El atardecer era cálido, y el sol bajaba despacio. Las calles colmadas de gente. Niños jugando, abuelos paseando, jóvenes trotando aceleradamente entre la gente.
Nos situamos en la zona antigua de la ciudad, con puestos en la calle, vendedores de fruta, de artesania...colores, luces, sonidos...adornaban la redonda placita.
Una muchacha forastera del entorno, dejaba sus huellas entre la gente. recién llegada a la ciudad, se dirigió hacia el puesto de la esquina. Uno de esos, donde se vende incienso, velas, budas de cera,anillos y amuletos....El vendedor, un personaje místico en apariencia, le peguntó con sus ojos si deseaba un adorno para su delicado cuello.
Algo que le diese fuerza, protección, energia. Ella, conteniendo su alucinación por la atracción que le brindaba este chico, le contestó temblorosamente: busco algo pequeño, que brille, que sea rojo, rodeado de plata.....
El chico salió del mostrador que le separaba de ella, y tomando un pañuelo, le dijo: ¿me permites que te tape tus ojos mientras te coloco lo que buscas?
Asintió con la cabeza,mientras sus pómulos se ruborizaban.
Mientras un pañuelo negro de seda fina le cerraba la visión, sintió un escalofrio nacido de su cuello. El mercader, acercó su cara mientras colocaba el bello colgante sobre el cuello de la chica. Una sensación de placer les ofreció el momento. Un hechizo mágico les aferró, les unió en vida.
Ella se dió la vuelta, y con el pañuelo en sus ojos,se acercó, buscó los labios de la locura. Queria sentir el sabor de su boca, la pasión de su lengua avasallando su ansia.
El chico se hizo esperar, y rozó sus dedos humedecidos en los labios de la muchacha, creando un deseo infernal para ella.Sus bocas, tan cerca, pero tan lejos!!! Sus ganas tan fuertes, pero la espera ganaba.
El mercader le susurró al oido: me gusta como hueles. Mañana quiero que vengas a las 8 de la tarde. Te enseñaré algo.................
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