande y se preparo para gritar, pero se decepcionó totalmente, solo había una pareja recostada sobre la arena, tranquila, pero nadie más, se acercó a ellos y les preguntó si habían visto a un grupo de niños, a lo que ellos asintieron, pero lamentablemente se habían ido hace poco, Carlos bajo la cabeza y de solo pensar en subir inmediatamente se canso, así que se sentó en la arena a descansar un poco, la mujer lo miró con una mirada piadosa y le dijo que al parecer volverían pronto, según lo que ella había escuchado, ya que iban al pozo siguiente a buscar un poco de agua limpia para tomar. Eso lo animo un poco, así que decidió quedarse a esperarlos, ya que no tenia nada mejor que hacer, pero comenzó a sentirse incomodo al lado de la pareja que no paraba de besarse, por lo que prefirió meterse al agua y refrescarse un rato, venia llegando de la ciudad y lo mejor era sacarse aquella contaminación del cuerpo. nado durante un buen rato, pero sus amigos no aparecían y la pareja tampoco se iba, continuo así hasta que finalmente la pareja se fue entre al parecer enojados murmullos, por lo que por fin Carlos salió del agua, se seco con la mano ya que no traía toalla, miro su reloj, comenzaba a hacerse tarde y sus amigos aun no aparecían, por lo que pensó en irse, de pronto un pájaro paso frente a él de derecha a izquierda emitiendo un zumbido extraño, que le llamo la atención de sobremanera, ya que por muy extraño que fuera, le era familiar, aunque no sabia si era el sonido o el pájaro o su forma de volar, pero era un sentimiento ya vivido. volvió a pasar fugazmente por su cabeza el recuerdo de su sueño, el que había tratado todo el día de recordar, e intento conectar todos los trozos de recuerdos que tenia; una roca, una silueta y, tal vez, un pájaro, pero ¿qué significaban?, Carlos no podía encontrar ninguna coherencia entre ellos ni tampoco le decían nada en especial, solo que era importante recordar, y eso no se lo decía su sueño, sino la oculta angustia que le encogía el corazón, se lo decía sus ultimas sobresaltadas noches, el sudor frió que le recorría el cuerpo al despertar y las extrañas señales que había recibido durante el día. Se recostó en la arena y cerró los ojos, respiro profundo tratando de tranquilizarse, poner su mente en blanco, que las imágenes volaran hacia su mente.
Negro, todo negro, nada ocurrió durante varios minutos en que Carlos intentó reconstruir su sueño, primero puso su mente en blanco, luego quiso poner deliberadamente las escenas que recordaba para reconstruir el sueño e incluso intento racionalizar lo que le ocurría, pero aun nada, así que Carlos comenzó a darse por vencido, supuso que las imágenes llegaban solas y que no podía lograrlo esforzando su mente, pero de pronto algo cambio, seguía viendo negro, pero ahora se movía, ondulaba como ondas magnéticas, por un instante Carlos recordó que en las películas ocurre eso cuando van a recordar un hecho del pasado, eso parecía, que pronto aparecería claramente una escena, que seria su sueño y por fin sabría de que se trata. pero no fue así, el negro seguía moviéndose, nada mas, aunque creyó ver algo, el centro al parecer no se movía, pensó en un ojo, acuoso alrededor de un centro fijo y oscuro, y se sintió observado, no había nadie, pero sintió unos ojos punzantes que lo amenazaban, acechantes, no los veía, pero estaban por ahí, en alguna parte, y la verdad no los quería encontrar, estaba asustado y ver algo así probablemente lo mataría, por lo que intento olvidarlo, pero no podía, estaban Delante, a su derecha, a su izquierda, atrás... no estaban en ninguna parte, sin embargo pronto aparecerían, solo tenia que realizar un movimiento y aparecerían, y seria el fin de todo. Ahora el centro tomaba forma, o por lo menos eso creía, pero ¿qué era?, no podía distinguirlo, aunque muy en lo profundo de su inconsciente lo sabia, pero no se permitía escarbar tan profundo, temía saber que encontraría... que era, que quería, y sobre todo, que no podría escapar de eso que saltaría a su vista. Era demasiada presión, suficientes recuerdos por un día, mañana lo intentaría nuevamente y lograría concluir el sueño o por lo menos armar las imágenes que tenia, sus amigos no llegaron, así que era hora de volver a casa, abrió los ojos y de un salto se puso de pie, y se congeló, estaba oscuro, la noche lo había alcanzado sin darse cuenta, ¿cuanto tiempo estuvo así, con los ojos cerrados tratando de recordar?, demasiado al parecer, ahora estaba solo, lejos de casa y asustado.
