Tenía el despacho en la periferia, lejos, en el nivel /19/. El cliente que me quisiera contratar, siempre lo hacía por el boca a boca o por encontrarme en las páginas amarillas de cualquier retro-monitor.
Ese día era tranquilo. Tanto, que me encontraba en mi sillón recostado con las piernas en alto sobre mi vieja mesa de imitación de caoba-plástica. La piel del asiento, me engullía plácidamente al son de una melodía que revoloteaba en un CD de mi vieja colección. -``You Know I'm No Good´´- de Amy Winehouse, me susurraba con su estupenda voz de mujer negra, pero ella era una inglesa blanca con su gran peinado fuliginoso, y elevado.
Me puse mis -gafatronix/111- era un antiguo modelo, pero al fin y al cabo me hacían un buen servicio, aunque no tenían la misma resolución ultra-fina del nuevo modelo /115. Mientras la voz de aquella antigua cantante del 2008, me agasajaba mis oídos, iba mirando atreves de los anteojos viejas fotos de una revista de la misma época. Mujeres rebosantes de carne rosadita en posturas provocadoras. Páginas especiales, para hombres solitarios como yo.
Unos golpes en la puerta me hicieron regresar a la aburrida realidad.
-¡Sí! Adelante.
-¡Buenos días! Es usted el señor John Derry.
-¡Sí! Que desea
-Mi nombre es Philip Howe, y trabajo para TECNICZOMM-. La fábrica multiestelar dedicada a la fabricación de chips de última generación.
Tenemos un pequeño contratiempo y requerimos de su ayuda.
-¡O.K.! soy todo orejitas.
Bien tras los primeros pasos en la década del 2010, cuando un laboratorio ingles en la gama de desarrollo de Nanochips elaboró un material cerámico. -Ese fue uno de los grandes avances de esta rama.-
Según el Prof. Gabriel Aeppli, director del Centro del Nanotecnología de Londres, esta tecnología tenía el potencial de crear memorias tridimensionales en espacios muy pequeños.
El material se podía utilizar en la elaboración de tarjetas de circuitos auto ensamblados, con varias capas aisladas unas de otras por apenas unos cuantos átomos, reduciendo de forma espectacular los requisitos de tamaño del procesador
-Perdone señorrr Howe. No querría ser mal educado, ni arrogante. -Vaya de cara al grano.
-¡Si, claro! Solo le ponía un poco al día del trabajo que le quiero pedir.
- Mire señor Howe, yo solo soy un investigador privado del tres al cuarto. Busco personas o cosas. Dígame que quiere que le encuentre.-
A la señorita Carol Brazieal, trabaja en el laboratorio. En el subsuelo /8/. Hace dos días que no viene a trabajar y ha desaparecido con el nuevo proyecto. Esta en beta pero casi finalizado, solo restan pequeños flecos -¿Entiende, señor Derry?- Antes cuando me corto la conversación, le explicaba lo que se produjo en el 2010, con el producto de cerámica. Hoy en el 2090, tenemos otra revolución. Nanochips de un material extraído de unas medusas especiales, únicas en su especie encontradas en el fondo del océano. El material es flexible y duro aguanta mucho y es multiconductor -¡La revolución!- Señor Derry.
-Entiendo, señor Howe. Quiere que encuentre a la señorita Brazieal, y le traiga en cajita de titanio envuelto con un lazo, su extraordinario nanoproyecto.
-¡Así es!
Tras rellenar un pequeño papeleo, y terminar de aclarar mis emolumentos. Aquel tipo, recubierto con su abrigo de paño comprado en alguna tienda pakistaní de alto Estanding-Bip, me paso la imagen en 3D de la mujer.
¡Wuauuu! Pedazo de rubia oxigenada. La verdad no estaba nada mal aquel bombón del nivel /5/.
Quería comprobar la primera rutina. Le hice una llamada con el intercomunicador, pero por lo visto aquella conejita salió de su madriguera.
Conocía un tipo en ese nivel, un tal Osamu Nakayama. Diríamos que era mi soplón particular en ese cuadrante. Desde el día que en una investigación policial le saque las castañas del fuego. Un asunto nada claro, y que lo ponían a él como primer sospechoso de a ver matado a una prostituta de la gran mafia japonesa. La AOKI- así se llama la gran familia del hampa nipona. Yo por ese tiempo era polizonte. Teniente encargado de cuestiones escabrosas. Así conocí al tipo, y unos cuantos años después de salir del cuerpo, me fui aprovechando del sujeto para pedirle favores sin ningún escrúpulo en mi trabajo de -hule-braguetas-. Así nos llaman en este mundillo de la investigación.
