El péndulo (V)

5

 

El Humo Negro de Lost asomaba por la ventana del apartamento de Magnus. Una vecina con rulos y  redecilla en la cabeza gritaba desesperada. Vestía una bata de guatiné y lleva asido con el brazo un pequeño perro de raza indefinible. Con ojos abiertos y furia volcánica el perro ladraba con terrible violencia, si le hubieran dejado, el solito habría acabado con el humo a mordiscos pero la señora no estaba por la labor del enfrentamiento y no tardaron los dos en llegar a la calle, junto al resto de vecinos. Razón de más para largarse de allí. Y rápido. Bip bip. Con el mando a distancia abrió a diez metros la puerta del Golf. ¡Qué gran invento! Cuando se sentó al volante del vehículo vió que Magnus estaba sentado en el asiento del copiloto. Con todo el revuelo del incendio no se había dado cuenta de qué dirección había tomado el huído, cuando en realidad no había sido así. Su “sácame de aquí” era literal y lo tenía de acompañante en el coche.

 

- Genial el truco del fuego tío. Es lo más grande que he visto. ¿Dónde vamos?

 

- Me alegro de que te haya gustado el numerito pero juntos no vamos a ninguna parte. Ya estás bajando.

 

- Aquí no me puedo quedar, en breve se llenará la calle de bomberos, policía y prensa. Ya que me has sacado de aquí te acompaño donde vayas. No tenía planes para hoy.- Dijo lo último acompañado de sonrisa sarcástica y un nuevo levantamiento de cejas. A León le dieron ganas de chafarle la nariz de un puñetazo, pero arrancó el coche y se incorporaron a la vorágine del tráfico nocturno.

 

Al final Magnus resultó de gran utilidad, el típo tenía un gps en la cabeza. Para llevar un mes encerrado no había perdido un ápice de la noción del espacio y sabía mejor que León donde se encontraban a cada momento. Dónde girar. Dónde atajar. Dónde acelerar para encontrarse los semáforos en verde. León le miró y tuvo la sensación de haber hecho una buena acción. De vez en cuando asomaba la cabeza por la ventana y cerraba los ojos para sentir el aire golpeándole en la cara. Para sentir la libertad. Acababa de escapar de su cárcel particular y no sabía que iba a hacer con su vida. No sabía donde estaría al día siguiente, ni dentro de una hora, pero eso le llenaba de felicidad y se le notaba. El contador de intentos de recuperar el móvil había cambiado a tres. Miles de kilómetros separaban a León de estar a bien con su karma pero seguro que esa acción le había acercado un poco más. Se sentía como si hubiera ido a buscar un perrito a la perrera y al señalarle con el dedo, le hubiera dado una nueva oportunidad. Asomarse a la ventana y babear lo hacían igual. Magnus le silbaba a toda mujer que encontraban en el camino. En eso era muy democrático, no hacía distinción de raza, edad o religión.

 

Llegaron a la Orquídea Voladora y el destino les sonrió manteniendo abierto el local. Tres y media de la madrugada. Ese era el momento en el que se partía la noche, León siempre lo había pensado. Era el momento de retirarse a tiempo, lo cual no significa siempre una victoria o dejarse llevar hasta el amanecer y esperar a las primeras luces del día para retirarse. León aún andaba lejos de retirarse y Magnus sería capaz de acompañarle al Infierno en busca de su teléfono. Aparcó el Golf dos calles atrás por precaución.

Cuando le había dicho a Magnus que iban a entrar a la Orquídea Voladora, cuando se lo había señalado con el dedo mientras pasaban por delante, había vuelto a tener la sensación de haber apadrinado un perrito. Magnus había dado un respingo en el asiento y no había manera de pararlo.  En la puerta no había nadie. Mala señal. Esperaba encontrar a alguien. Más concretamente a alguien de Europa del Este. Con poco vocabulario y puños grandes. Vestido de negro con un traje que le haría una espalda extraña o incluso un bulto en la chaqueta que indicaría que también le gustaba jugar con pistolas. Nada de eso. Bajo las potentes luces de neón se les franqueó la entrada como si les estuvieran invitando a pasar. Un pasillo largo y con una ligera inclinación hacia abajo se les abrió detrás de la primera puerta. A la derecha había una pequeña habitación que hacía las veces de guardarropa. Era un sitio pequeño y en el mostrador había un tipo con una camiseta tres tallas más pequeña de la que debería usar, con el pelo rapado, mirando fijamente un libro que tenía sobre la madera. Estaba sentado en un taburete y detrás tenía una larga barra con varias perchas. Cuatro de ellas estaban ocupadas pero ninguna de las prendas correspondía con la chaqueta de León.

 

- Oye, perdona, estoy buscando a un tipo que llaman Santos, ¿sabes si puedo encontrarlo aquí?

