


| Escritor: | alegreincer |
| Públicado: | 08/11/2007 |
![]()
Viernes por la tarde, cerca de las 2; salimos mis dos hermanas menores
con mi papá y mi mamá hacia Teustepe; la alegría de mis hermanas no era
tanto como la mía. En la casa de las Sánchez, hacia donde nos
dirigíamos, había un enorme palo de jocote, yo podía escalarlo y tener
mas posibilidades que mis hermanas para comer más, he ahí la mas
alegría personal que de hermandad.
Después de un cambio de ropas o quizás un ligero baño nos dirigíamos en
la Station Wagon de mi papá, solo unos 20 Km. nos separaban del festín,
no más de media hora y estaríamos saludando con educación y amor a las
anfitrionas nuestras. Teustepe siempre se caracterizó de poseer un
calor terrible a todas las horas del día, en un rincón del patio de las
Sánchez, quizás en el mas fresco, estaba mi adorado palo de jocote. El
calor no existía en esos instantes para mis hermanas, ni para mí; que
muy apresuradamente corrí como niño moto hacia donde estaba mi antojo.
Desde muy niño; cuando llegaba a la casa de la Yeye, con mis primos y
primas nos dirigíamos a comer jocote, algunas veces escondidos de las
tías que vivían en esa casa, ese palo de jocote ha dado muchos frutos e
hijos, uno de los cuales es el que actualmente sigue en la casa de mis
padres, la antigua casa donde niños hicimos muchas travesuras. Armando,
mi hermano, una vez encaramado en é y comiendo y comiendo por horas, no
se bajaba; hasta que se le vino el accidente. Con su salida de baño,
encaramado en el palo comió hasta no más poder, se le vino un dolor en
el estómago, un rápido y fuerte retortijón, en cuestión de segundo se
cago, sí se cago, se le vino una diarrea rapidísima, que ni tiempo de
bajar le dio, que clase de diarrea que mis hermanas y yo nos pasamos
riendo de él durante días por la cagada que le había pasado.
Ese es uno de los tantos recuerdos que tengo de ese patio que me vio
crecer y reír. Hoy a esta edad que cargo encima me da tanta nostalgia
recordar todos esos gratos momentos que desearía regresar a mi infancia
y disfrutar todo de eso miles de veces para poder llorar de tanta
alegría compartida con mis hermanos y mis primos.
Al empezar a cruzar el patio, se me venia a la mente que los jocotes de
donde las Sánchez son de los tronadores, mi predilectos después de los
jobos, en mi casa son de los invierneros que no llevan tanta carne
como estos. Ese calor de Teustepe se mi estaba disipando con cada paso
que plantaba en el patio fresco y amoroso de las Sánchez. Mi estomago
bailaba de alegría y placer cada vez que pasaba bajo un hoja
cualquiera, ese patio estaba lleno de tantas plantas y árboles que
valía la pena en mis adentro imaginarme que me encontraba en lo mas
profundo de un bosque donde los Boy Scout podríamos instalar una casa
de campaña u dormir placidamente. Cada centímetro que avanzaba sentía
mas fuerte el olor de los jocotes penetrando como punzón en mi nariz.
Ya se han de imaginar que el saludo que les dimos a las Sánchez fue
rápido para no perder tiempo en la recogida de jocotes, y así de rápido
fue nuestra impresión al ver el suelo totalmente alfombrado de jocotes,
verdes, rojos, sazones, grandes, pequeños, medianos, dulces de sabor y
dulces de placer. Fuimos con mis dos hermanas recogiéndolos del suelo y
a la boca, para qué enjuagarlo o lavarlos si lo único que tenían era
una pequeña capa de polvo en su tierna piel, para qué cuidarse de una
enfermedad si mi papá es médico y nos puede curar pensábamos
comúnmente en nuestros interiores. - Ese sabor de dicha fruta lo levo
horita mismo que escribo esto; en la punta de la lengua y mi mente está
viajando delicadamente hacia ese momento de felicidad con mis hermanas
menores. Teustepe donde de broma decíamos que un camello se podía morir
de sed, donde los jícaras le dan sombra a las cabras y el bello río
Malacatoya es mas bello que en cualquier otra parte de mi tierra.
Algún descuido, quizás el sonido del jocote al caer fue que hizo que
apuntara mis ojos hacia una gran manto negro en el suelo, justamente
pegado al escusado nuevo del patio, ese manto negro aflorando a ras del
suelo, sostenía el jocote mas grande y jugoso que pudiera haber visto
antes, los jocotes de mi casa eran de tamaño llamémosle normal, el de
donde las Sánchez eran del tamaño de una guayaba, gigantescos.
