El llanto de la dama
Entre sombras, Isaura lloraba, lloraba por su hija que ya hacia descansando en paz, durmiendo en un sueño eterno, en un sueño de total oscuridad y frío.
¿Por qué? ¿Por qué mi Valeria? Se preguntaba Isaura, ella solo era una joven, tenía dieciocho años, apenas empezaba a vivir la vida, ¿Por qué dios se la llevo?
Isaura le dolía saber que ya no vería a su hija caminar entre los pasillos, se dio cuenta que ya no la escucharía hablar jamás, no sentiría sus delicadas manos
¡OH! Que gran dolor se sentía.
Una noche, entre sueños, Isaura escuchó un lamento, era tan real, tan profundo, erizaba su piel. De pronto en lo mas oscuro de su sueño apareció una imagen, era una joven, de cabellos negros y piel pálida, se encontraba sentada, totalmente desnuda, cubría su rostro con sus manos. Ella lloraba, gritaba, ¿Por qué? ¿Por qué?
-Valeria
¿eres tu? preguntó Isaura, con un hilo de voz. La chica levantó su rostro, si ella era, pero lucia mal, muy mal.
-¡Ayúdame madre! ¡Ayúdame! ¡Me lastima! ¡Me lastima! gritaba la chica, con desesperación.
Los ojos de Isaura se abrieron, se encontraba en su cama, su corazón estaba acelerado, sudaba. Ya era de día.
La triste madre encendió una vela, rezó un padre nuestro, en memoria de su hija. Salió de casa y fue al cementerio, directo a la tumba de su hija. La madre miro la lapida y comenzó a llorar.
-¡hija mía! ¿Qué es lo que te aflige? ¿Por qué lloras mi pequeña? dijo Isaura, de pronto, la madre se dio cuenta de algo, a un costado de la tumba de su hija se encontraba un anillo de oro, el mismo que su hija usaba, ¿Qué estaba asiendo ahí? Valeria había sido sepultada con el anillo puesto. Creo que eso no importaba ahora, Isaura se marchó a su casa.
Eran las doce de la noche, Isaura se balanceaba en su mecedora, de un lado para otro, no podía dormir, solo veía el anillo de su hija. De pronto, sobre el viento se escuchó un lamento, era ella, era ella, Valeria, otra vez lloraba. Isaura se levantó, escuchó atentamente, los lloriqueos venían del pasillo, se dirigió hacia el, se encontraba oscuro, la desesperada madre se acerco al interruptor, encendió la luz, lo que vio después la sorprendió. Se encontraba Valeria al fondo, se encontraba en el suelo, tenia heridas en todo su cuerpo, parecía estarse pudriendo lentamente. Valeria miró a su madre, comenzó a llorar sangre.
-¡Madre, ayúdame! ¡Me hace daño! de pronto
Isaura despertó por el sonido de su despertador, se encontraba en su mecedora. Al parecer se había quedado dormida.
-Solo era un vago sueño
-susurró Isaura.
La mujer aún preocupada por su hija, fue al cementerio nuevamente, ¿Por qué su hija sufría aún estando muerta?
Al entrar a aquel lugar solitario y silencioso se dio cuenta de algo. Había un olor fétido entre el habiente, era repugnante, en verdad lo era.
Isaura fue donde se encontraba el velador. En una pequeña casa dentro del cementerio, tocó a la puerta, el hombre tardo unos minutos en salir. Era muy viejo.
-¿Si? preguntó
-Disculpe buen hombre
pero, creo que hay una tumba abierta, ya que huele muy mal todo el lugar
-Enseguida iré a revisar el velador entró nuevamente a su casa.
Isaura se dio cuenta que ese fétido olor provenía de la casa del viejo, se acercó un poco a la casa, empujo la puerta, esta se abrió unos centímetros. A continuación lo que la desesperada madre vio la dejo sin palabras, en la cama del hombre, se encontraba el cadáver de Valeria, estaba totalmente desnuda.