


| Escritor: | Stephenie |
| Públicado: | 16/06/2008 |
Y aquella brisa que inundaba mi ser, el àtico, y ese extraño olor...
No entendia como habia cambiado todo, era increìble còmo el tiempo pasò sin darme cuenta, yo vivìa en un sin vivir, en un mar de làgrimas, de la cual, no me daba cuenta, estaba ensimismada en los recuerdos y en el dolor que me producia aquello, aquello, que amaba y odiaba al mismo tiempo...
Todo empezò esa mañana en la que estaba tan enfadada conmigo misma que ni me dirigìa la palabra, no aguardaba ni un momento en pensar en mi misma, todo lo abarcaba hacer sentir bien a todos sin importar mi estado...
Llegamos a la playa, donde tantas veces habìa ido, donde siempre me divertìa y donde sabia perfectamente que acabarìa mi castigo.
Y asì fue, me divertì igual o màs de lo que habìa hecho en mi vida, fue un dìa inolvidable...
El viaje de regreso a casa, fue sin duda el momento màs silencioso de todo el dìa. Ahì fue cuando me dì cuenta de que enfadarme no solucionaba nada, ni conmigo misma ni con Edward...
El hecho es que ya ni recordaba porque estaba enfadada, de tanta discuciòn que hubo me pareciò que incluso nos desviamos del tema.
Y llegamos al puerto.
Èl estaba allì, casi habìa olvidado cual atractivo tiene, parecìa gloriosamente iluminado por los pequeños rayos del sol que penetraban por el cielo carpado de negras nubes.
Mis ojos se brillaron al verlo, el corazòn se me salìa por la boca, y mi boca se morìa por tener esos labios perfectos junto a los mios.
De repente notè que no era a mì a quien esperaba sino a mi primo con el que viajaba y al cual le desvìaba la mirada. Aquella mirada que me cautivaba y hacìa volverme loca de placer, sus ojos color caramelo...Ay! sus ojos!
Pronto vi a Jake junto a Edward, este le habìa prometido ya hace tiempo las entradas al partido, hoy las habìa traido.
Le saludè.
Pero no obtuve respuesta, me imaginè que no la habìa oido por lo que me acerque y viendo que me daba la espalda le toquè suavemente y en ese instante que lo rozè, mis manos se llenaron de alegrìa, por fin volvìa a estar junto a èl.
Pero poco durò mi alegrìa, el se volviò y me mirò con odio y tan solo esto, se fue.
¿Còmo pretendìa que yo, me lo tomara? En fin, ya tenìa una hipòtesis sobre esto: los hombres son muy raros.
Y no es por que fuese feminista, ni niguna cosa por el estilo, pero es que màs que a todos, a èl no lo entiendo, esta muy enfadado. Y empezè a creer que tenìa razon.
Pasaron tres dìas a penas y yo sola como hace tres dìas justamente,solo pasaba allì cuando podìa escabullirme. Me encontraba en el àtico de mi casa, sola con los viejos recuerdos y mucho polvo.
Pronto oì pasos, quizàs demasiado pronto, se abriò la puerta.
Era edward tan blanco que parecìa una escultura, sus andares tan sofisticados que merecìa alabanzas, pero su cara tan seria, como nunca lo habìa hecho.
Tan pronto como el se fue, vine a este estado, muerta en vida.
Rìos de lagrimas brotaban desde estos ojos que tengo, hinchados como patatas, de tantos dìas de soledad, amarga soledad.
Todavìa recuerdo lo que me dijo exactamente:
-Todo fue y ha sido una mentira, no...te quiero.
-¿A caso has vacilado mientras lo decìas?-le dije.
-No estoy bromeando.(En realidad yo le creìa)
-¿Y que esperas que te diga, no espera... que esperas que haga?-repondì.
-Supongo que eso tu lo sabras. No quiero seguir con este juego, yo sòlo lo hice...
No le deje continuar.
-Vète, largo de aquì, y si quieres terminar con esto dilo ya, no esperes nada, que no voy a pedirte nada.
-¿Estàs segura?
-¿Eres tù el que ahora no se atreve?, recuerda, eres tu el que ha venido.
Lo sabìa perfectamente, en sus ojos se veìa, esa risa que nadie tenìa mas que èl. Edward disfrutaba viendome tirada en ese sillòn sucia y con mala cara.
-Tienes razòn, te dejare, ¿Has sufrido bastante no?, vìctima.
-¿Vìctima? No te entiendo, ¿de què vas? ¡Vienes a mi casa y me tratas asi!
-Tù eres la que lo ha provocado.
-Yo te...
-¿Què?
-Yo te quiero.
-¿Ahora te das cuenta? ¡Què pena! Pero recuerda que tù eres la que dijo que de un pringado como yo jamàs, y vuelvo a decirlo ¡jamàs! me enamorare. Es un juego.
-Estaba equivocada.
-Respuesta equivocada. Era lo siento. De todas formas yo si te quiero, y me daba igual si tù no, porque hubiese aprendido a poder ganarme tu corazòn, pero ya no puedo.
-¿Porquè? Todo tiene soluciòn.
-Vuelve con tus amigas y con Jacob, se alegraràn. No nos vamos a volver a ver, me voy, por tu culpa. Adios.
-¡Me remorderà la conciencia!-gritè.
-Pensaba que no tenìas.
Y asì todo acabo, por una frase.
Vuelven las lagrimas, saladas, a vivir en mis ojos y morir en el transcurso de su viaje.
Aunque màs es el desgarro del òrgano interno llamado corazòn, que parece que cada dìa se ahoga mas entre làgrima y làgrima.
Ya sè que olor era el extraño, y màs anuda este dolor, el perfume que le regale a Edward en su cumpleaños, Jake me lo ha traido hoy y no me habìa dado cuenta, se lo ha enviado Edward.
Todavìa no se ha ido.
Ojalà no se vaya.
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