Era una noche estrellada, pero sin luna.
La oscuridad invadió prontamente todo el lugar.
La oscuridad le era familiar.
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...tanto así que resbalo por el pasto húmedo cayendo al agua, en ese mismo momento la imagen de Javier se diluyo, y Mery comenzó a hundirse casi sin resistencia, intento abrazar una roca, pero solo pudo rasguñarla y golpearse el pómulo con ella, haciéndose un corte que comenzó a sangrar, miro hacia arriba, al cielo, y pidió a Dios que la rescatara, pero al parecer, nadie la escuchaba. Ni siquiera Dios.
Eduardo salió nuevamente del agua con las manos vacías, miró a Karen que lloraba desconsoladamente a la orilla del agua, ella levantó la cabeza y lo vio, recién salido, y su cara se transformó tanto que Eduardo pudo sentir un miedo en ella aun mayor que el propio, por lo que se apresuro a tomar aire y volver a descender, pero entonces Karen expuso su alma en un grito.
-¡¡Mery no esta!!- gritó
-¡Cómo que no esta!
-se... cayo Al agua... Parece... -respondió entre sollozos.
Eduardo no esperó una palabra más, volvió a hundirse, ahora nadando en dirección hacia la orilla, no encontraba a Javier en esas aguas profundas y no estaba dispuesto a perder a Mery también, aquel maldito pozo no le robaría a sus dos queridos hijos, no volvería a salir mientras no encontrara a uno. Pensó en la cara de Karen, no soportaría verla otra vez con esa expresión de tristeza, de muerta en vida, que lo asustaba. Comenzó a hundirse más y más, sin importarle el tener suficiente aire para volver a salir, ya no veía nada, los rayos del sol no alcanzaban a iluminar esa profundidad, por lo que iba a ciegas, siempre en picada, aun con fe en hallar a sus hijos, y parecía que lo haría, alcanzaba a ver dos formas inertes más abajo, que aunque se hundían rápidamente podía alcanzarlas, no era seguro que fuera sus hijos, pero Eduardo estaba convencido de que si eran, y se encontraban a pocos metros, pero de pronto sintió que algo le rozaba el brazo, se alarmó al no saber lo que era y que el brazo le ardía, miró a su costado y creyó ver algo, pero era imposible que existiera en un pozo como ese algo tan grande, parecía ser un pez de más de tres metros, que paso zumbando por su lado y por el de sus hijos, para dar una media vuelta bajo ellos y comenzar a ascender, de frente a él. Eduardo pensó en nadar hacia la superficie y huir de él, pero sus hijos seguían ahí, hundiéndose a unos pocos metros de él y no podía dejarlos como comida para pez, por lo que se decidió a enfrentarlo, fuese lo que fuese.
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Solo las estrellas iluminaban el camino al momento del regreso, de la subida.
La verdad es que no alcanzaba a ver más allá de sus manos, las estrellas no eran de gran ayuda, pero con el correr de los minutos sus ojos comenzaron a adaptarse y podía ver un poco más. Avanzó por el camino intranquilo, sintiendo que en cualquier segundo algo pasaría, por lo que intentó poner su mente en blanco, o pensar en cualquier cosa graciosa, tranquilizante, algún dibujo animado o su juguete preferido, pero al doblar un recodo algo le pareció familiar, por un momento sintió que esta imagen ya la había visto, y su corazón comenzó a acelerarse sin saber realmente por que, después de todo, obviamente ya había visto esto, no era la primera vez que pasaba por ahí.
Trato de convencerse de eso, tranquilizarse, no había nada nuevo en lo que veía, sin embargo su corazón no se detuvo, en cambio comenzó a golpear más fuerte, pidiéndole que se detuviera, que recordara, que no llegara al próximo pozo. Desde su estomago comenzó a nacer una angustia asfixiante, que le presionaba el pecho, que le entrecortaba la respiración.
-{¿por que era tan esencial recordar?}- pensó.
