El monasterio.
Guillermo conducía su automóvil por un camino rural, admirando el paisaje absorto del resto del mundo, su mente soñaba y divagaba. Inesperadamente su auto dejo de funcionar. Baja de su vehículo para evaluar el problema, siendo esta la primera vez que sufría una avería con ese vehículo. Al hacer un análisis del problema y tratando de utilizar sus pocos conocimientos de mecánica automotriz se da cuenta que es en vano su esfuerzo, así que decide solicitar ayuda. Pero ¿Dónde la encontraría si estaba lejos de la ciudad? Decidió buscar en los alrededores y se percato que no muy lejos de ahí se encontraba un monasterio. Así que decidió ir y pedir ayuda.
Los monjes que ahí habitaban le brindan gustosamente su apoyo y amablemente le ofrecen posada ya que la noche se acercaba, además de invitarle a cenar también repararían su auto; Guillermo no podía creer en la suerte que tuvo. El les expreso lo agradecido y afortunado que se sentía por la amabilidad de parte de los monjes.
Guillermo fue llevado al lugar donde se reúnen para cenar, ya en la habitación ve una mesa redonda donde los monjes se pueden ver las caras, cenan y vuelven a sus celdas, "Este es el único momento del día en que nos vemos todos juntos" le susurra al oído uno de los monjes que esta junto a el. Recibiendo una ración de arroz en un tazón de madera con un trozo de pan y agua para beber. Guillermo queda sorprendido por el silencio que llena por completo la habitación, sintiendo en cierta forma una gran solemnidad que le invade hasta los huesos.
Después de la cena, y mientras hacen el recorrido hacia la habitación donde dormirá Guillermo su guía le explica algunos detalles con respecto a la vida dentro del monasterio. "Hemos hecho voto de silencio, no podemos gesticular ni comunicarnos de ningún modo y no hay espejos en el monasterio ni forma alguna de vernos reflejados", haciendo una pequeña pausa continua: "Vivir en un monasterio una semana no cuesta nada. Lo difícil es vivir varios decenios. Los que profesamos perpetuamente sabemos que nunca más podremos dormir a pierna suelta como dice la expresión, nos levantamos a una hora fija, fines de semana incluidos. Sabemos además, que por mucho que nos guste un determinado dulce o un determinado platillo, tendremos que conformarnos con lo que nos den. La radio, la televisión, en muchos monasterios están excluidos como es el caso de este. Además, obedecer a alguien que te cae bien es fácil, pero es muy duro obedecer a alguien cuando te cae mal. Entrar en una abadía supone renunciar al cine, a la mayor parte de la música, a los viajes, y sobre todo a crear una familia. Es una renuncia al amor humano esponsal, para volcar el corazón entero en Dios. Es renunciar a los deleites del mundo para dedicarse a lo único necesario.
"Vaya" Guillermo no pudo evitar expresar su asombro y decir: "Yo creo que no podría estar alejado por mucho tiempo de todas las cosas a las que me he acostumbrado a lo largo de mi vida" y agrego: "Es algo admirable su tipo vida" exclamó con respeto. El monje solo realiza un asentamiento con la cabeza.
El monje se detiene frente a una puerta de madera y le indica que detrás esta la habitación donde dormiría esa noche Guillermo, despidiéndose su interlocutor quien desaparece entre los pasillos paulatinamente con un paso silencioso dejando tras de si la oscuridad que solo su antorcha era capaz de diseminar. Ya en la habitación Guillermo no pudo evitar en pensar que todo aquello tenía un aspecto místico en la vida de los monjes. Todo este mundo espiritual contenido entre los muros del monasterio es lo que hace que sea tan fascinante a los ojos de todo el mundo, creyente o no creyente. Entre sus pensamientos sigue admirando la habitación y se prepara para descansar. Mientras trataba de dormir escucho un sonido muy extraño que le llamo mucho la atención, al tratar de distinguir que tipo de sonido podría ser al final el cansancio lo domino. A la siguiente mañana Guillermo pregunto a los monjes acerca del sonido extraño que había escuchado la noche anterior, y ellos respondieron "No podemos decírtelo, no eres un monje"
Guillermo se sintió un poco decepcionado por la respuesta de los monjes pero les agradeció por todas sus atenciones y subiendo a su auto se despide para proseguir su camino.
Años después, como por obra del destino, Guillermo tuvo de nueva cuenta un problema con su auto frente al mismo monasterio, así que decidió ir al monasterio y solicitar ayuda. De nueva cuenta los monjes le alojaron, ofreciéndole alimentos y reparar su auto. Esa noche Guillermo volvió a escuchar el mismo extraño sonido que había escuchado hace años.
A la mañana siguiente intrigado pregunta a los monjes por el extraño sonido, recibiendo como respuesta "No podemos decírtelo, no eres un monje"
Después de escuchar la misma respuesta de hace años, Guillermo les dijo: "Muy bien, si la única forma de saber que es ese extraño sonido es convertirme en monje, lo hare, ¿Cómo puedo convertirme en monje?
Los monjes contestaron: "Debes de viajar por el mundo, volver y decirnos cuantas hojas de hierba hay así como el numero exacto de granos de arena. Cuando conozcas estos números te convertirás en monje.
Así que Guillermo con toda la convicción de lograrlo se va a cumplir con su propósito. Pasan 45 años y Guillermo regresa de su travesía al monasterio y toca en la puerta, cuando los monjes abren les dice: He viajado por el mundo y he encontrado la información que ustedes me han solicitado. Hay 145,236,284,232 hojas de hierba y 231,281,219,999,129,382 granos de arena en todo el mundo.
"Felicidades Dicen los monjes Ahora te has convertido en monje, en este momento te llevaremos al lugar donde se encuentra el sonido"
Los monjes guían a Guillermo hacia una puerta de madera donde los monjes le indican "El sonido esta detrás de esa puerta"
Entusiasmado Guillermo gira la chapa para abrir la puerta pero se percata de que esta bajo llave.
Guillermo exclama "Vaya que gracioso, ¿Puedo tener la llave por favor?
Los monjes le dan la llave y abre la puerta. Para su sorpresa detrás de la puerta de madera se encuentra otra puerta hecha de piedra.
Guillermo solicita la llave de la puerta de piedra, los monjes lo hacen, el la abre solo para encontrar que detrás de ella se encontraba una puerta de rubí.
Así una vez mas replica por la llave a los monjes quienes se la entregan, y ahora detrás de esa puerta había una puerta hecha de zafiro.
Y así una puerta tras otra transcurrió de esmeralda, de plata, de topacio y amatista.
Finalmente los monjes dicen: "Esa es la ultima puerta"
Guillermo se siente aliviado y feliz quien se dice así mismo: "Al fin, después de tantos años sabré que es ese extraño sonido". Así le dan la llave, abre la puerta y detrás de ella queda sorprendido al encontrar la procedencia de aquel sonido extraño.
Pero no puedo decirlo, porque no eres un monje.
Bastante bueno. Bien narrado y descrito. Se siente la angustia del personaje por conocer lo desconocido y lo que haria por conseguir satisfacer su duda. Mantiene el interes del lector en todo momento. Ahora yo me quede con la duda de que es ese secreto jajaja.
Muy buena