El Legado del Hechicero - Capitulo 1 (7)

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Capitulo 1 (1):

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Capitulo 1 (2)

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Capitulo 1 (3)

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Capitulo 1 (4)

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Capitulo 1 (5) 
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Capitulo 1 (6) 
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PRIMERA PARTE

CAPITULO I
Centro de Salud Mental “Lourdes Romero”
 

 

 

                (7)

                Las risas se escuchaban desde el pasillo, las voces chocaban en las paredes de la sala principal asimilando que no había tormenta alguna y las angustias absolvían las tristezas, es como si nada hubiera ocurrido a pesar de que los intérpretes de la lexía eran responsables de los cuidados del viejo Juan Esteban. El Doctor Issaís y Raquel, la sobrina del paciente estaban tomando una taza de café caliente cerca de la cálida fogata que adulaba sus presencias. La habitación, único lugar donde la temperatura no había descendido y la ardentía era infalible, ambos se sentían en una calidez desconocida, aires calóricos los agasajaban y las ropas de la joven ya estaban casi secas, aun así, había momentos de oreos gélidos que recorrían sus vestimentas pero era algo que se habían acostumbrado por el escándalo.

                El movimiento perspicaz del doctor hizo que la puerta de la amistad se abriera completamente.

                — ¿Tienes novio Raquel? —Preguntó Issaís y después de eso, le dio un pequeño trago al café.

                Raquel sonrió pero muy lista contestó con una pregunta.

                — ¿Usted tiene novia? Porque no veo que lleve puesto en su dedo el anillo de matrimonio —Rió picara.

                — No me hables de usted, me haces sentir viejo, ya te dije que me llamaras por mi nombre, Issaís. Y no tengo novia, el campo de la medicina te consume mucho tiempo y más cuando vas a tomar una especialidad.

                — Haber, cuéntame acerca de ti y de tu profesión —Raquel miró la fogata como si fuera una hermosa velada olvidando los males que la acongojan. Ella creía que detrás de todo mal hay un bien y pensaba que esta vez no sería una excepción— he escuchado que la rama de medicina te consume mucho tiempo, ¿es así?

                — Lamentablemente si —Respondió entonando la última palabra—Mi vida es muy aburrida, un ciclo vicioso que lo rompo en algunas ocasiones…

                — Continua —Dio un pequeño brinco a su asiento sin quitarle la vista a su nuevo amigo, y muy interesada en lo que él decía.

                — Te contare sobre mí. Vivo en una ciudad a unas cuantas horas de aquí, algo peculiar, siempre tenemos casos distintos en el hospital y sobre todo bizarros. Tengo un departamento bonito en las colinas San Gaspar, lo hermoso de mi hogar es que en las mañanas el sol pega intensamente en mi ventana para despertarme anunciándome que es hora de ir a trabajar; pero es muy raro que este en casa, casi siempre yo llego en las horas de dormir porque me la paso trabajando todo el día y todos los días, tengo un perro llamado Blacky, es hermoso —Cuando nombró a su mascota sonrió dulcemente como si se tratara de un hijo— Lo paseo todas las mañanas cuesta abajo para irme a desayunar a una cafetería a la entrada del alcor y después de eso llego a casa listo para bañarme e irme a trabajar.

                — Me gustaría conocer a Blacky —Raquel tomó un cojín que estaba en sillón de al lado y lo abrazó fuerte como si se tratara del perro— ¿Oye Issaís, tienes familia?

                Issaís no respondió a su pregunta, en vez de eso le dio un vistazo a la fogata que se mecía en movimientos irregulares.

                — ¡Ya no tengo novio! —Dijo Raquel para apocar el silencio que se vivía en la habitación— Antes de salir de su casa, me amenazó con terminar la relación. Cuando llegue aquí estaba pensando en rogarle para que no tomara esa decisión; pero todo cambio, todo cambio cuando lo conocí, gracias a usted tengo el valor en acabar con sus malos tratos, porque es una persona mala, es un maldito alcohólico que se la pasa bebiendo todos los días y quitándome el dinero que gano con el sudor de mi frente para gastarlo en botellas y en sus apuestas del póquer. La verdad, el solo está conmigo por compasión porque nadie me quiere, soy una completa idiota y la única sobrina del jefe de… —Raquel entró en un llanto beligerante.

                La joven se cubrió su rostro para no enseñarlo por la vergüenza que sentía. Ella sabía que no era normal su vida, también sabía que era cobarde para vivir sola por lo que sus sentimientos desvariaron al punto que las lagrimas la vencieron.

                El doctor Issaís se levantó de su asiento y limpió las gotas que se desprendían de sus ojos y después dijo “No tengo familia. Mis padres murieron cuando tenía ocho años, mi madre murió por un tumor cerebral y mi padre se volvió alcohólico y tuvo un accidente en la carretera cuando volvía  a casa”. Raquel se apartó un poco del doctor y lo miró fijamente.

