El maletín

Una mañana, en la que llegué a la oficina la primera, encontré en la puerta de entrada del trabajo un maletín de piel marrón con adornos dorados en los vértices, pensé que sería de algún compañero que se lo había dejado olvidado, así que lo cogí por el asa y lo deposité en un lugar visible para que el dueño del mismo lo viera al instante y se lo llevara; sin embargo, pasaron las horas y el maletín seguía intacto en el lugar que lo había depositado. Al final del día, extrañada lo dejé en un rincón, estaba segura que en algún momento alguien vendría en su búsqueda o llamaría por teléfono preguntando por el maletín.

Pasaron varios días y nadie lo había reclamado, así que decidí abrirlo para comprobar si dentro había algún objeto o documento que desvelara alguna pista sobre su posible dueño. No estaba cerrado con llave, así que pude abrirlo con facilidad. En su interior encontré un sobre de color blanco abierto, dentro del mismo había una simple nota en la que estaban escritas las siguientes palabras: «no busques más, no soy de nadie». Aquella frase respondía a mis constantes preguntas sobre el maletín. Debía ser una casualidad. Decidí que esperaría algunos días más, y si no aparecía su dueño me lo llevaría a casa para sacarle alguna utilidad, ya que entre mis compañeros de trabajo no había nadie que se quisiera hacer cargo del molesto maletín.

Pasó el plazo de tiempo en el que viví con la pequeña esperanza de que apareciera su dueño, sin embargo no fue así y me lo llevé a casa tal como había pensado. Esa misma tarde lo abrí para sacar el sobre con la nota y tirarlo, pero por curiosidad quise leerla de nuevo y cual fue mi sorpresa al encontrar un mensaje diferente: «por fin te has decidido a moverme». Pensé que más que casualidad, aquello debía ser alguna broma de alguien del trabajo y que al día siguiente se descubriría. Pero no fue así. Por más que insistí, nadie se delató como culpable de la chanza.

Cada vez que llegaba a casa, lo primero que me encontraba al abrir la puerta era el maletín encima de la mesa, el lugar donde lo había dejado el primer día y en el que llevaba ya una semana porque no me atrevía a cambiarlo. Había algo extraño en ese maletín, algo que cuando pasaba por su lado atraía mi atención casi de forma mágica y sentía la necesidad de abrir el maletín, tomar el sobre que contenía y leer la nota que había dentro. Porque desde hacía una semana, cada día había una nota con un mensaje diferente que respondía a mis preguntas... Me costaba creer que aquello me estuviera ocurriendo, pero era cierto: hacía una pregunta en mis pensamientos y obtenía a cambio una respuesta, como si fuera un oráculo, como si dentro del maletín hubiera un duende que escribiera las respuestas a mis preguntas por muy absurdas que estas fueran. Los primeros días hacía preguntas sobre el origen del maletín ¿esto es una broma? «esto está ocurriendo de verdad», ¿quién eres? «un maletín con un sobre dentro», pero con el tiempo las preguntas eran más ambiguas: ¿me llamará Jaime? ¿lloverá mañana? ¿tendré éxito en el nuevo proyecto?, y puntualmente cada día el maletín escupía sus respuestas en el sobre blanco: «te llamará» «llévate el paraguas» «recibirás a cambio dinero».

Un día al volver a casa me sentí atraída una vez más por la incesante curiosidad de abrir el maletín, era una fuerza que me arrastraba, una sensación de dependencia constante y es que aunque no quería reconocer lo necesitaba, se había convertido en mi droga.

Me acerqué, con respeto y con miedo para conocer cual sería el mensaje de ese día. Había estado todo el día dándole vueltas a la pregunta que iba a realizar al maletín, no me atrevía ni a pronunciarla. Pero al final lo hice: ¿cómo puedo ser feliz?

Y dentro del sobre estaba la respuesta: «serás feliz cuando te deshagas de mí».

La respuesta cayó como una losa sobre mis ojos y mis manos, era imposible, no podía ser esa la respuesta. Y un día, y al otro, y otro más hice la misma pregunta al llegar a casa, ya no pensaba ni en Jaime, ni en la familia, ni en los nuevos proyectos ni si había sol o lluvia al día siguiente... lo había abandonado todo con tal de llegar el final del día para conocer la respuesta a mi pregunta. Y un día, y otro, y otro más encontraba escrita la respuesta expresada en diferentes formas: «serás feliz sin mí», «la felicidad no está en mi interior sino en ti».

Después de varias semanas, en las que me di cuenta que había descuidado mi aspecto, mi casa y el trabajo porque todo se movía alrededor del maletín, decidí que era el momento de separarme de él para siempre, tenía que ser fuerte, tenía que tomarlo entre mis manos y llevarlo lejos, así que una noche lo llevé hasta un vertedero y allí desde lo alto de la colina lo lancé al vacío hasta que escuché cómo rodada y caía colina abajo, hasta confundirse en la oscuridad con el resto de basura.

Al día siguiente me levanté con una sensación distinta, me di cuenta del sol tan radiante que había en ese momento, en las cosas que me rodeaban, la gente que me quería y entonces me di cuenta que la felicidad radicaba en eso, en el momento, no en el devenir, en el mañana, en lo que ocurrirá después.

 

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