Imposible no distinguir eses color rojo sobre el fondo negro que le
chineaba, imposible ... era tan grande que creo que no podía entrar a
mi boca de joven en desarrollo, si así era de grande más grande ha de
ser su sabor, su textura, - ¡Ve por él!- escuchaba salir de mi estomago.
Casi a silencio me aparté poco a poco de mis hermanas, como cazador en
corto movimiento me les fui alejando, al impulso que no sé de dónde me
salió; me abalancé hacia el jocote, mi cara llena de alegría suspiraba
cada microsegundo en que más cerca estaba de él, ahora me imagino mis
movimientos de ese entonces en cámara lenta, de la misma forma que
corría El Hombre Nuclear el de los 6 millones de dollares. Suavemente
como tigre de bengala mi garra derecha se abría para asir perfectamente
la fruta, solo tres pasos me separaban del jocote, en cada movimiento
mi cintura iba con dirección hacia abajo, y mi mano derecha alargándose
cada vez mas para poder llegar antes que cualquier otra persona me
ganara (nadie venia detrás de mi), pero el egoísmo de hermano era más
fuerte que cualquier otra cosa. Dos pasos y mi pie derecho apenas tocó
el inicio del manto negro que cuidaba de mi jocote, mi cintura más
baja mis rodillas flexionando y mi mano ya solo a un pequeño paso de la
bendita fruta, la pared del escusado nuevo me hizo recordar muy tarde;
el lugar del anterior, al mismo tiempo que mi pie izquierdo estaba a
unos pocos centímetros del manto negro lo mismo que mi mano del jocote,
un fuerte olor a creolina y a gas penetró mi nariz, la pared no se
había movido. Era la construcción nueva, la vieja esa sólo cubierta por
un gran manto de creolina y diesel y gas y gasolina y alcohol y
, ya
muy tarde todo el peso de mi cuerpo penetró en la cama negra del suelo
de igual manera que yo corría en cámara lenta así se fue hundiendo mi
cuerpo en aquella masa espesa de mal olor y sabor, el jocote lo tenia
frente a mis ojos, no caso le hice, en un santiamén gire todo mi cuerpo
al lado izquierdo como tratando de esquivar un pelotazo, con esa
rapidez antes de hundirme totalmente logré tocar tierra firme, mis
hermanas sólo me observaban, con el susto en sus cara llamaron a mis
padres; éstos al verme, en sus ojos leía toda la desgracia que me había
pasado.
De la misma manera que entré de rápido así mismo salí, todo mi cuerpo
se lleno de todo, desde mis zapatos a mi camisa todo se inundó por
dentro y por fuera. Con una pequeña manguera una de las Sánchez me fue
mojando poco a poco de un lado del otro, con paciencia logro quitarme
lo más que pudo hasta poder ser agarrado y quitarme esa vestimenta que
hoy no recuerdo ni su color. La frescura del agua bañó mi cuerpo, al
quedarme sólo en calzoncillos las risas de mis hermanas me hicieron
recapacitar todo lo sucedido, una de ellas me mostró un jocote, grande,
rojo, hermoso y muy posiblemente jugoso y riquísimo. Me trajeron una
vestimenta de Rudy, el pantalón largo tuvieron que cortarlo para que me
quedar, la camisa fue de don Luís, grande como la salida de baño de mi
hermano, sin calcetines y sin zapato llegue a mi pueblo. Por la noche
ya todos mis amigos sabían de mi agraciada aventura, en son de bromas
se tapaban las narices, no me tocaban, se me apartaban, durante días
fueron bromeando conmigo.
En estos últimos años le digo a mi ahijada, siéntase orgullosa porque
usted es la única niña que tiene un padrino que por ir en búsqueda de
un jocote se fue al escusado y hoy le cuenta la historia.
Para aquella misma noche al llegar a la casa mis hermanas tendieron su
amor, me regalaron el jocote que causó mí desdicha de aquella tarde, el
placer de la aventura de hoy. Lo tomé con el mismo amor que ellas me lo
entregaron y sentados con mi papá y mi mamá los tres hermanos viendo la
tele disfrutamos del jocote seguido por unos nancites encurtidos que mi
mamá nos dio. Esa noche dormí feliz.
Octubre 22, 2007
3:27 p.m.
|
Imprimir |
Enviar historia |
Enviar a Facebook |


