


| Escritor: | aldochapa86 |
| Públicado: | 06/05/2010 |
Antes que des comienzo a leer esta entrega del capitulo 1, dejame aclararte algo:
ESTA PARTE ES PARA MAYORES DE 18 AÑOS. Aquí se escribe una violacion, y un pasado de una niña violada. No pongo nada de poosiciones sexuales, ni orgasmos ni nada por el estilo, esta escrita mas que nada de sentimientos de lo que llego a sentir la protagonista de esta entrega. Si las personas lo miran de algo morboso, disculpenme, solo quise escribir un sentimiento de terror diferente. Si no es aceptado por ustedes, escribanme, haber si les puedo ayudar, cualquier critica es bien recibida por mi, ya sea de mala manera, buena, constructiva, etc.
Su autor: Aldo Chapa
Prologo:
http://escribeya.com/Historias/el-legado-del-hechicero-prologo-213870
Capitulo 1 (1):
http://escribeya.com/Historias/el-legado-del-hechicero-capitulo-1-1-213950
Capitulo 1 (2)
http://escribeya.com/Historias/el-legado-del-hechicero-capitulo-1-2-214437
Capitulo 1 (3)
http://escribeya.com/Historias/el-legado-del-hechicero-capitulo-1-3-214443
Capitulo 1 (4)
http://escribeya.com/Historias/el-legado-del-hechicero-capitulo-1-4-217083
Capitulo 1 (5)
http://escribeya.com/Historias/el-legado-del-hechicero-capitulo-1-5-220382
PRIMERA PARTE
CAPITULO I
Centro de Salud Mental Lourdes Romero
(6)
Antes de seguir con el relato, debo de detenerme un poco. Quiero explicarles, a ustedes, el significado de obscuridad. Científicamente, la obscuridad es la ausencia de luz. También se ha usado en las poesías y en las artes reflejando sombras, maldad, depresión y odio, etc. A continuación citaré algunos ejemplos:
En la psicología tiene un gran impacto, puede causar depresión en personas que sufren desorden depresivo estacional (o depresión invernal); pero también puede causar atracción como es en la cultura gótica.
En textos religiosos se usó para dar sentido visual, como es la biblia. La obscuridad fue la penúltima plaga (Éxodo 10:21), y en el escenario para llanto y rechinido de dientes (Mateo 8:12). Una interpretación del Corán dice que aquellos que trasgredan los límites de lo correcto, estarán condenados a sufrir desesperación que quema y obscuridad fría como el hielo (Nab 78.25).Y en la mitología griega, tres capas de obscuridad rondan a Tártaro, un lugar para los peores pecadores como Hades.
Y si lo usamos como figura retórica tiene una tradición antigua y persistente. Shakespeare, mi favorito escritor de poesías. En su trabajo hizo llamar Satanás el príncipe de la obscuridad (Rey Lear), y le dio a la oscuridad garras para devorar el amor (Sueño de una noche de verano).
La obscuridad es todo aquello que se refleja con la maldad, sufrimiento, odio, etc. Todo lo negativo con lo que podamos contar.
Así es como da comienzo ésta parte de nuestro relato.
Magali Cuevas siempre le ha temido a la oscuridad desde ya hace varios años, algunas personas dicen que fue mucho antes que perdiera razón y otras después de sufrir un ataque psicológico que hasta ahora ha sido incomprensible por los psiquiatras y enfermeros del lugar. Mediante pasaba los años en su nuevo hogar, nunca fue descifrado su temor a la pirofobia y nictofobia, por lo cual la mayoría de las veces era sedada antes de caer la noche. El carácter de Magali siempre fue inusual, su personalidad tranquila en el día la conllevaba a viajar en una abnegación total a la realidad siendo la paciente más discordante del hospital, pero en las noches, cuando no se le aplicaba su dosis era la persona que batía su cama a punto de destruirla y sin olvidar sus gritos, que eran los alaridos mas repugnes y dolorosos del centro de salud. A pesar de ello, también gozaba con una belleza impugne, siendo la más linda nunca antes vista en el recinto, su cabello lacio y sedoso era cuidado por la enfermera Susana, ella, que todos los días la peinaba sin cansancio y sumo amor en las tardes mientras Magali se la pasaba quieta en las bancas viendo el atardecer; un rostro blanco y liso, sin marca de acné aunque fue propensa en su etapa de juventud, unos ojos de color celestes que únicamente eran comparados con el cielo del medio día, y un cuerpo delgado y bien cuidado de tez blanca.
