"El Lobo Tierno"

Categoría(s): Mis historias.

  

 

 

   Estaba recién embarcado en un viejo dragaminas de la Armada de México.  La pericia, dedicación, inventiva, casi milagrería de nuestros mecánicos navales, de los que orgullosamente yo tenía seis meses ya de serlo, mantenían a flote y en buenas condiciones de navegación a ése museo flotante de la Segunda Guerra Mundial; y funcionando muy eficazmente.

    Con  seis meses a bordo,  después de haber terminado mi capacitación básica en la Escuela de Grumetes del puerto de Veracruz y a mis flamantes 17 años, me sentía un “Lobo de Mar”. Había  sobrevivido indemne, sin el menor asomo de mareo, a los oleajes y “ vientos del norte” del Golfo de México en los constantes patrulleos mensuales a través de él. Pero los marinos conocedores me advertían:

- Espero verte cuando vayamos a Tampico.

      En Diciembre de aquél año, 1970,  tuvimos que llevar al buque a su reparación anual en los astilleros del puerto de Tampico, en el estado de Tamaulipas, situado al norte del golfo de México, unas cuatro kilómetros rio adentro sobre las riveras del rio Tuxpan. Después de una travesía de varios días, habiendo salido del puerto de Veracruz, cruzamos gran parte del Golfo sin incidentes y casi para arribar a nuestro destino con una calma “chicha” llegó el día tan temido para todo marino novato; mi primer mareo.

     La riada que produce la salida del río Tuxpan al descargar su corriente de agua dulce y enfrentarse con las corrientes del mar abierto hacen que todo barco que las cruce, se bambolee como un trompo al que se le está acabando la velocidad.

     Nos habían enseñado como se llamaban las distintas formas de movimiento del buque según el golpe de agua, ¡ y había salido ileso  de todas ellas! Si el golpe de mar es de costado, se mece como una cuna de bebé y se le llama “de través”. Cuando la corriente lo agarra de frente, “cabecea”; si éste movimiento es producido por una corriente más o menos suave el cabeceo se vuelve muy lento y lo hace parecer uno de esos juegos mecánicos “sube y baja” ¡pero en cámara lenta! y ese movimiento es uno de los que hacen “morder el polvo”, ése caso el ancla, aun los marinos más rudos, no sólo a los novatos. ¡Y yo había logrado sobreponerme a todos ellos!

   Pero el vaivén de trompo mareado que se forma al mezclarse  movimientos antes descritos y todos los que ni en la academia, ni en las charlas nocturnas de las guardias de navegación, ni la imaginación más avezada, había logrado prever en mi mente. Ese choque de corrientes de agua era es lo más parecido a las borracheras que nos poníamos llegando a puerto.

 

   Cuando llegamos pues, a la entrada del puerto y empezamos a cruzar esas traicioneras corrientes, el estomago se me subió a la garganta, la cabeza amenazaba con explotarme por una inmensa jaqueca;  un sabor agridulce como unas gigantescas agruras, me  invadió la boca. La piel se me tornó amarillento y perlada por un frió sudor.   La inminente salida en ruta inversa de las empandas de minilla de pescado que estábamos cenando, me hicieron levantarme de la mesa con la cara congestionada y salir corriendo por el pasillo a la borda del buque a pagar al mar el tributo de mi novatez marina.


 

   Tenían razón los, esos sí,  “viejos Lobos de Mar”. Había recibido mi bautismo de fuego; mi primer mareo  me había ocurrido. Se murió el “grumete” y nació el marino. Lo de “Lobo de Mar” se llevaría más años.

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Comentarios:

Escrito por: Guilian       23/05/08 03:16
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En cada descripcion de los movimientos del buque, imagine, como se podría sentir de ir alli contigo!.
Buena descripción de una experiencia vivida!, gracias por mostrarla,
Un beso...
Escrito por: mariazul11       07/05/08 18:16
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Muy buen texto y siempre hay que pagar derecho de piso.
Besitos
Lili
Escrito por: Vilma       01/05/08 19:56
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Inolvidable la experiencia según veo............. jajaja supongo que hubieron pocas más como esa, aprendiste no?
Un beso. Vi.
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