                — No puedo explicar porque contigo estoy feliz, es como si me inspiraras a luchar contra todo.

                — Yo también siento lo mismo —Issaís dejo caer su mano en el hombro de la chica y le regaló una sonrisa— Eres una chica especial y no eres estúpida, tienes una sonrisa que dice mucho y una mirada llena de vida; sabes, cuando te vi entrar al cuarto y te vi por primera vez, todo fue diferente, estaba muy aburrido y con ganas de irme inmediatamente, pero al estar contigo, no sé, no puedo explicarlo…

                Cada palabra que el doctor decía a Raquel le llegaba en lo más profundo, por primera vez se sintió ilusionada, ya había encontrado a un hombre que la supiera entender, la apoyara incondicionalmente y se sintiera atraída sexualmente.

                — ¿Por qué Issaís? —Preguntó sin razón alguna.

                — ¿Por qué creer en el amor a primera vista? —Issaís preguntó entrando en la mente de Raquel.

                Ambos sabían que era el tiempo perfecto, ambos sabían que se habían desenvuelto en pláticas íntimas y ambos sabían que la mejor manera para firmar su pacto de amor sería con la entrega de un beso. Los dos comenzaron a acercarse, sus miradas estaban fijas una con la otra y sus corazones latían exageradamente, a tal caso que podían escuchar el latir y las vibraciones.      

                — No le conocía esas mañas doctorcito —Una voz interrumpió el beso. Las articuladas palabras provenían desde la puerta de la sala, la persona que había visto todo el acto estaba entrando, sus pisadas cargantes y una sonrisa mezquina era la que llevaba en su rostro por haber robado la gloria de la victoria— Buenas noches doctor, buenas noches hermosa mujer —El doctor Zaldívar tomó la mano derecha de Raquel y sin permiso de ella, posteriormente le entregó un beso haciendo mofa al estorbo de la escena anterior—Me llamo Martín Zaldívar. Discúlpeme por haberla interrumpido, pero me dio una tentación conocerla, las paredes del hospital hablan su presencia y claman su belleza infinita, y al parecer no se equivocaron.

                — Linda presentación para ser casado. No debería de llamar a su esposa, la tormenta ha empeorado, quizás nos quedemos sin energía toda la noche y muy posible sin teléfono. Los aires soplan fuertemente allá afuera y puede que tumbe un poste de luz o de teléfono, yo le recomendaría que avisara que se encuentra en perfecto estado e interrumpiendo las platicas de lo demás.

                — Discúlpeme doctor —Dijo sarcásticamente— Gracias por su preocupación hacia mi esposa, pero ella a estas horas se encuentra dormida y en buen estado, sabe que no me pasara nada, y que en estos momentos estoy trabajando —Alzó la voz en la última palabra.

                Issaís sintió agresión proveniente de Zaldívar era como si sus comentarios tuviera el fin de humillarlo y sacarlo de quicio, el  drama de la noche se volvió incomodo, el inicio de una contienda fue muy claro y los doctores no se quedarían con brazos cruzados.

                El fuego comenzó a hacer su último baile antes que muriera los brasas, el aire se volvió denso y las perturbaciones de los pabellones revivieron nuevamente, las voces y gritos de tormento se escuchaban claramente y diluvio fustigó cruelmente.

                — Al menos yo no pierdo mí tiempo intentando en serle infiel a mi pareja todos los días o me voy con las golfas que entran al bar de José Alfredo —Dijo con voz retadora— ¡Vaya,  como hablan las paredes!

                Zaldívar no permitió que hiciera una burla más y lo empujó con demencia. El doctor Issaís tropezó en el asiento en el cual estaba sentado y cayó al suelo. Issaís sonrió, y se levantó lentamente acomodándose sus ropas y rápidamente corrió contra su colega, lo tomó del cuello de la camisa y cerró su mano y de igual manera lo hizo Zaldívar, ambos se vieron con gestos hoscos con la ilación de que uno  sería el vencedor, pero antes que sus puños se conectaran en sus rostros, una fuerte voz arrasó con la disputa que apenas daba inicio.

                — ¡Deténganse! No se estén peleando —Esa voz fuerte congeló a todos y asustó a Raquel— ¡Ya suéltense! —Ordenó— ¿No escucharon?

                — ¿Qué cosa? —Preguntó Zaldívar enojado.

                — Acaba de desaparecer Don Esteban y todos lo andan buscando

                Los tres se miraron mutuamente con una mirada salida de la realidad y llena de terror, Zaldívar se quedó en shock, Raquel se tapó la boca con sus manos, Issaís salió corriendo de la habitación.  Todos vieron desaparecer al doctor en el oscuro pasillo que se lo tragaba mediante más se alejaba y sus pasos se desvanecían con sonidos impotentes.

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