Fragmento del libro:
HUELLAS DEL RETORNO
Jorge A Posada
La escuelita de ladrillos rojos, aulas en madera pulida y patios empedrados, lucía impecable esa mañana.
Los coordinadores de disciplina se habían ubicado en las dos puertas de acceso con la misión de supervisar la presentación personal de los alumnos. Un grupo conformado por supervisores y profesores incluyendo al rector: un hombre corpulento y malgeniado que con sólo mirar lograba el orden, había llegado más temprano de lo acostumbrado a revisar palmo a palmo el plantel.
Para la comunidad Cristiana de esa región , aquella fecha era de trascendental importancia porque desde Roma, llegaría un Cardenal en las horas del medio día trayendo consigo un mensaje del Vaticano que llenaría de esperanza a todos los feligreses; era además el momento propicio para que los directivos de la escuela demostraran por qué aquélla institución ostentaba un reconocimiento Nacional como el mejor Centro Educativo.
Eran las ocho y treinta de la mañana y escuchábamos melodías de Garzón y Collazos alternadas con folclor andino; mientras esperábamos la orden de formar, los invitados especiales incluyendo al señor Alcalde, ocupaban los asientos que se habían destinado para la ocasión.
Se notaba el orden. . . ese día de verdad era especial. Nunca antes había visto sonreír al rector y mucho menos detenerse frente a un alumno para felicitarle por su compostura. Privilegiado en ese momento por mi baja estatura, podía observar los detalles de aquella escena montada adrede para impresionar a los visitantes; la bandera tricolor ondeaba sus pliegues con un vaivén mágico mostrándose imponente y tiñendo el infinito con sus colores amarillo, azul y rojo.
¡Algo extraordinario había sucedido!: los altavoces fueron silenciados y los invitados se miraban entre sí reflejando en sus rostros una mezcla de terror y angustia. El habitual gesto autoritario que el rector utilizara para llamarnos al orden, esta vez se transformó en un vehemente llamado para que nos postráramos de rodillas y rezáramos a coro una plegaria al Santísimo por la pronta recuperación del Cardenal quien , por razones de salud, a última hora había cancelado su visita
No sabía quien era ni lo que realmente representaba aquel personaje para mi pequeño pueblo... Mas tarde, nos explicaron con detalle y en forma sencilla, que la autoridades eclesiásticas encabezadas por el Santo Padre, eran mensajeros de Dios
Sentí mas pesar por la expresión del rector y la de sus invitados que por el infortunio del Cardenal
Al no llegar el mensaje Divino, el rector , se dirigió a los invitados para agradecerles su presencia dando así por terminada aquella ceremonia.
La tan esperada orden para que los alumnos pudiéramos abandonar el plantel, sólo se dio pasadas las doce del medio día. . El aire fresco de la calle me reconfortó y pensaba lo que diría mi madre al verme llegar mas tarde de lo acostumbrado. Por fortuna no se encontraba en casa; me acosté sobre el catre de lona que permanecía en el patio y dormí hasta entrada la noche; nadie se dio cuenta de mi presencia.
Al despertar, vi la sonrisa coqueta de la luna que menguaba bañando con su mágica luz la silueta confusa de dos amantes que desafiando la noche, buscaban un lugar para soñar.
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