


| Escritor: | mariazul11 |
| Públicado: | 29/05/2008 |
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Cada noche
el rito de ir a acostarse era como el prolegómeno para una cita de amor.
Sueños recurrentes los llaman, pero éste tenía el aditivo que la historia
seguía un curso, a veces prolijo, a veces se repetía y ese ingrediente lo hacía
estar pendiente, hasta a veces él se imponía alguna esporádica siesta por si algo
sucedía.
La primera vez no le dio importancia. Un
extenso pasillo, puertas al costado del mismo de todos colores y la del final
se veía muy lejana. Inició el viaje cuando se vio caminando por el lugar,
se abrió la puerta amarilla donde encontró algunos amigos de la niñez, fue
placentera esa visita, sintió la misma energía
de esos años, cuando estaban jugando un cabeza, se despertó con bronca
pero con la sensación de haber recreado un momento feliz. Lo olvidó pero a los
dos días en la puerta verde sus viejos lo esperaban con un suculento almuerzo,
los ravioles de la vieja y ese olor amado volvieron a ser, su padre lo retó
como era habitual antes de las dos de la madrugada, sino volviste no entrás
La rabia por aquellos límites se diluyó y recordó a su padre con infinita
ternura. Una semana después se repitieron los dos sueños medio incompletos,
pero dejando ese saborcito de lo que se quiere aun más cuando se revive.
Con la puerta colorada, se vio en su primera
vez con una prostituta amiga de su tío, que lo inició en las artes amatorias
y que aún hoy visitaba, ya no para el mismo fin, sino para tomar mate con
aquella vieja preciosa llena de anécdotas de sus días del antiguo oficio, con la cual charlaba y reía como
viejos amigos de andanzas.
La puerta celeste era la de la primera novia,
esa rubia de ojos tan claros, pecosa y desenfadada que lo perseguía, mas cuando
él avanzaba, ella le hablaba de la importancia de llegar virgen al matrimonio.
En la violeta su actual mujer en la época que
eran dos jóvenes enamorados con proyectos de vida en común, unidos para
enfrentar al mundo, planes de estudios, hijos, crecimiento personal y amor
eterno.
La gris y la negra fueron bastante dolorosas
pues reencarnó la despedida de sus padres y la angustia por su pérdida.
En la blanca, Daniela y Marcos, sus hermosos
bebés y los primeros papá.
Diariamente ensimismado, tanto los compañeros
de trabajo y todo su entorno, referían su estado está siempre viajando, en la
nubes y realmente era así, las horas pasaban rememorando cada sueño y
atrapado por volverse a dormir a ver dónde lo llevaban esas aventuras oníricas
al más antes, mentalmente recorría su vida y deseaba volver a sentir esos
momentos como cuando habían sucedido, era una segunda oportunidad de sacar a la
luz las olvidadas vivencias de su niñez y su juventud.
La puerta rosa fue muy emotiva, esa morocha
hermosa que lo había perturbado pero que abandonó, porque
su esposa, sus hijos,
sus obligaciones te amo pero no puedo, debe terminar esto, comprendéme- Ese
amanecer las lágrimas lo nublaron y pensó que ya habían pasado cinco años y aún
la recordaba y amaba como en esos encuentros clandestinos llenos de culpa,
corridas y nervios ante el presuroso
avanzar del reloj que lo volvía al lugar del debo cumplir, aunque el
corazón me diga lo contrario. Su esposa, acostada a su lado, se tapó no
olvides las invitaciones, después te llamo a la oficina- Volvió a la cruda
realidad con esa frase repetida no olvides, hacé, ocupáte Advirtió que
dormir con ella significaba compartir la cama con una conocida que le exigía,
pedía, reprochaba.
Se levantó y luego de la ducha, se fue al bar
donde había compartido mañanas fugaces de café calentito, las manos unidas no
me lastimes, sé que es difícil pero ésto pasó, no lo buscamos, sucedió, te
necesito- Mas el deber pudo más y renunció a ese amor tardío e inoportuno,
estaba arrepentido pero era tarde, hacía cinco años que no la veía y recordaba
cada poro de su piel, cada gesto, cada caricia.
Otras noches, otros sueños, otras puertas,
colores y más colores en una danza extraña que cada vez lo atrapaba más.
Comenzó a faltar al estudio, descuidado, se
pasaba el día durmiendo, apenas comía. Pero la puerta azul del final nunca se
abría.
Hasta que llegó esa cita nocturna del día de
la apertura, misteriosamente la puerta azul le mostró su propia imagen, pero
como
hubiera llegado a ser de hacerle caso al corazón, sonriente y feliz al lado de
la mujer que amaba.
Al otro día la llamó, se encontraron como si
el tiempo no hubiera pasado y supo que la decisión de dejarla había sido errónea
Y
volvió con ella para dejar de vivir en un mundo de mentiras.
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