Cuando se vio absorbido por las deudas no encontró otra salida que buscar un trabajo alterno, bien remunerado, para cumplir con los compromisos asumidos con bancos, prestamistas y casas de empeño, que amenazaban fácilmente con llevarlo a la cárcel. Por lo visto, su actual estilo de vida estaba basado en el derroche y en la complacencia de caprichos que no estaban a su alcance. Después de varios intentos fallidos decidió seguir el consejo de amigos de antaño y optó por ingresar al mundo de la pornografía pensó que de esta manera conseguiría el dinero suficiente para salir de sus deudas pero se le presentaba un escollo: Su miembro viril no cumplía con los estándares exigidos por el medio. Ahora sí se dijo a si mismo me llevó quien me trajo, me volvió a tragar la ballena. Con la sensatez necesaria para estos casos, barajó todas las opciones posibles y al final, cuando la luz tendía a extinguirse, no tuvo más remedio que utilizar la última carta que tenía guardada bajo su manga. Avergonzado decidió llamar a su Hada Madrina para pedirle que intercambiara las propiedades entre su nariz y su pene, que no tenía más remedio, que estaba endeudado hasta los tuétanos, que el pato y la guacharaca. Con miles de advertencias y regaños su protectora aceptó y cumplió el deseo de su hijo prodigo. Hoy en día, Pinocho es conocido en la industria del cine para adultos como El Engañador.