La despampanante mujer, de negra y fría mirada, cuelga el auricular con manos temblorosa. A su mente le llega el recuerdo de aquel hombre que conoció hace seis meses atrás, y que después de ese largo tiempo transcurrido, ha vuelto a estar en contacto con el, a través de la línea telefónica... siendo eso el motivo de su nerviosismo. Arrastrando el paso, se dirige a un determinado lugar de la modesta vivienda que ocupa con su madre. Al abrir la puerta, su mirada choca con una cama que luce encantada y melancólica... dos lágrimas con sabor amargo, ruedan por las muelles mejillas... son humores de dolor, pero a la vez de impotencia y rencor que la destroza en las mas honda fibras de las entrañas. Con profundo enojo se sacude los mocos, como queriéndose dar animo y así olvidar ese ramalazo que la quema como una brasa incrustada en el vientre. La vida continua y por lo tanto hay que seguir luchando- siempre se hace esa reflexión, como para darse animo y continuar andando por los estrechos caminos.
La velada transcurrió en amena y cordial plática. Ambos están sentados en un sencillo mueble de dos puestos. La amplia sonrisa del hombre, le baña con mucha dulzura el corazón de la mujer, haciendo con eso, que se sienta la mujer más feliz de la tierra.
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