Sintió ganas de correr, de gritar, de cerrar sus ojos y no abrirlos más, de no voltear a su izquierda, de no mirar al "pozo roquerio"... pero lo hizo.
El pozo era todo oscuridad, solo se veía oscuridad con forma de rocas alrededor de una oscuridad mas profunda, mas negra... que ondulaba.
Quiso sentir alivio al ver que no había nada, o por lo menos que no veía nada, pero aquel sentimiento no alcanzó a llegar a su corazón, ya que al observar la roca que se encontraba en el medio del pozo, creyó ver una silueta, algo más negro que la oscuridad misma y que se hallaba sobre ella, pero no estaba seguro, tampoco quería estarlo, solo quería seguir avanzando, rogó a Dios por eso, por la cima, por la luz, por salir de ahí. Intento apartar la vista y pensar en otra cosa, pero no pudo, en su mente sólo estaban los mismos pensamientos, el significado de su sueño, el por que del fuerte latir de su corazón, que retumbaba de pies a cabeza, el por que mierda bajó tan tarde y solo al pozo y que era ese escalofrío le recorría la espina. Solo a esta idea encontró respuesta, la silueta que creyó ver sobre la roca ahora era realidad, poco a poco la oscuridad comenzó a tomar formal ante sus propios ojos, sus pupilas se dilataron, la sangre se le congeló y por un instante su corazón se detuvo.
Al final, no estaba tan solo aquella noche.
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Karen observo su reloj y noto que había pasado demasiado tiempo, la idea de perder a sus tres seres más queridos el mismo día la horrorizaba, el agua estaba quieta ya que nadie se bañaba y solo de vez en cuando asomaba una burbuja, pero nadie emergía. Karen dejo de llorar, se arrojo al piso como en estado de shock, su cuerpo comenzó a tener convulsiones y puso sus ojos en blanco, la gente asustada no sabia que hacer, solo intentaban hacerla volver, pero Karen ya no estaba en este planeta, se hallaba en un lugar donde la tristeza no tiene limites y donde el amor es una enfermedad, se encontraba sola en aquel sitio y siempre lo estaría, nadie podría encontrar el camino a su subconsciente y arrancarla de ahí, talvez solo Eduardo, pero el ya no estaba, ya no existía.
Los paramédicos llegaron al minuto después que Karen colapsara, traían sus equipos de primeros auxilios y una camilla, pero la ambulancia se hallaba lejos, en la cima del cerro, por lo que debía actuar rápido para no perder una vida, se sentaron junto a Karen e intentaron reanimarla, pero ella no respondía, así que la subieron a la camilla y preguntaron al resto si venia sola.
-eran cuatro, pero tres están en el fondo del agua y no han salido- respondieron todos entre gritos y llantos.
Los paramédicos vacilaron, que podían hacer si había tres personas ahogadas, pero una se les moría en la camilla, no había tiempo que perder, las personas bajo el agua hacía rato que no salían y la mujer estaba ahí, al filo de la muerte. Se llevaron a Karen, dando por muerto a sus familiares.
Karen nunca más despertaría.
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Era una niña, la silueta era una niña, se podía distinguir por su baja estatura, su fina postura y que a la altura de sus rodillas la silueta se ensanchaba, como un vestido, pero la niña no tenia cara, ni pelo, ni ropa, era solo sombra, y estaba allí, de pie sobre la roca, de frente y de espaldas, todo al mismo tiempo.
Carlos dio unos pasos torpes, sin poder despegar los ojos de la sombra, sin encontrar explicación a lo que veía, talvez se lo estaba imaginando, su mente le jugaba una mala pasada, eso era todo, si, eso era, por que esto pasa solo en las películas de terror o en las pesadillas.
{-¡Mi pesadilla!-} pensó.
Aunque no emitía ruido, temblaba y su pensamiento temblaba con él, ya que no sabia que creer, realidad o ficción, no creía en lo que sus ojos le mostraban, no creía en si mismo, se estaba volviendo loco, solo los locos pierden la fe en si.
{-Vamos, serénate-} se dijo, mientras aun no despegaba los ojos de la oscuridad, que seguía de pie, inmóvil sobre la roca.
