Una mancha roja sobre la alfombra y unas cuantas gotas de sangre, hicieron que el corazón de Luz se paralizara, causando gran conmoción en la casa.
Asustada y
visiblemente alterada, se preguntaba qué había pasado.
Por su cabeza
desfilaron un centenar de situaciones. Un crimen?...no, no puede ser, tendría
que haber alguien herido, hubiera escuchado algo. No, no podía ser.![]()
- ¿Qué pasó acá? ¿De dónde es esa sangre? ¿Quién se lastimó? ¿O lastimaron a alguien aquí, en mi propia casa? eran todas preguntas a las que no encontraba respuesta.
También pensaba en sus
mascotas:
-
Sería alguno de ellos tal vez
con una hemorragia digestiva? ¿O se habrían peleado entre ellos...?
Esa otra idea, también la descartó. Sus animales no acostumbraban a pelear, solían vivir en paz los perros y los gatos.
Lo cierto es que la mancha misteriosa y aún fresca, estaba allí. Obviamente alguien estaría lastimado en la casa, tal vez sangrando copiosamente en algún lugar oculto de su casa. Pero quien? ¿Cómo?..¿Cuándo fue eso? Y cual era la causa, la razón, el "movil del crimen" si es que había sido un crimen.
Revisó a sus mascotas: cuatro perros y dos gatos, nadie estaba lastimado.
Pensó en la posibilidad de alguna cosa del inframundo, cosas del mundo invisible en lo que ella creía mucho, pero ¡qué idea más descabellada, así que rápidamente la eliminó!!
Llamó a la única persona que estaba en ese momento en la casa y le mostró asustada, esa inexplicable mancha de sangre sobre la alfombra y el sendero marcado con gotas rojas.
Una cosa era cierta: alguien estaba lastimado, alguien estaba desangrándose. La prueba estaba en la alfombra y en el camino ensangrentado que llevaba directamente a la cocina.
-Qué cosa más extraña!...parece cosa
e´mandinga -argumentó la otra persona, tratando de ponerle cierta cuota de
humor y al mismo tiempo, tratar de ocultar su espanto.
Es que no encontraban una respuesta a lo que estaba sucediendo. Buscaron por los dormitorios, debajo de las camas, de las mesas, dentro de los roperos .nada!
Así que no encontrando explicación, decidieron por fin ponerse a limpiar la mancha en la alfombra y lavar el piso y luego, lavar los trastos de la noche anterior en la pileta de la cocina.
Fue entonces que advirtieron que ya no estaba el agua donde Luz había hervido las remolachas el día anterior y recordó que dentro del recipiente, y desde la alacena que estaba encima de la pileta, había caído un trozo de pan.
Raykos el cachorro de la casa, alzándose sobre la mesada en la cocina y en sus dos grandes patas, había metido su hocico en la cacerola y arrebatando rápidamente el trozo de pan embebido en el líquido, lo había llevado hasta la alfombra a fin de comerlo placidamente, dejando aquella misteriosa mancha roja.
Al fin lo inexplicable tenía una explicación.
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