Tenía mi mente perdida, como mi mirada. Andaba por las calles vagabundeando sin saber donde darlas. Mis bolsillos estaban vacios sin un euro, y mi estomago me comenzaba a pedir explicaciones con escandalosos rugidos.
La noche ya pinto de oscuridad la ciudad, y el frio comenzaba abrazar a los pocos transeúntes que deambulaban por las frías aceras de baldosines grisáceos. Vi un callejón estrecho y lóbrego, las pocas luces encendidas dejaban ver rasgos de unos contenedores de basura. Al acercarme pude ver unos cartones grandotes, como cajas vacías de frigoríficos.
Parecían limpios y fuertes, como para que esa noche tuviera una cama donde poder dormir. La comencé a montar, así tendría un pequeño nicho de cartón beige. Lo coloque con cuidado entre los dos containers, y me fui a meter dentro en la más absoluta soledad.
Un escalofrió recorrió mi cuerpo al sentir como un brazo me agarro por el cuello, y una navaja me pinchaba la garganta con la justa presión para que el miedo se apoderara de mi. Note el temblor de mis piernas y mis brazos al estar a cuatro patas. Una voz ronca salió por detrás de mi cabeza
-¡No te muevas, o te rajo el cuello y te desangras aquí mismo!
-¿Qué haces aquí? ¡Estás en mi territorio! ¡Memo!
Sentía el corazón en mi cuello, latía como un tambor o un millar de timbales haciendo redobles. Casi no podía soltar palabras
-Solo buscaba un refugio donde pernoctar. ¡Ya me voy!
-¡Chuuus, chuuus, chuuusssss! Tranquilito ¡O.k.!
-¿Tienes dinero, perrito?
-¡No, señor! No tengo nada estoy pelado. Deje escapar con voz temblorosa.
Mientras me soltó esas palabras, note como metía su mano en mis bolsillos y lógicamente no encontró nada.
-¡Maldita sea, pelao!
-Está bien metete para dentro dormiremos juntos.
En su último registro, en el bolsillo de mi cazadora. En el interior. Encontró mi dibujo, el que le hice a mi niñita.
-¿Y esto, que es?
-Es mi hija, un dibujo de su carita. Como no tengo fotos, llevo su retratito que un día le hice, al menos así está conmigo.
El vagabundo estiro el papel doblado en varios pliegues, estaba tan oscuro que no logro ver nada. Retiro la navaja, la plegó y se la metió en el bolsillo de su viejo pantalón. Agarro una vieja mochila mugrienta, y de su interior extrajo una pequeña vela ya usada.
-Metete dentro comienza hacer frio.
Le obedecí, la caja era grande y cabríamos bien dos personas. Metidos allí hombro con hombro la noche seria más llevadera.
Escuche el ruidito que hace la fricción de la cerilla al querer encenderse. La luz de la vela dibujaba luces y sombras en nuestros rostros.
El tipo era un hombre mayor, con barba poblada y blanquinosa. Metió la mochila hacia el interior para usarla como almohada. Al introducirnos los dos en el espacio, bajó la tapa de la caja y dentro no se notaba tanto el frio.
-¡A ver ! Hermosa niña, ¿Qué edad tiene?
-¡Ocho años! Hace varios meses que no la veo. Desde que me divorcie todo vino rodado. Se la llevó hacia el norte, yo me quede arruinado, sin trabajo. Vendí todo lo que tenia, fui de aquí para ya, tocando puertas que pensaba eran amigas y descubrí que todo era una puñetera mentira.
Nadie me dio un golpe de mano. Alguno al verme me dio algo de dinero, pero nadie me ofreció trabajo. Hasta hoy, y llevo dos días sin probar bocado.
-¿Qué oficio tienes?
-Soy dibujante de tiras cómicas, a veces trabajaba para libros de niños.
-¡Mmmm, curioso trabajo! Repleto de fantasía. Tienes un don divino que no todo el mundo tiene. Imaginación a raudales, fantasía.
-Pero de que me sirve ahora, mírame como estoy.
-Bueno, igual tu suerte cambia un día y regresas al tablero, con tus lápices y pinturas.
Notaba en aquella especie de tumba, que el cartón nos resguardaba del frio. Incluso que había una temperatura agradable.