Fui conduciendo mi vehículo por los tubos-carreteras. En ese momento me vino a la memoria las fotos que vi un día de los antiguos automóviles. Que andaban con ruedas de caucho sobre carreteras de asfalto, hasta la gran evolución de los tubos transparentes de metraquilato de decima generación.
Siempre me gusto esa época, podías conducir tu automóvil con cambios de marchas y sentir rugir la fuerza del motor. Pero todo cambio con la multifuerza-imantada donde se desliza el vehículo sin roce alguno y no hay ruido ni contaminación.
Cogí el primer desvió hacia avenida-boulevard. Hera una gran torrente repleto de tiendas y locales regentados por Japos-, así se les conocían.
Al entrar en la tienda, mi nariz le robo aquel lugar un poquito de sándalo. La esencia se diluía en pequeñas barritas que se quemaban al son de un hilo de humo blanco. Que por la corriente de aire al abrir la puerta del establecimiento, bailaban una sutil danza que desaparecían según subían hacia el techo. La tienda estaba repleta de baldas con potingues, botes repletos de cosas extrañas, hierbas, agujas de acupuntura, trozos de pescado seco y cientos de especias que hacían de aquel lugar un sitio muy particular.
-¡Señor, Derry! John Derry, que placer verle de nuevo por mi establecimiento. Todas esas palabras iban acompañadas con saludos y reverencias asiáticas.
-Que tal Nakayama, aun andas con tus trapicheos y con esta tienda que es una tapadera para tus asuntos turbios.
-¡Que dice, señor John Derry! Soy un tipo legal, no tengo problemas con la inter-policía, -¡No problemas!-
-¡Bien, compañero! Quiero que mires esta foto y dime si conoces a esta dama. Tras abrir mi portátil y aparecer el holograma 3D. Osamu me dijo que sí, que se entero por casualidad que andaba buscando a un profesor japonés que trabaja para una compañía extranjera para un asunto de importancia. Y que se hospedaba en un motel a cuatro manzanas del lugar, donde al parecer lo estaba esperando para hablar de negocios.
Tras proporcionarle una propina y darle recuerdos para su mujer, cogí mi vehículo y me dirigí hacia el lugar donde Nakayama me obsequio con su suculenta información.
Estacione el auto en un callejón lateral. Y me dirigí al bloque donde estaba situado el pequeño motel -``EL DRAGÓN AZUL´´-. Tras darle un suculento billete de cincuenta híper-pavos al tipo de recepción, me indico en que piso y habitación estaba el bellezón rubio.
Esperaba llegar antes que el profesor japonés, y que tuviera en sus manos el preciado beta de última generación.
-¡TOCK! ¡TOCK! ¡Señorita Brazieal!¡Carol Brazieal! Mis preguntas fueron acompañadas con unos sutiles toques de nudillos.
-¡Sí! ¿Quién es?
-Soy el profesor- -¿Quería verme, recuerda?-
La puerta se abrió sigilosamente y apareció el rostro chafardero con mirada decepcionada al verme.
-¡Usted no es el profesor Takushouku! -Exclamo extrañada-.
Tuve el tiempo justo de meter mi pie entre el marco y la puerta. De un pequeño empujón me metí dentro y cerré de un pequeño portazo.
-¡No soy el profesor! Soy John Derry, investigador privado. Trabajo en este asunto por obra y gracia de la compañía TECNICZOMM-. Así que ya imaginara porque estoy aquí.
La mujer cogió un paquete de cigarrillos y le prendió fuego al que se puso justo entre sus gruesos labios. Tras una gran calada dejo escapar el humo blanquecino diluirse en medio de la habitación.
-¿Dónde tiene el Nanochip? Y no me diga que no lo tiene, porque estaba esperando al profesor.
La mujer se sentó en un gran butacón que había en el fondo de la habitación. Tras alzar la voz, dijo -¡Música!- Y se empezó a escuchar una suave melodía muy antigua. Casualidades de la vida, tenía una emisora puesta de recuerdos musicales Spinning The Weel- de George Michael.
Realmente era espectacular, llevaba un largo abrigo de plástico negro súper brillante, atado con un cinturón del mismo material. Unas botas también negras, con una gran suela de goma. Y unas hebillas cromadas que le daban un toque neo-gótico. Encima de una pequeña mesita tenía una mochila de mujer que podía llevar agarrada como bolso o bien colgada. Todo me decía que estaba esperando salir del lugar justo cuando viniera el profesor Takushouku.
-¡Vamos, no juegue conmigo muñeca! Deme el chip y terminemos con este asunto. Se me enfría la cena.
-Va a ser difícil. Lo tengo incorporado en mi cuerpo.- Me lo implante para sacarlo del laboratorio- Entiende investigador Derry!