Magali Cuevas dormía tranquilamente en su habitación, el cuarto era un poco más amplio a todas las de la morada del diablo, aproximadamente era tres metros más amplio y poseía un armario de madera de pino y una mesita y silla de mimbre. Arriba de la mesita siempre guardaba en su cofre el cepillo de cristal que le regaló su abuelita antes de fallecer y una cadena de Jesucristo que su abuelo le obsequió antes de perderse en los bosques para nunca más regresar, sus tesoros invaluables, su niñez cuando aún era feliz con su familia.
A pesar de haber sido sedada antes de que la tormenta azotara con fuerza al pueblo, logró despertar al escuchar abrir su puerta. Ella drogada y con alivió al ver la luz que acreditaba lo tenebroso de su dormitorio suspiró aliviadamente.
¡Hermanita qué bueno que llegaste, tenía mucho miedo! Mi cuarto está negro, no quiero volver estar sola, lo que quiero es estar acompañada mientras me cantas para dormir, ¿hermanita por qué estás callada? ¡Dime algo! Magali no recibió respuesta alguna, solo alcanzaba a divisar borrosamente el umbral de la puerta y una persona de pie siendo abrazada a contra luz de la iluminación del pasillo B.
El individuo que posaba en la entrada dio un paso hacia adelante y se detuvo para observar a Magali.
¿Hermanita? Dijo con voz temblorosa y llena de miedo.
El sujeto sacó algo extraño de su bolso y después de eso, una risa malévola se disipaba a espaldas de él.
¡Nooo! Gritó con histeria ¡Otra vez no por favor!
La persona dio un segundo paso hacia adelante y continuamente cerró la puerta muy despacio. Mientras la luminosidad diñaba por la penumbra del cierre del portal, los miedos ruines del pasado se avivaban como si fueran estallar con la poca cordura que le quedaba, dicho pasado se remota a su edad de seis años, unas horas precedentes a su aniversario.
Magali se le había hecho tarde en casa de su amiga Laura. Ambas terminaban la tarea de matemáticas que le había encargado la maestra Priscila (que aún da clases en primer grado) y después de eso se encaminó a su casa. Ya siendo tarde y la luna llena cubriendo los cielos oscuros, ella decidió tomar el camino más corto hacia su hogar, el cual era atravesar el bosque con la luz viva la luna como su acompañante. En su trayecto a casa observó a unas personas extrañamente vestidas con túnicas antiguas y raras batas que colgaban hasta los tobillos, no dudó en seguirlos, ya que, en el pueblo todo mundo se conocía y ella era una encantadora niña que todos querían; pero lo que vivió después de ser descubierta por andar husmeando le cambió la vida para siempre.
¡No cierres la puerta! Gritó y brincó de la cama para intentar detenerla.
Rápidamente fue forzada a regresar a su cama.
¡No me hagas daño! Abrazó sus rodillas.
No te haré daño si cooperas conmigo La voz del sujeto se le hacía familiar, pero por más que intentaba recordar solo le venía a su mente aquella cueva donde fue obligada a entrar. El horripilante sentimiento de angustia la apoderó e instantáneamente recapitulando el techo negro erosionado por el agua ligeramente acida a la roca caliza, y la voz de aquel hombre, que vestía diferente como si fuera el jefe del grupo quien fue el primero en violarla cruelmente la asemejó con el que estaba en la habitación.
¡Tu, tu otra vez! Dijo a voz a casi llorar.
Magali Cuevas empezó a gritar desesperadamente por ayuda pero un fuerte golpe la azotó en su rostro para callar el pedido. Su cuerpo se tambaleo derrumbándose en la cama con las rodillas flanqueadas en direcciones opuestas. Cuando recuperó el sentido, aunque haya estado desmallada por unos segundos, las manos del opresor ya estaban separando sus piernas y en un intento por zafarse del atentado ella empujó con sus manos encima del pecho de su atacante haciéndolo caer de la cama.