 

El tipo de la camiseta pequeña no levantó la mirada del libro y puso una mano a tres centímetros de su boca. Le hizo callar. No quería que le desconcentraran. Magnus miró a León. Estaba esperando que le hiciera un gesto para sacar al tipo de detrás del mostrador y arrancarle uno a uno todos los dedos de la mano. Olaf el psicópata había vuelto. León no estaba seguro de si eso era una buena o una mala noticia. Rápidamente negó con la cabeza y pareció como si Magnus se deshinchara. Lo tenía controlado pero no sabía durante cuanto tiempo podría contenerlo. El tipo de guardarropa levantó la mirada, y miró fijamente a León.

 

- Oye, ¿tú sabrías decirme cuál es la diferencia entre la teoría de cuerdas y la de supercuerdas?

 

- No tengo ni idea chico. Siento desilusionarte pero la física nunca fue lo mío. Sólo quiero saber si dentro está Santos.- Entre tanto notó como Magnus iba cerrando los puños y éstos le iban cambiando de color. De tener un color de piel normal sus manos pasaron a ponerse completamente rojas, como si toda la sangre del cuerpo fluyera por sus extremidades superiores. Cuando ya no pudo más tuvo que hablar.

 

- Yo tengo una cuerda en el coche. Si quieres la traigo y mientras te ahorco con ella compruebas si es una cuerda o una supercuerda. Verás que rápido resuelvo tus dudas.

 

El chico dió dos pasos atrás en el mostrador y le cambió la cara. Había notado el tono serio de Magnus que había mutado completamente a Olaf. Éste era el Olaf que León conoció. Tras mirarlo de arriba abajo y calibrar seriamente el peligro que le acechaba, se dirigió hacia León y le dijo que no sabía quien era Santos, pero que el local estaba lleno de gente. No hizo falta decir que estaban invitados a pasar y comprobar por ellos mismos si Santos estaba entre los clientes. León se despidió con un gracias. Magnus se despidió con un gruñido. Mientras bajaban la rampa observó que lo que parecía papel pintado en realidad eran cortinas. Cortinas que al menos medían tres metros y eran de un terciopelo rojo sospechoso. El terciopelo rojo y el olor característico de las casas de citas. No sabía si era lo más adecuado entrar con Magnus “El Encerrado” en un sitio así. No podía imaginar como reaccionaría si al abrirse las cortinas que cerraban el paso a la sala grande se encontrara con una docena de mujeres ligeras de ropa insinuándose con él abiertamente. Ya serían tres flancos abiertos. Santos, Magnus y el resto de fauna que allí se podrían encontrar. A León le faltaban ojos. Antes de llegar al límite se paró y le preguntó a Magnus por la posibilidad de esperarle en el coche mientras resolvía el tema rápidamente. Prometió llevarle de juerga hasta que el quisiera si recuperaba allí mismo su chaqueta, su teléfono. Su vida entera. Magnus le miró a los ojos, como si quisiera atravesarle con la mirada. Le dió un fuerte golpe en el hombro y le dijo que ni por todas las mujeres del mundo le dejaría tirado en una situación como aquélla. Que le había salvado la vida y ahora estaba en deuda con él Su karma le obligaba a ser su servicial escudero hasta que consiguiera devolverle el favor de igual o mayor magnitud que el que acababa de hacer por él. León respiró hondo y se dió por vencido.  En realidad, sólo estaba conjeturando. Nadie había dicho que estuvieran en un puticlub. No tenía buen recuerdo de su última visita a un lugar de mujeres de moral distraída. Rodillazo en los testículos incluído. Pero aquella era otra historia que dolía sólo de recordar.

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Comentarios:

Escrito por: EVOCACION       03/01/11 17:33
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Buenisimo Carlos, siguiendo la trama. Saludos.
Escrito por: Leonahi       29/12/10 16:52
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¿Dónde carajos estará en tipo de la chaqueta de León? caray, ésta búsqueda se está tornando desesperada... me pregunto ¿Habrá algo de verdad tan importante en el celular de León para organizar tanto jaleo por encontrarlo?
Estás haciendo que me haga mil y un preguntas al respecto...
Sin mencionar las correcciones de Aurelio, la trama creciendo en suspenso, se vuelve cada vez mas interesante... espero el siguiente capítulo.
Un fuerte abrazo de:
Ben Guillén
Escrito por: mayca       29/12/10 16:51
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Me encanta tu historia, tiene de todo, me tiene impresionada, felicidades, en espera del próximo capitulo, un fuerte abrazo.
Escrito por: arpha       28/12/10 21:31
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Todo es muy movido, es un ritmo acelerado el que manejas, y comprendo que muchas cosas se nos van, como las tildes, a mí me ha pasado, y me pasa. Uno está tan entrado en la trama, que todo lo demás pierde relevancia.

Te sigo, que está bueno.

Saludos!!
Escrito por: tylerdurden       27/12/10 17:52
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Gracias Aurelio!!! Voy corrigiendo sobre la marcha e intento prestar más atención ¡¡¡¡¡pero son tantas cosas!!!!! Gracias otra vez por no perder detalle. Un saludo.
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