-Sabes amigo soy un viejo solitario, siempre ando y duermo solo. Pero sabes hoy agradezco tu compañía, y te propongo un trato.
-¿Un trato? Pregunte con cierta sorpresa.
-¡Sí! Tú me regalas unas palabritas mágicas y yo te regalo algo que encontré un día. -¿Hace?- Seguro el intercambio te gustara, no pierdes nada por probar.
-¿Qué palabritas, quieres?
-Algo que me haga reír, hace tanto tiempo que no rio que no me acuerdo como se hace -Ya sabes- Como en tus tiras cómicas.
-¡O.K! Dice que Había una vez un ratero, tan, pero tan tonto que cuando robaba una tienda, se llevaba los maniquíes para no dejar testigos.
-¡Ja,ja,ja! Otro porfa.
-Un amigo le dice a otro, - Antes, todas las mujeres iban detrás mío-
¿Y ahora por qué no? Es que ya no robo bolsos.
--¡Ja,ja,ja! Bueno es un poco malo
-Está bien el último ¡O.K.!... Un amigo le dice a otro -Cómo haces que la gente deje de molestarte con - ¿Cuándo te vas a casar?
Eres el siguiente... Eres el siguiente
Dejaron de hacerlo cuando yo empecé a hacer lo mismo, en los funerales.
-¡Ja,ja,ja! Este tiene mala leche -¡Bien!... Lo prometido es deuda. Antes dime tu nombre, el mío es Zacarías
-Me llamo Raúl.
-Muy bien Raúl, el dibujante de tiras cómicas. El hombre comenzó a escarbar dentro de la mochila, extrajo un pañito de terciopelo granate. Lo desenrosco, extendió y apareció un lápiz de madera marroncito claro- Ten muchacho esto te irá bien así no podrás decir que nadie te dejo nada.
-¡Gracias, Zacarías! Esto me trae recuerdos, pero ya no dibujo.
-¡Amigo mío! Esto no es un útil de escritura vulgar, es un lapicero como tú
- ¿Cómo yo?
-¡Sí! Tiene don, magia. Todo lo que dibujas se torna real. Por desgracia yo no tengo tu arte y mira mis manos como tiemblan. Un día quise dibujar una rebanada de pan y me salió una piedra -¡Fatal, no!-
No me lo podía creer, tendría razón aquel viejo chiflado. -¿Lo puedo probar?- Le pregunte.
-¡Claro!, pinta compañero. Mira ten unas hojas en blanco que recogí de un contenedor de reciclaje. Dibuja algo y lo veras como se transforma.
Era una locura, -pensaba- este tío esta trastornado después de llevar tantos años caminado entre la soledad y cajas de cartón.
Bueno pensé, le seguiré la corriente no sea caso que me sacara otra vez la navaja. Dibuje un bocadillo con lechuga, lomo de cerdo y rodajitas de tomate. Después me puse con dos vasitos y una botella de vino tinto.
Los trazos me llevaron al recuerdo de cuando pinte la cara de Anita, mientras sombreaba la botella de vino me acorde cuando le ennegrecía el cabello morenito y aquellos ojitos oscuros como la coca cola.
-Ya esta, y ahora, ¿Hay que esperar mucho?...- mientras decía esas palabras, del papel blanco y medio arrugado comenzaron a coger cuerpo mis dibujos, salían literalmente hacia riba hasta que se transformaron en objetos reales.
Escuche una carcajada y un cierra la boca amigo, te entrara una mosca.
-¿Te gusta el regalo, Raúl?
-¡Ja,ja,ja! Comencé a reír, como un loco, poseído por tener esa herramienta que me daría de comer todo lo que quisiera. Aquello era fantástico. ¿Qué quieres comer Zacarías?
-¡Bueno!, un par de huevos fritos, lomo, papas fritas, arroz a la cubana, frijoles, dos bananas grandotas -¡Sí!- y un buen platito de macedonia con caldito repleto de frutas
-¡O.K.! Amigo. Comencé a dibujarlo todo con trazos rápidos y perfectos, lanzando sombras a diestro y siniestro para culminar aquel festín.