Esto no puede estar pasando Se dijo ella misma estando aun ida con el fuerte golpe que recibió.
Sucesivamente ante el sueño por la droga y un pasado opositor conquistó el juicio esta vez no me harán daño pensó. Magali observó al tipo que estaba tendido sobre el suelo, lo hizo por al menos diez segundos y al ver que no se movía o daba señales de vida tragó saliva y miró la poca luz que emergía de la puerta, un consuelo para ella, el fulgor incandescente que pasaba por el portal era una efusión que no podía explicar con palabras certeras a la serenidad de salir victoriosa en esta ocasión. Silenciosamente puso sus pies en el piso y después de un suspiro profundo pateó con fuerza las costillas de individuo que yacía inconsciente, le escupió y lo maldijo, posteriormente caminó hacia la puerta. Faltando unos pasos para que su mano tocara la perilla de la puerta, su cuerpo se desplomó hacia el piso, un jalón en su pie la hizo retroceder todo lo que había avanzado y cubierta de miedo gritó Nooo, no es un pesadilla, esto es real, ayúdame dios mío.
Tu dios no existe Un último jalón hacia él, Magali estaba tendida boca abajo arañando el piso con las pocas uñas que tenía, aun así intentó escapar arrastrándose pero el agresor tenía más fuerza que ella y la giró 180 grados, se vieron los rostros, los ojos de él brillaban extrañamente con un fulgor eufórico a lo detestable. El hizo su cabeza hacia un lado y le abrió las piernas y la bata para desnudar sus enormes senos, Magali no reaccionó a los movimientos de su perpetrador, una vez mas estaba viendo el techo negro y de ahí veía las tomas de su pasado, la desesperación la amotinó a su terror de hace 15 años, ahora a minutos de su cumpleaños, hoy la regresión de su violación.
No me hagas daño por favor, seré una niña buena, nunca más andaré merodeando por ahí, pero por favor, no me lastimes Decía hechizada por el ayer ¡Quítate Cerdo, Jabalí, toro, caballo, borrego! Mencionaba las cabezas de las mascaras de los innumerables bestias que la poseyeron cuando era una niña. Empezó a forcejear y fue golpeada dos veces y después fue penetrada.
Su grito profirió desde lo más profundo de su ser, la agonía exorbitante y el llanto frenético la hizo recibir un par de cachetadas.
Maldita loca ya cállate Dio un tercer golpe y después un cuarto abriéndole los pómulos. Magali escupía sangre para evitar asfixia con su sangre que se le acumulaba en la boca, el riachuelo se mezclaba con la de sus mejillas cayendo gota tras gota en el piso, el sonido que emanaba era devastador, era símbolo de su debilidad a ser entregada por una persona que odiaba desde lo más vasto de su ser.
Mientras era embestida furiosamente por el pendenciero, la mente de Magali cavilaba aquella noche, la noche donde empezó todo, la noche donde fue convertida en demente a temprana edad. Todo estaba oscuro, lleno de polvo y una fogata que pendía a poca distancia de ella que quemaba su piel, las luces de las velas caían de las puntas filosas del techo y el olor a carroña de los animales sacrificados era un hedor fúnebre.
¡Yaaa! Me duele, déjame, me lastimas. Le diré a papá Un último golpe, a puño cerrado con una manopla entre los dedos. Eso provocó un desmayo momentáneo y la caída de un diente que fue a parar debajo de la mesa de mimbre.
Un pequeño forcejeo, esta vez estaba decidido el violador. El sacó de su pantalón una inyección y se la clavó en la pierna.
¿Por qué me haces esto? Magali reveló las últimas fuerzas que tenia, logrando acertar un golpe en el rostro de su atacante.
Los movimientos de Magali comenzaron a perder fuerza, aunque una luchadora tenaz en contra de la droga inyectada lentamente empezó a ver estrellas en la oscuridad que tutelaban la realidad.
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Qué te hice? Su voz se desvanecía cada vez más.
La oscuridad se extendía en su glacis de juicio.
Sus últimos suspiros llenos de vergüenza y derrota.
La penumbra entró a la fuerza, el sueño ganó, la victoria fue del perpetrador.
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