Le ardían los ojos y se dio cuenta que no había pestañeado desde que la niña apareció, aunque había pasado un buen rato, recién se percataba, así que cerró los ojos apretándolos bien fuerte, tratando de limpiar todo de ellos, sobre todo la silueta, durante esos segundos respiró profundo logrando calmarse un poco. Y como el golpe del mejor boxeador del mundo, le llegó el recuerdo, el recuerdo del sueño que había tenido durante las últimas noches y que lo había atormentado durante todo el día, y comenzó a verlo todo de nuevo, pero ahora con los ojos cerrados, el camino, el pozo y sobre todo, la respuesta. Y más tranquilo, sabiendo lo que pasaría, sabiendo que al cerrar los ojos y recordar, ella se iría, no estaría allí, y creyó nuevamente en si mismo, recuperaba la fe, ya no se volvería loco, así que iba a abrir los ojos, confiando en que no estaría, que lo peor ya había pasado, que todo lo que tenia que hacer era recordar su sueño y que el le daría la respuesta, lo salvaría de este traumático evento, le iluminaría el camino a casa, que nunca mas bajaría tarde, ni solo, que nunca más volvería a aquel pozo.
Estaba listo.
Un pájaro pasó volando.
Abrió los ojos.
No estaba, la silueta había desaparecido, solo estaba la oscuridad con forma de roca rodeando a una oscuridad mas profunda, más negra, que ondulaba. Pero sobre la roca no había nada.
Carlos dio un entrecortado suspiro, los músculos de su cuerpo comenzaron lentamente a soltarse y sintió que su corazón comenzaba a palpitar, volvió a cerrar los ojos, suspiro, los abrió, todo seguía igual, ya no estaba, definitivamente ya no estaba.
-gracias, dios mío- murmuró.
Miro por un segundo mas el pozo antes de echar a correr como condenado, cuando un pájaro paso volando de derecha a izquierda, emitiendo el extraño sonido que hace un rato había escuchado por primera vez en el "pozo grande", a lo mejor era el mismo pájaro, y esto hizo vacilar a Carlos.
{-¿Esto también era parte de mi sueño... o no?-}
{-¿pero si mi sueño llegaba hasta ahí... cierto?-}
Comenzó a dudar, si debía recordar un sueño con tanto significado, ¿Qué significaba el pájaro? ¿Era solo la conclusión del sueño? ¿O el sueño no terminaba ahí?, Dudas, dudas, decisiones.
Comenzaba a sentirse mal nuevamente, pensó que la niña podría aparecer en cualquier segundo, le estaba dando tiempo de volver, por lo que no debía esperar un segundo más, tenia que echar a correr, el camino más cercano estaba a solo unos metros a su derecha, el que lo llevaría a casa.
Comenzó a avanzar aun mirando el pozo, con la espantosa esperanza que volvería a aparecer, pero no aparecía, así que comenzó a correr y posó su mirada hacia adelante, tratando de dejar atrás el pozo.
Puso su vista en el camino.
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Eduardo intentaba mantenerse firme mientras la forma se acercaba rápidamente, paso junto a sus hijos, que no tuvieron reacción, ahora se encontraba a unos pocos metros de él, pero Eduardo aun no podía ver que era lo que se acercaba, era solo una sombra, al parecer un pez, o un tiburón, que se agigantaba a cada aleteo que daba hacia él, mas y más, haciéndose moustroso.
Eduardo comenzaba a perder la firmeza con la que lo esperaba al ver esa forma colosal, no podía enfrentarse a eso, debía huir, dejar a sus hijos perderse en ese abismo y tratar de salvar su vida, pero sus pensamientos fueron muy lentos, ya no había tiempo de escapar, la sombra estaba frente a él, aunque el no podía adivinar lo que era, y siguió avanzando, a través de él. Eduardo sintió como aquella forma atravesaba su cuerpo sin problemas, sus músculos le ardían, pero al parecer nada sangraba, hasta que paso su cola, ahí sintió que su alma salía junto con ella y, lo más alarmante, el poco aire que le quedaba se desvanecía, comenzó a ahogarse, no tenia remedio, debía ascender y dejar a sus hijos, pensó en la cara de Karen y lo que le diría, pero no había mas soluciones, así que dio media vuelta para nadar hacia arriba, vio unos insignificantes rayos de luz que luchaban por colarse en las profundidades del agua y que le entregaban un contorno de luz, como un ángel diabólico, al pez, que se encontraba sobre él, inmóvil, Eduardo no sabia que hacer, además de que no tenia tiempo, pasar a través de él era posible, pero era una locura intentarlo y bordearlo seria inútil, era más rápido. Lamentablemente no tuvo que esperar mucho, el pez, ya no era un pez, era un circulo, era un hombre, era Javier que le tendía una mano para ser salvado, era su mujer que lo llamaba a la superficie para que se salvase, para salvarla ella y era... era...