Tras esas palabras, se desabrocho el cinto y se abrió el abrigo. Como si fuera un gran telón del teatro de la ópera italiana me quede perplejo al observar que no llevaba nada encima. Recostada envuelta en plástico negro, me regalaba un soborno de carne suave. Entonces abrió sus piernas para que pudiera ver el gran túnel del Edén. Mi corazón se puso a palpitar, acelerado y por mi estomago subió un repentino cosquilleo de aceleración y revolcón.
Con pasos firmes, me acerque a ella y le baje de sus hombros todo el resto del abrigo plastificado
-¡Dios!- Que piel más suave. Mis manos la acariciaban sin tregua, como exploradoras que descubren una tierra virgen. Al agacharme me agarro de la cabeza y nuestras bocas chocaron como dos híper-trenes de mercancías. Tras intercambios de besos abrasadores y caricias ardientes, el asunto termino en el suelo. Encima de su gran abrigo extendido estaba ella como un manjar exquisito, radiante como una flor abierta para la gran abeja que busca el polen. Con gran rapidez y mi respiración alterada me fui quitando toda la ropa. Éramos dos cuerpos desnudos agarrados al deseo, al jadeo, al espasmo más brutal
-¿Donde tienes el chip? Le pregunte entre movimiento y movimiento de pelvis.
-En mi brazo izquierdo, en medio del tatuaje.-En el centro del ojo egipcio-
Allí estaba ese ojo negro mirándome, dibujado en su piel por un tatuadór maestro de pulso firme.
Estábamos llegando al cenit final, los espasmos y los sudores se fusionaban en nuestros cuerpos.
Pero a punto del apogeo final salió de su boca unos alaridos bestiales. Me agarraba con una fuerza extraordinaria. Sus poros comenzaron a transpirar una especie de gelatina viscosa, sus extremidades se transformaban en tentáculos su aparato reproductor se aferro al mío. Su cara fue perdiendo las hermosas fracciones y sus ojos comenzaron a sobresalir como si quisieran estallar. Mis brazos apoyados en el suelo los tenia rígidos, estirando para riba con toda mi fuerza mirando de arrancarme aquella masa. Ella luchaba quería más algo que yo ya no podía darle.
Me repugnaba y ella se agarraba a mi aparato como queriéndoselo quedar. Tras una lucha sin cuartel, le solté un puñetazo en medio de su cabeza en forma de medusa asquerosa. Sus gritos seguro se escucharon por todo el bloque. Tras el golpe me lance hacia tras y con mis manos aun húmedas de babas asquerosas agarre mi arma reglamentaria la Paramelux 510 con punto luminoso. Le enfoque en medio de la cabeza, me miraba y me decía
-¡Ven con migo cielo te hare gozar inmensamente!...
Tras dos disparos certeros de energía-reboteadora, cayó de espaldas y con el paso del tiempo su cuerpo fue reconstruyéndose. Se convirtió de nuevo en aquella hermosa mujer rubia oxigenada que me abrió la puerta.
Tras esperar sentado una hora y fumarme tres pitillos humeantes, sonó la puerta de la habitación. Al abrirla, agarre al profesor Takushouku y lo metí hacia el interior.
Tras una pequeña charla, extrajo un escaneador. Lo paso por su brazo y sobre el punto encontrado puso una pistola médica y le absorbió el nanochip. Le puso en la punta un pequeño frasco plateado térmico y lo escupió dentro de un gatillazo.
Le dije que se fuera como alma que se lleva el diablo antes de que viniera toda la tropa de polis con sus robots danzantes del CSI a tomar pistas.
Me largue de aquel motel, con el frasquito y el sabor del trabajo bien hecho
Tenía ganas de regresar a mi apartamento del nivel/19/ y pegarme una buena ducha con jabón perfumado y quitarme a aquellas asquerosas babas de mi cuerpo. Tomarme una birra bien fría y ponerme algo de música.
Viajaba atreves del tubo de metraquilato, tranquilo deslizándome sobre el pavimento imantado. Puse la radio local de música CLÁSICA-KISS FM-
La lluvia golpeaba el conducto transparente con virulencia y la voz del locutor nos regalo una hermosa canción con regustito antiguo
-Queridos oyentes desde las ondas más íntimas, en esta noche mojada por las lágrimas de los ángeles desconsolados, circulen tranquilos. Y no hagan como aquel señor que hace parar un autobús, y le dice al chofer: Oiga, ¿este autobús me lleva al cementerio? Si se pone delante, es posible.
-Les dejo con la música que es lo que más nos gusta -¡Connnnnnnn!-
-One More Kiss, Dear- de la mítica banda sonora de -BLADE RUNNER-
El piano perfuma el ambiente y esa voz tan tranquila con tono antiquísimo me regala su compañía perdido en tubos transparentes
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