El mundo de los cuerdos

 

Si alguien te dice que estás loco no es que quiera encerrarte en un manicomio, o que piense que no piensas o que esa persona sea la que esta loca, a pesar de que se ria de las frases mas brillantes que se te hayan podido ocurrir en tu vida. La locura es sinónimo de diferencia y eso no es malo, o por lo menos eso creo.

Cuando era niño le pregunte a alguien mayor acerca de lo que significaba la locura, esa persona me respondió que la locura era lo que le daba a las personas por no ir a la escuela y que por esa misma razón a los pordioseros se les llamaban locos, desde ese momento no falte un solo día a la escuela, ni al colegio, hasta que ingrese a la universidad y conocí a una manada de locos que me enseñaron a tomar, bailar, conquistar mujeres, capar clase, leer libros anarquistas, tocar guitarra, entre otras cosas,  hasta que me echaron de la universidad y mis padres casi se ponen locos - me hubiera gustado que se hubieran vuelto locos totalmente-; Sin embargo mi llamado era a ser una persona de bien, por lo cual me enviaron a México para continuar, o mas bien, volver a iniciar mis estudios de idiomas en un pequeño pueblo de ese país. Para no perder la costumbre, cada vez que la academia me lo  permitía, me escapaba a conocer los diferentes pueblos y ciudades mexicanas, sin embargo en este momento lo hacia solo y en bicicleta pues la economía no me permitía viajar como un turista “normal”.

Muchos de los pueblos mexicanos se parecen a los de Colombia, es mas, los habitantes mexicanos son  muy parecidos a los colombianos, a pesar de los diferentes acentos, tenemos una misma cosmovisión del mundo, creencias y tradiciones muy similares, expresamos nuestros odios, nuestros amores y nuestras alegrías de la misma manera, comprendí que las fronteras son invisibles por que no existen sino en los papeles de los gobernantes, lo que no comprendí fueron los muertos regados a diario en la frontera con EEUU; De hecho nunca comprendí a los presidentes de Estados Unidos, ni al hambre que imponían sobre Cuba en nombre de la justicia, ni las invasiones militares en países de oriente medio en nombre de la libertad, ni siquiera llegue a comprender quien cometió el error de encargarles la justicia y la libertad del mundo.

De esta manera deambulé muchos meses recorriendo el país, aprendí a mirar la luna no como un astro en el cielo sino como un milagro en la mitad de la noche, aprendí que el perfume mas exclusivo y difícil de encontrar es el olor de la brisa fresca al amanecer, vi como algunos hombres y mujeres para decir no, se internaban con fusiles en las cavernas de las montañas, supe que en mi país y en otros países también hacían lo mismo, me sentía como Gael García en la película diarios de motocicleta.

Volví a Colombia con el fin de terminar mi carrera universitaria para lo cual solo restaban dos semestres; un día saliendo de clases me encontré con Alberto, uno de mis antiguos compañeros de parranda y rebeldía que se había graduado el semestre inmediatamente anterior, la primera impresión que tuve al verlo fue que él había cambiado la rebeldía y los libros anarquistas, por el portafolio y las gafas oscuras que llevaba puestas; Me animé a invitarlo a almorzar en un antiguo restaurante de la Candelaria, mientras llegábamos al lugar, le comenté todas las cosas que había conocido en México, con lo cual se mostraba muy sorprendido, me dijo que estaba trabajando como traductor de un importante militar grigo y que en los próximos meses planeaba casarse con la “santa bendición de Monseñor Pedro Rubiano”, En ese momento pensé que las gafas que llevaba puestas no solamente eran para el sol, sino para disimular la ceguitud mental que demostraba con sus palabras; Cruzábamos la carrera séptima cuando nos percatamos de que algo extraño estaba sucediendo, nos sumamos a la multitud y observamos atentamente la escena: varios policías golpeaban fuertemente a un hombre delgado, con barba larga y mirada profunda, a un lado del recuadro se encontraba un niño de unos doce años desesperado tratando de apartar a los policías que golpeaban a su padre; “es un ladrón” comentaban algunos, “lo cogieron robando productos en El EXITO” señalaban otros, “¡el colmo! Debería trabajar en vez de estar dándole mal ejemplo a ese pobrecito niño ” decía la típica señora chismosa de cuento, “pero aonde, si antes cada día hay mas desempleaos” le respondió   un hombre con apariencia de desplazado, “pues así sea vendiendo dulces en la calle” le refuto la doña, “eso si que no señorita, no me les de esos consejos que el señor alcalde nos ordeno barrer cuanto vendedor ambulante exista en las calles” respondió un uniformado que trataba de apartar la gente del lugar. Mi amigo y yo decidimos reanudar la marcha hacia el restaurante, Y en el camino comentábamos el hecho: “¿como te pareció la escenita?” me pregunto, “creo que la policía se excede con sus actos y que el gobierno no da soluciones de raíz para que la gente no tenga necesidad de robar” le respondí. Con los ojos mas abiertos de lo común y tono aterrorizado me refutó: “pero tu debes ser consiente de que si no se les da esas reprimendas, la gente sigue robando” y agrego: “el problema de robar es el daño y la perdida  material que se la hace al propietario de las cosas; esas vainas se deben controlar  y la cárcel es lo ideal para esa clase de gente”. Por mi mente atravesaban infinidad de ideas y recuerdos, pensaba que quizás mi amigo tenia razón en algunos casos, pero a la vez no podía imaginarme que tanto daño le podría estar haciendo aquel hombre a los dueños de un almacén tan grande como El ÉXITO, le dije que el hambre es tan fuerte que puede hacer perder los sentidos a cualquier persona, que aunque no es algo general … hay gente que roba y quisiera no tener que robar, y que además, es muy curioso que los que colocan las leyes en contra del robo, son precisamente los que mas roban. Alberto solo se animo a decirme que estoy loco; Almorzamos casi en silencio y nos despedimos con la certeza de que nunca mas nos volveríamos a ver.
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Comentarios:

Escrito por: Garlod       04/01/08 15:07
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Christian tu relato es una bofetada a la hipocresia de muchas personas, que lanzan la piedra y esconden la mano, se dan golpes de pecho y en verdad son indiferentes al dolor de un hermano u hermana, de un ser humano, que lo único que lo hace diferente es no tener herramientas para ser un enclave del sistema. Si la locura significa darse cuenta de cuán injusta es la sociedad de la que somos parte, ojalá sea endémica y se propague, por vientos y mares. Yo soy algo loca, uso gafas oscuras, me gustan las cosas bellas, admiro a mafalda y pienso que existen muchas trincheras para hacer una revolución, en el rol que te corresponde jugar y que tu aceptes hacerlo, en mi caso, soy educadora, con muchos títulos, pero siempre me he desempeñado profesionalmente en las zonas más humildes, con los más chiquitos, soy una "maestra de escuela", porque hice de unas palabras de José Martí, que leí hace mucho tiempo un axioma de vida, Las aulas son las trincheras donde se debe librar la más grande revolución, el maestro con sus armas, los libros y las ideas, puede y debe ayudar a transformar sus comunidades. A veces me siento sola, pero siempre me lleno de fortaleza, cuando miro los ojos de un ser humano en minusvalía. Ya el solo hecho, que lo reflexiones y compartas con nosotros es importante. Mis saludos y respeto.
Un abrazo fraterno.
Rosa.
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