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Era ella, allí estaba ella, a unos cuantos metros adelante por el camino estaba la silueta de la niña, de pie, en la misma posición.
Al verla, el mundo le dio vueltas hacia un lado y luego hacia el otro, las piernas le flaquearon, el cuerpo se le entumeció, pensó que se desmayaría, que eso era el fin, tuvo arcadas, pero nada pudo expulsar de su estomago por que nada tenia, su vejiga se durmió, la orina comenzó a correr a través de sus piernas, su culo no sabia lo que pasaba, solo obedeció, se cago encima, pero nada de eso importaba, ella estaba frente a él, y aunque seguía siendo oscuridad, estaba en el medio del camino, cortándole el paso. Cortándole la respiración.
Y se odió, no había recordado todo el sueño, en medio de todo ese miedo y estupefacción, se odió, no le había dado importancia al pájaro, cuando este en realidad era lo más importante, por que indicaba el camino que debía tomar, y recordó que en su sueño siempre le había hecho caso, pero ahora no lo había hecho y esto no era un sueño, era real, ahora era demasiado tarde, pensó en dar media vuelta y echar a correr en dirección contraria, pero algo lo detenía, le prohibía girar, sentía una gran presencia detrás de él, a lo mejor era ella misma que aparecería por todos lados sin dejarlo escapar o algo más demoníaco, algo que se acercaba lentamente a el para devorarlo por la espalda. Sea lo que fuese, no debía girar.
Se había quedado sin opciones, no tenia por donde correr, se encontraba petrificado, mirando aquella silueta inmóvil, que podía hacer, esperar el amanecer, faltaban más de diez horas, correr a través de ella, sus piernas no se lo permitían, darse la vuelta, ni loco, prefería morir, si, eso, morir era lo más lógico, antes de ahogarse en la demencia, antes de caer en la locura, antes de ser tragado por la negrura, lo mejor era morir, ya no había opción.
Pensó en la luz, pensó en las estrellas, no había ninguna que pudiera iluminar un poco más, no había alguna que llamará a la luna, por un instante una imagen apareció en su mente, en cada estrella había alguien que lo observaba, no estaba tan solo de todos modos, vio a esos pequeños seres del espacio exterior que lo observaban desde cada estrella, y reían, se reían mientras comían alguna sustancia que para ellos era comida, como viendo una película, La película más divertida del mundo.
Pero el no reía, en cambio, palidecía, y cuando pensó que no podía sentir más miedo, se equivocó, si existía un miedo mayor, por que aquella silueta de niña, que estaba de espaldas y de frente a la vez, no lo era más.
Deseo un rayo, un rayo que lo fulminara en ese instante, seria una muerte grotesca y dolorosa, pero seria rápida. Al menos moriría luego.
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Luego de la visita al "pozo roquerio", la vida de la familia Díaz no volvería a ser la misma, por que no existiría la familia Díaz. Karen seria declarada muerta horas más tarde por un paro cardiaco, lo que nadie pudo adivinar es que ese paro se produjo de pena, la tristeza que Karen sintió al perder a su familia entera en solo unos minutos fue devastador para ella, la culpa por la muerte de Mery, por no cuidarla de caer al agua, todos estos motivos llevaron a Karen a morir de pena. Mientras que los otros miembros fueron declarados desaparecidos y luego muertos, pero sus cuerpos nunca fueron encontrados, la policía registró todo el pozo, que solo tenia siete metros en la parte mas profunda, por lo que se pensó que fueron arrastrados por la corriente hacia el mar, perdiéndose en él, y el caso se cerró tan rápido como ocurrió.
