Caminante no hay camino, se hace camino al andar- escuche eso en una ocasión, pero Transito por los caminos de este mundo, el cual desconozco, camino queriendo ser distinto, saber que la vida es ilusión y enamorarse de ella, ¿para que?, si al final nos casaremos con la muerte. Camino para descubrir, conocer o simplemente para despejar mi mente. Detengo el paso. De pronto me encuentro frente a un edificio, lo conozco, entro, penetro en unas de sus oficinas y me encuentro en el despacho del anciano Francisco Fred, sencillo y sin el menor adorno. Observo al secretario introducir a un señor. No es muy viejo y su respectivo rostro expresa inteligencia. Mis ojos empezaron a divagar por el despacho. En la entrada de su oficina, encima de la puerta, el letrero se leía claramente: la sabiduría esta para el que la busca. En las paredes, pintadas de un blanco hueso, a un lado, el cuadro: la creación de Adán. Encima del escritorio del secretario, al lado del teléfono, el calendario que descansaba: miércoles 28 de noviembre. Todo estaba en orden. Mire mi reloj y golpeo varias veces con los dedos el cristal que cubría la esfera. Las manecillas habían detenido su curso a las ocho de la noche y lo mismo que el conteo de la fecha 28. El secretario invita a dos jóvenes a tomar asiento. Después de varios minutos entra un señor mayor. Camina con pasos lentos y fuertes. Se dirige lentamente a los jóvenes, los observa, toma asiento y conversa. El ambiente es espeso, envuelto en una bruma leve. Pocos rayos de luz quedaban vivos en los faroles del techo y aun menos alcanzaban al suelo. No sin miedo tome un lugar. Con una mirada rápida advertí la presencia de dos personas más. Lentamente el reflejo de mi rostro se fue desvaneciendo y una imagen, que parecía la evocación de un recuerdo, cruzo a pocos centímetros de mi frente. Repentinamente algo distrajo mi atención, el secretario escribía al mismo tiempo que los jóvenes le formulaban una pregunta al anciano y leía cuando este las contestaba. Gire la vista hacia las tres personas frente a mí en el sillón. Observe a un joven que en sus manos tenia dos libros: la Biblia y el origen de las especies. Frote mis ojos con el reverso de mis manos, mire los libros nuevamente, pensé: como dos libros tan distantes, ideológicamente, uno del otro y con ideas a veces tan complicadas, sean leídas por un muchacho tan joven. Luego fije mi atención en la conversación y mire al anciano, el cual era un gran filósofo, teólogo, psicólogo y sabrá Dios cuantas cosas más. Llegué a escuchar unas de las preguntas que los jóvenes hacían: ¿Qué le pediría a la humanidad?, y este le contesto, -que aprendan que la distancia mas lejos que pueden estar de Dios, es la distancia de una simple oración. Desperté con el rezongar del reloj alarma. Con movimientos lentos tome el cordel de la pequeña lámpara y tire de el. Me incorpore prontamente. A grande rasgos recorrí la habitación con la vista. Llegué hasta el borde de la cama y me senté. Coloque mis pies mecánicamente sobre las pantuflas. Apoye los codos en los muslos y permití a mi cabeza reposar en mis manos por unos segundos. Con un esfuerzo me puse de pie y llegue hasta la regadera. Luego reuní energías en un desayuno ligero, sobre la mesa de trabajo. Recogí unos papeles y los coloque en el maletín. Enciendo la radio, para escuchar las noticias. Escuche al locutor decir: caminante no hay camino, se hace camino al andar.