Los manjares cogían cuerpo, volumen, aromas y sabores según iban renaciendo del grafito del lápiz y le robaban el espacio al mismo vacio.
Poco a poco fuimos comiendo y una sonrisa de satisfacción fue marcando nuestras fracciones.
-Ándale Raúl dime otro chistecito de esos...
-¿Sabes de que murió la mujer del capitán garfio? De una caricia.
-Papá, papá, hace dos meses que perdiste la tarjeta de crédito y todavía no lo has denunciado. Y dice el padre...-Es que me he dado cuenta que el ladrón gasta menos que tu madre-.
-Un crio le comenta al papá -Papi, so, cuando sea rande quero ser puto. Y el padre le contesta -Pero hijo eso no se puede, esta incorrecto, tú puedes ser futbolista, abogado...Y el nene afligido le contesta -Entonces, si no puedo ser puto quero sed Mickey.
-¡Ja,ja,ja! Estás loco dibujante.
Mientras Zacarías se recostaba y se reía por mis chistes bobos, agarre la ultima hoja en blanco y comencé a garabatear. Mi mente jugaba con trazos sueltos casi no sabía que realizaba. Mi imaginación me volvía a jugar una mala pasada. Cuando mire concentrado el papelucho vi mi mano terminar de dibujar un cuchillo grande de monte. Se transformo frente a mí en una hoja luminosa y brillante.
Tras agarrarlo por el mango, vi aquel tipo con sus dos brazos puestos por encima de sus ojos, como intentando dormir tras el tibio festín.
Aquel pobre desgraciado no tuvo tiempo de reaccionar. Cuchillada tras cuchillada, fui robándole la vida. Asestándole casi con odio una veintena de hundimientos en su viejo pecho. La sangre salpicaba la caja beige, de un manotazo tiro la vela y prendió la hoja del dibujo, y fue agarrando la caja de cartón. Sus ojos se quedaron abiertos grandes, mirándome y regalándome una mirada de odio y desesperación.
Tuve tiempo de coger la mochila, el dibujo de mi hija, y mi preciado trofeo.
El lápiz mágico era mío. Podía ser el amo del mundo.
Tras salir huyendo de aquel lugar, unas manzanas más abajo me oculte en otro callejón y me deje deslizar fregando la pared, quedándome sentado en el suelo con mis piernas abiertas.
-¡Mira tío! Se ha perdido
Levante mi mirada y vi a cuatro tipos desaliñados.
-Danos todo amigo, venga vacíate los bolsillos
El tipo me dio un golpe en mi pierna para que espabilara. Saque de dentro de la mochila el cuchillo y de un rápido golpe se lo clave en el pie
Los gritos de aquel desgraciado se escucharon por todo el maldito barrio.
Pero eso fue mi mayor estupidez, por que poco a poco ya no notaba los golpes, ni las patadas que me regalaban con sus viejas botas desgastadas.
Sentía dentro de mí como mis costillas se hacían añicos, mis riñones reventaban. Uno de los golpes, me agarraron la pierna, y me la pusieron entre dos ladrillos que cogieron de una obra próxima al lugar. Con un palo grueso me dieron un golpe y sentí mi rodilla romperse en mil pedazos.
Frente a mi justo sentía su aliento, el tipo que le clave el cuchillo en el pie me miro fijamente.
-¿Y el dinero, bastardo? ¿Tienes plata? ¿Este dibujito que es?... mmmm
Que niñita más guapa esta para comérsela
-¿Sabes cuál es el colmo de un sordo?... Que al morir le dediquen un minuto de silencio.
¡Crahsss! Solo escuche el sonido de mi cuchillo clavándose en mi pecho. Un enorme calor me visito el cuerpo mal herido. Vi como se marchaban y desaparecían poco a poco por la negrura del callejón. Pensaba que mi vida valía menos que un lápiz. Que igual si se lo hubiera pedido me lo regalaría.
Poco a poco mis ojos se cerraban y a mi mente le venían chistes y ocurrencias para dibujar una tira cómica de un diario dominical
¿Qué te pasa Luis? Te veo triste
Pues Manolo mi abuela, se cayó de un séptimo piso y ahora está en el cielo, ¡Joder! Pues que rebote tiene esa viejita .. ******************** FIN-********************
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