Pero Eduardo sintió que había nadado más de cien metros hacia abajo, y el fondo no era aun visible, ni tampoco el cielo, solo veía la silueta de sus hijos, inertes arriba, y una presencia demasiado maligna y terrorífica detrás, que emergía desde el fondo en dirección hacia él, para atraparlo y arrastrarlo hacia lo profundo, donde no seria encontrado, era la fuerza que había despertado para atrapar a Javier, la que había hecho caer a Mery, la que se acercaba a él por sus espaldas para llevarlo hacia algún lugar jamás antes visto y del que no podría salir, donde estarían sus hijos, quizás alguien mas que halla sido atrapado hace mucho tiempo por la misma fuerza. Se dejo llevar, prefirió ver las siluetas de lo que pensaba eran sus hijos que se hallaban sobre él, que se hundían junto con él, pero nunca a la vista, sabia que no eran sus hijos sino imágenes que esa fuerza proyectaba para despistarlo, pero no le importó, prefería ver eso a darse media vuelta y ver la oscuridad.
La ultima imagen que cruzo su cabeza... Karen... Oh Karen!, espero que puedas ser feliz.
Nunca lo supo.
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Ahora definitivamente estaba de frente, la silueta tenia ojos y lo miraba, lo miraba fijo, eran unos ojos amarillos sin párpados, pero sus pupilas seguían siendo oscuridad, todo era igual, pero esos ojos amarillos cambiaban todo, por que lo observaban con una mirada picarona, de niña intentando demostrar inocencia, pero en el fondo, era la mirada de una niña que estaba a punto de cometer una travesura, y se la iba a cometer a él.
Ya todo estaba perdido, su mente se estaba nublando, ya no recordaba su familia, ni donde vivía, ni quien era, por que ya no lo necesitaba, por que sabia que no saldría de ahí, se estaba hundiendo en la negrura de sus ojos, y aunque ella no se movía, parecía cada vez mas cerca, a lo mejor era él quien avanzaba, no podía diferenciarlo. Una ultima idea desesperada le llegó a su cerebro justo antes de que se apagara, quería morir, y Dios no lo había ayudado, pero aun estaba el pozo, a su izquierda estaba el pozo, que era real, y que si se hundía en él por un rato su sueño se haría realidad, moriría ahogado.
Giró hacia el pozo para realizar su ultimo intento desesperado para escapar de aquella pesadilla, pero su sueño rápidamente le fue robado, por que aunque el pozo oscuro y profundo aun seguía allí, ahora se encontraba rodeado por una oscuridad diferente, que se movía, no tenia forma de roca, tenia forma de gente, de pequeños niños que lo saludaban y lo invitaban a bajar, a unirse a ellos, a convertirse en un pedazo más de las siluetas.
Eso seria todo para él, Dios no le haría ni siquiera el favor de dejarlo morir, lo haría vivir para siempre como una sombra, al igual que todas esas personas que algún día fueron humanos, que bajaron al pozo y se encontraron con algo que no se podía explicar, y en realidad nunca tuvieron la oportunidad por que no volvieron a salir, que los invitó a quedarse por la eternidad en él, como ahora él era invitado a quedarse.
Sintió una brisa tibia en el cuello, junto con un silbido extraño, que provenía de su costado derecho, giro su cabeza para ver lo que sabia, era el fin, aunque no lo quería, sintió que con esto terminaría todo, que debía hacerlo, así que... lo hizo.
Era ella, era Mery, Estaba junto a él, casi encima de él, pero ahora tenia ojos, y cuerpo, y pelo, y cara, oh dios mío, esa cara era horrorosa y esos ojos de oscuridad lo miraban hasta enterrarse en lo profundo de su cerebro, como agujas, la ropa estaba mojada y mohosa, en su pómulo tenia una gran herida abierta, que aun sangraba, pero sin duda su cara era lo peor. Se perdió en esos ojos sin saber que más pasaba, no veía nada mas que sus ojos amarillos, que lo sacaban de su cuerpo, que lo adormecían, se sintió flotar, descender, siempre con ella frente a el, hacia el pozo, a unirse al resto de las siluetas, sin darse cuenta ya no estaba en el camino, estaba en la roca en el medio del pozo, aun con ella, pero no, estaba sobre el agua, no sobre la roca, y seguía perdiéndose en aquellos ojos amarillos sin párpados, creyó sentir algo en sus pies, posiblemente era el agua, pero era solo su imaginación, ya no podía sentir nada, por que ya no tenia cuerpo, era solo una sombra, que se confundía con la oscuridad en forma de roca y que se hundía en la oscuridad más profunda,
Mas negra... que ondulaba.
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