


| Escritor: | killo |
| Públicado: | 02/07/2008 |
Por si no lo conocen me propongo narrar un hecho histórico del Mal de Luna, pero antes divagaré un poco sobre el particular.
En los pueblos de Andalucía se cuenta de dos carneros cubrieron mil ovejas en una luna. Una tarde el dueño de las ovejas, un señorito a caballo, se acercó al pastor y le dijo: buenas tardes, ¿es que no ha pario ningún animal? No seño. Respondió el ovejero y añadió: en la luna nueva nacerán todos. El señorito lo miró incrédulo. Con desdén dio vuelta a su caballo y se marchó. Volvió con la luna llena u efectivamente, en siete días, habían parido todos los animales. La anécdota no tiene otro rasgo que el creer o no creer en la luna. Es conocido por todos el cuadro pictórico de un concierto de gatos sobre la tapia o el tejado. Al igual que el largo y lento aullido del lobo sobre el cabezo. La luna influye en las mareas, en la siembra, en el viento, en los hombres. Cabe decir que particularmente me crece el pelo y los miembros, me siento voraz y hasta diría peligroso. Realmente la luna me cubre de energía. Lo demás tan metafórico, se reduce a la parte de una canción que con ojos lánguidos y voz quejumbrosa cantaba en plenilunio algunos días de juventud: cansado estoy de mirarte luna, cansado de mirarme en ti, suelta las riendas por favor que apenas puedo saber quien soy de Víctor Manuel.
La historia me la refirió el abuelo Catalino. Natural de la sierra de Huelva, un pueblo de cuyo nombre no logro acordarme.
Su abuela lo hizo sentar junto a la mesa y le instigó: -¿Hijo que tienes?
Era una tarde de posguerra. La imagino en un pueblo tranquilo y silencioso en la hora que el sol palidece. Donde más que el hambre, el tedio y la nostalgia cohabitan en los hogares.- Me siento mareado, cansado y tengo nauseas. Dijo el chico, pues entonces el abuelo Catalino aún era un niño. La abuela dijo: El mal de luna. Y repitió, el mal de luna. Cogió un candil, lo lleno de aceite y lo puso sobre la mesa. Luego una taza con agua. El rito estaba dispuesto. Recitó la letanía, el conjuro, la brujería. El mal de luna, con piedad y con fe, acabaría por irse con el descanso del sueño.
Mojó el pulgar en aceite del candil encendido, se persigno la frente y la de Catalino. Al tiempo la letanía del mal de luna:
San Pedro y San Juan van caminando. Pedro dice:
-¿Qué pasa Juan?
- Que tengo una llaga.
- Yo te la curaría. Con cinco dedos, un Padre Nuestro y un Ave María.
Los dos rezan: Padre Nuestro que estas en los cielos Dios te salve María, llena eres de gracia. El Señor está contigo
Santigua la gota de aceite del candil encendido, al caer en la taza de agua. Una, dos, tres gotas. Tres veces el discurso, tres veces el mágico rito. Afuera, la luna, reverbera gloriosa y flamante. El mareo se va, el dolor se relaja o achica. La taza con esa agua conjurada, se guarda hasta llegar el día. Luego se tira en un lugar virgen donde se seca sin ser profanada.
Así cuenta que el mal de luna se fue. Se sintió mejor y liberado. La luna cuyo nombre es Luna, o Leila, o mon. o lunna. Cuyo nombre verdadero en español es Luna; ejerce un influjo mágico en todas las cosas. Dos días más, puesto que son tres de luna llena, lunará las cosas. Habrá soberbia, asombro, altivez en los ojos videntes de los hombres. Quizá algún afligido y quizá algún poeta que descorche su esencia en populares versos. La luna estará siempre ahí, ingastable, innovadora, flamante. El sabor imaginado de su porte no debe amargarnos nunca; más bien nos confirma la belleza. Nos vuelve agudos, grandes cono su reflejo, pequeños como el fuego de un pastor. Aún más mágico es el hecho de que ilumine la noche. Una eterna luz en las sombras del Alma. Diciembre 1990
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