


| Escritor: | pajarote |
| Públicado: | 30/07/2007 |
Como me arrepiento de no haber parado cuando ví a ese niño sentado al filo de la carretera .En su expresión dulce y su sonrisa apagada se podía dar uno cuenta de que se estaba imaginando como jugaban los niños frente a el. Imaginando digo porque la velocidad con la que pase junto a le no me impidió ver que era ciego.
En esos segundos que puede tomar el pasar frente a alguien a setenta kilómetros por hora, la ternura que irradiaba de su cara me golpeo el rostro mas fuete de lo que lo hacia el viento, fue como un golpe de luz en la cara. Cuanta dulzura había en ese rostro de parpados cerrados y hundidos de cara pálida y casi huesuda.
Unos niños frente a el de unos cinco a ocho años jugaban en medio de la carretera despreocupados, descalzos con sus caritas un poco sucias pero con la inocencia intacta, golpeada quizás un poco por la pobreza. Pararon de jugar cuando escucharon el sonido de la moto en la que me acercaba a la distancia. Lo pude notar porque ví como alzaron la mirada hacia mi mientras me acercaba, como quién mira cuando están llamado sin saber quien es, un poco con curiosidad o extrañeza, y como pajaritos que alzan el vuelo cuando ven venir algo que los amenaza corrieron a refugiarse junto a la acera. Pero el niño ciego siguió riendo como si todavía sus amigos incondicionales jugara con sonidos de canto para el, con juegos que el también puede jugar o imaginar, porque su imaginación ve mejor que mil ojos juntos.
Como me arrepiento de no haber parado ante tanta dulzura expresada esta vez no en los ojos que son las ventanas del alma como dicen por ahí, sino ante la sonrisa de un niño que expresa mas con su rostro que muchos con las palabras, expresando una dulzura que Dios reserva a criaturas como el. Me hubiera gustado parar, saludarlo, preguntarle como se llama, estrechar su mano y regalarle el jugo en botella que llevaba en mi mochila.
Aquella imagen que fue como un flash en un momento inesperado no me la e podido quitar de mi mente, y tampoco quiero. En algún momento volveré a pasar por ahí y quizás lo vea o tal ves ya no. Ahora pienso en el niño ciego frente a la carretera y me doy cuenta que muchas veces se dejan de lado las expresiones de cariño por los apuros de la vida, que vale la pena detenerse un momento a decir un te quiero, a dar un beso sin que te lo pidan, a dar una palmada inesperada en el hombro a tus compañeros mientras se pregunta; Como esta todo...? que hay…? Que ha habido…? Como esta todo profesor…? Que mas mi pana…? O cualquier cosa pero que sea con cariño.
Mientras avanzaba un sabor amargo me resbalo por la garganta con espinas de remordimiento así lo sentí. Yo que venia pensando en muchas cosas que me angustiaban y que me gustaría que sean y no eran y no me daba cuenta de las que si tengo, de las que Dios me da todos los días con cada despertar, debí reflexionar mucho desde aquel instante porque ya no me angustian tanto. Pero de todas las cosas que debo agradecerle a Dios por darme todos los días, es el haberme dado la ternura suficiente para que cosas como esas no me sean indiferentes y que mi espíritu se rebose de esa mezcla de culpabilidad y egoísmo, de ternura y amor que mezcladas dan un coctel de enseñanza.
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