EL NIÑO CIEGO

Categoría(s): Relato.

Como me arrepiento de no haber parado cuando ví a ese niño sentado al filo de la carretera .En su expresión dulce y su sonrisa apagada se podía dar uno cuenta de que se estaba imaginando como jugaban los niños frente a el. Imaginando digo porque la velocidad con la que pase junto a le no me impidió ver que era ciego.

 

En esos segundos que puede tomar el pasar frente a alguien a setenta kilómetros por hora, la ternura que irradiaba de su cara me golpeo el rostro mas fuete de lo que lo hacia el viento, fue como un golpe de luz en la cara. Cuanta dulzura había en ese rostro de parpados cerrados y hundidos de cara pálida y casi huesuda.

 

Unos niños frente a el de unos cinco a ocho años jugaban en medio de la carretera despreocupados, descalzos con sus caritas un poco sucias pero con la inocencia intacta, golpeada quizás un poco por la pobreza. Pararon de jugar cuando escucharon el sonido de la moto en la que me acercaba a la distancia. Lo pude notar porque ví como alzaron la mirada hacia mi mientras me acercaba, como quién mira cuando están llamado sin saber quien es, un poco con curiosidad o extrañeza, y como pajaritos que alzan el vuelo cuando ven venir algo que los amenaza corrieron a refugiarse junto a la acera. Pero el niño ciego siguió riendo como si todavía sus amigos incondicionales jugara con sonidos de canto para el, con juegos que el también puede jugar o imaginar, porque su imaginación ve mejor que mil ojos juntos.

 

Como me arrepiento de no haber parado ante tanta dulzura expresada esta vez no en los ojos que son las ventanas del alma como dicen por ahí, sino ante la sonrisa de un niño que expresa mas con su rostro que muchos con las palabras, expresando una dulzura que Dios reserva a criaturas como el. Me hubiera gustado parar, saludarlo, preguntarle como se llama, estrechar su mano y regalarle el jugo en botella que llevaba en mi mochila.

 

Aquella imagen que fue como un flash en un momento inesperado no me la e podido quitar de mi mente, y tampoco quiero. En algún momento volveré a pasar por ahí y quizás lo vea o tal ves ya no. Ahora pienso en el niño ciego frente a la carretera y me doy cuenta que muchas veces se dejan de lado las expresiones de cariño por los apuros de la vida, que vale la pena detenerse un momento a decir un te quiero, a dar un beso sin que te lo pidan, a dar una palmada inesperada en el hombro a tus compañeros mientras se pregunta; Como esta todo...? que hay…? Que ha habido…? Como esta todo profesor…? Que mas mi pana…? O cualquier cosa pero que sea con cariño.

 

Mientras avanzaba un sabor amargo me resbalo por la garganta con espinas de remordimiento así lo sentí. Yo que venia pensando en muchas cosas que me angustiaban y que me gustaría que sean y no eran y no me daba cuenta de las que si tengo, de las que Dios me da todos los días con cada despertar, debí reflexionar mucho desde aquel instante porque ya no me angustian tanto. Pero de todas las cosas que debo agradecerle a Dios por darme todos los días, es el haberme dado la ternura suficiente para que cosas como esas no me sean indiferentes y que mi espíritu se rebose de esa mezcla de culpabilidad y egoísmo, de ternura y amor que mezcladas dan un coctel de enseñanza.

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Comentarios:

Escrito por: Oscarhugo       28/10/07 18:04
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Un coctel de enseñanza, justamente, amigo Pajarote, era la palabra que se me vino a la mente mientras leía tu relato; cometemos errores, pero la vida te dará la oportunidad de enmendar aquel y tendrás la paz. Tego el doble de tu edad, por eso lo sé, logré corregir errores pasados. Puede que esta historia no haya sido tu experiencia, pero vale igual para todos nosotros. Hermosa narración de un testimonio que ocurre a la vuelta de la esquina; magistral repetición "Como me arrepiento....", bien escrito desde el inicio, el desarrollo y un final que es eso, una enseñanza. Felicitaciones.
Escrito por: Rina       26/09/07 06:59
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Creo que este relato es uno de los que mas me gustan. Realmente me llego al corazon (aunque yo no creo en Dios, respeto que su mencion fue algo necesaria para tu relato), espero seguir persiviendo ese sentimiento en tus proxims escritos.
Escrito por: marion       26/09/07 02:02
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algunas veces vamos por la vida tan ràpido para no perdernos nada que terminamos perdiendo todo, es bueno respirar, bajar las revoluciones y mirar a nuestro alrededor, disfrutar lo pequeño y cotidiano, a las personas que estan mas cerca y que de tan cercanas algunas veces pensamos que estaran para siempre, el cariño hay que demostrarlo dice mi abuela y tiene toda la razon, que poca importancia le damos a un abrazo fuerte, bien apretado y que maravillosamente reconfortantes son, me gusto lo que escribiste. cuidese harto.
Escrito por: guadalupe40       20/09/07 17:16
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Cuanto sentimiento! me ha llegado pajarote, tal vez aquí cabe la letra de mi coterráneo León Gieco cuando dice en su canción " sólo le pido a Dios que el mundo no me sea indiferente" y estas palabras están al margen de credos y de la calidad y apariencia del Dios en cual creemos...Guadalupe jubilada de Santa Fe capital Argentina.
Escrito por: INGRID_CHILE       02/09/07 07:48
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Tu relato, tiene varias virtudes, entre las que destaco; buena narracion, bien estructurado, "atrapador", coherente y todo sobrellevado en un mensaje muy reflexivo y necesario. Me encanto. Lo unico disidente a mi juicio, es la reiterativa de la presencia de Dios. Felicitaciones.Saludos.
Escrito por: Hijodelaluz       31/07/07 03:26
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Duele.Hace reflexionar.Es fascinante cuando algo te hace cimbrar los cimientos. Pese a que se refiere permanentemente a un Dios que respeto, pero que no encuentro como entidad diferente de barba blanca dando pasaportes al cielo o al infierno; debo sacarme el sombrero con la sensación que transmite. Ponerse en el lugar de otro es el estado Crístico; y, justo ello es lo que debemos intentar lograr al leer las letras sangradas por un hermano. Y conste que escribí leer; jamás juzgar... Un abrazo, felicitaciones y... sempre avanti
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